A vueltas con Libia…

 

Intervenir militarmente en Libia tiene sus cosas. No olvidemos que Gadafi es uno de los piraos de las armas químicas y bacteriológicas de los años 8o y 90. Y aunque llevara tiempo fuera del “negocio” los expertos del tema tienen la constancia de que existen materiales susceptibles de crear problemas, y por ello hay comandos británicos y norteamericanos preparados para acudir a dónde indiquen los satélites… antes de emprender una iniciativa militar, aunque sea humanitaria.

Libia es la leche: un millón setecientos cincuenta mil kilómetros cuadrados y seis millones y medio de habitantes. 80.000 efectivos para sus fuerzas armadas y sólo en 2009 los socios de la UE le vendieron armas por importe de 343 millones de €. Los datos de 2010 han desaparecido del listado, aunque ha quedado la reseña de “sólo” 174 millones € en el mes de enero de 2011. A nombre de un país como Malta figura en el Report DAE ventas en 2010 por valor de 80 millones de € en fusiles de asalto, munición y pistolas. Malta carece de industria militar propia; ¿quién vende en nombre de la República de Malta?

El 25 de febrero último se pidió en la ONU el embargo de armas a Libia y algún país, Bélgica y España -por ejemplo-, reconoce que ha suspendido un envío de última hora… a partir de ese día.

Pero la cosa es más grave. Libia, a pesar de suscribir todos los tratados de “No proliferación de Armas de tal y cual tipo” se las ingenió para conseguirlas todas. China, Nigeria y Pakistán se aliaron con Libia en los años 70 para los primeros ensayos atómicos. Diferencias irreconciliables dieron al traste con la alianza; cada socio quería la tecnología y el producto para una causa distinta. Luego se aliaron con los soviéticos, que también desconfiaron. Terminaron, ante la negativa norteamericana de que jóvenes libios se doctoraron en universidades yankees en física nuclear, por aliarse con Bélgica y su consorcio Belgonucléaire. El sentido común canceló, a finales de los 90, todo el proceso. Hoy en día tienen un reactor soviético con fines de investigación universitaria, que los argentinos de INVAP se dedican a mantener, y otro, de tecnología francesa (Areva), que suministra desde diciembre de 2009 energía a una planta desalinizadora.

En cuanto a armas químicas y bacteriológicas, los complejos de Rabta y Tarhuma estaban operativos en los 80 con tecnología de industrias alemanas. Aún sabiendo que produjo agentes nerviosos y armas microbiológicas, como en 1995 recompuso las instalaciones y las orientó a la muy necesaria producción farmacéutica para África, se “perdonó” que no ratificara los protocolos de destrucción de esas armas hasta 2004. ¿Qué ha sido de ellas? La alemana OTRAG, que desarrolló vectores de lanzamiento, asegura que al descubrir de qué se trataba abortó la iniciativa en 1994, pero… No se sabe nada más. Hoy, aseguran los expertos, no tiene capacidad para hacerlas operativas, pero no hay garantías de su destrucción. Luego, implícitamente, se sabe que existen; al menos, existieron. Es que equipos conjuntos libio-anglo-norteamericanos trabajaron en la conversión de las instalaciones a uso farmacéutico y en la destrucción, en 2004, de los 3.500 proyectiles inventariados. No se destruyó el gas mostaza, por ser imposible hacerlo in situ, ni los elementos inocuos que combinados son capaces de configurar otras armas porque se consideró la incapacidad técnica para producir armas y la negativa de Gadafi a sacarlos del país. Y hoy todos se preguntan por qué se hizo la vista gorda.

Musolini, en 1929, ya utilizó gas mostaza contra la insurgencia libia y Gadafi se empeñó, primero con los bioquímicos nazis que jubiló el egipcio Nasser cuando los americanos se pusieron muy pesados y luego con científicos mercenarios de medio mundo, en tener un cumplido arsenal… cuyos restos buscan hoy los satélites por todo el desierto libio. A lo peor Gadafi no controla a quienes saben de esas armas potenciales.

El activista libio Ashraf al Qorra Boulli, el mismo que animó a los embajadores de su país por el mundo a abandonar la fidelidad a Gadafi, alertó de las mismas y de que aún existían. WorldWatch y otras organizaciones están alertas desde el 25 de febrero; saben de su existencia. Suda Bay, en Creta, está en activación y los satélites siguen peinando el desierto.

Por encima del petróleo tenemos otra putada en la otra orilla del Mediterráneo.

 

 

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