DE LOS LÍMITES DE LA TORTURA

Hemos comenzado mayo con lo de Osama/Obama y con la campaña electoral del 22M, con lo que urge sentar las bases y plantearnos los límites de la tortura. Faltaría más, ¿dónde están los Derechos Humanos?

Los yankees tienen lo que llaman “sujetos jurídicos enemigos” y para ellos la cosa es siempre válida. Otra cuestión es pretender entenderlos bajo la lupa de la vieja Europa o, más grave, bajo el microscopio del antiamericanismo peninsular. “Enemigo”, recuerden, es la expresión radical de la enemistad. Así pues, ¿no hay límites que valgan?

La tortura es tan antigua como las relaciones de poder y los seres humanos. En el antiguo Oriente era considerada como un medio para conseguir la benevolencia de la divinidad de turno y, de paso, expiar una culpa. Hasta el siglo XII fue vista como una práctica común. ¿Qué iba a pensar un prisionero que no fuera torturado? Era tan vulgar la práctica de la tortura que la Inquisición, en España, le dio forma y la encumbró como proceso de investigación.

En la vieja piel de toro siempre hemos sido más del martirio (que termina en muerte) que de la tortura (que puede): suplicio y tormento suenan más.

No fue hasta el XVII cuando empezó a pensarse que eso de torturar iba estando pasado de moda. Y luego llegó el Derecho Penal, y el Penitenciario, y fue cayendo en el ostracismo hasta la llegada de las grandes -y pequeñas- guerras del XX. Parecía que la universalización de los Derechos Humanos la había apartado de la circulación hasta que hemos sabido de las “aguadillas” guantanameras y… de la campaña electoral.

Aunque a más de uno/a le parezca una boutade (intervención pretendidamente ingeniosa, destinada por lo común a impresionar, RAE dixit) la tortura está en las calles desde la medianoche del jueves pasado. Nos vemos sometidos a la machacona publicidad electoral sin merecernos la afrenta. Y con ella, pregunto: ¿pretenden que expiemos culpas, cuando deben ser ellos, los políticos -que son los que nos han llevado a esta situación-  los que deben expiarlas?, ¿nos tratan como a los delincuentes medievales en la picota de la vía pública?, ¿nos investigan legalmente viendo nuestro comportamiento ante la cartelería y la publicidad? No es que nos priven de nuestra libertad, pero actúan como un frente de control social en farolas, vallas, escaparates, ondas hercianas y TDT. ¿Nos merecemos esta tortura?

Planteo que, ya que les conocemos, con un par de actos -despedida y cierre, no más- vamos servidos. Ya iremos el22 a votar, pero hasta entonces, ¡déjennos en paz! Eso es tortura psicológica.

Por ello, insisto: ¿Dónde están los límites de la tortura? Y menos mal que la crisis yla Ley Electoral han bajado el listón económico del sarao.

¿A ver cuando los ciudadanos instauramos en nuestro fuero interno la figura del “político sujeto jurídico enemigo”? Ello nos dará carta blanca, sin seguidismo. Y en cuanto el edil se gane de verdad el puesto, le podemos apear el tratamiento de “político” y devolverle la condición de “ciudadano” en el Consitorio.

A nivel provincial, la abstención de las Locales supera el 30%; 33’1% en 2007… y no estaba la cosa tan embarrada, ni la cuestión tan endeudada. ¿Qué nos van a prometer si no hay parné? El PP ha pasado, en cuestión de votos a concejales, del 5’3% al 46’5%, en una progresión neta desde 1995; el PSPV se mantiene en los niveles del 79: 36’0%. En 2007 se hicieron con el 35’4%, aunque en el 83 batieron el récord con el 53’4%… y han ido bajando. Esquerra Unida, la “tercera” fuerza, comenzó en el 79 la historia en el 14’2% y terminó en 2007 con un 5’9%.

Y como no hay más cera que la que arde, ¿no podemos evitarnos la tortura esta de la campaña electoral?

A mí me duele más que el salario real de los españoles sólo ha conseguido aumentar en 8 euros reales y anuales desde el año 2000. Y es que entre 2000 y 2010 el IPC engulló el 85% el incremento salarial, Si nominalmente hemos ganado del orden de los 540 € más en ese periodo, quitando la inflación sólo hemos conseguido 82 €, ¿duro, verdad? Y es más, la Sanidad ha llegado a un fin de época. De eso, ¿quién nos va a hablar? ¿Excede de lo municipal?, vale; pero llega a lo autonómico y eso también se puede votar.

Pero de eso,  ¿quién nos va a hablar? Mientras tanto asistimos al circo de la tortura electoral: que si el abuelo, que si heredé el cortijo en mal estado…


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