ADIOS CARDIFF, ADIOS

[En el aeropuerto de Bristol, esperando la hora de embarque para volver a la Terreta]

No apostaba un duro por una experiencia Erasmus en Cardiff; vaya elección, me dije. Había “mejores”; “mucho mejores” en el Reino Unido de la Gran Bretaña. ¿Cardiff?; ¿por qué? Bueno, ya venía de un Pescara, ¿por qué?; habiendo tantas otras buenísimas universidades en Italia. Ellas son así. Ahora, a toro pasado, recomiendo la Pescara de los Abruzzos y el Cardiff de Gales; la Universidad Gabrielle d’Anuncio y la Universidad de Cardiff.

Cardiff ha resultado una experiencia positiva a todos los niveles, con el añadido de la hiper-mega-tremanda amabilidad de sus gentes, y que no hay sustancial diferencia económica con Benidorm-Alicante; incluso la mejora y va a más en ciertos estándares de calidad.

Estamos finalizando la “Operación repatriación”: un maletón con ropa y otras varias con gilipolleces que se han ido acumulando durante el curso: llevamos desde una bandera de Gales, con su rojo dragón, a peluches (incluido el dragón rojo), pasando por mil y una tonterías del Poundland que, me juran, son imposibles en España: desde una rara correa para Putoperro” a unos “brillitos” para las amigas.

Hoy, las casitas de estudiantes están como “de puertas abiertas”. Todo es un ir y venir de trastos, de llevar bártulos al coche, de meter en cajas y maletas, de tirar lo más insospechado. Es una competición de aspiradoras, mochos y fregonas. Todo abierto, esperando “la inspección” de las agencias en medio de un batiburrillo de idiomas mientras unos y otros se comentan la “repatrición”: en avión desde aquí o allá; en tren hasta tal sitio; vienen a por mí; cojo un autobús. Y muchas lágrimas de despedida. Y siempre: en el puente de tal vengo a veros; ¿a ver cuando te vienes?. Es que hay mucho galés (e inglés) junto a los Erasmus.

La lista de lugares a visitar es inmensa: Bath, Swansea, Edimburgo, Londres, Honfleur, Deauville, Brest… Adiós Cardiff, adiós.

Han sido diez experiencias viajeras de fin de semana (y fiestas de guardar) nuestras para conocer Cardiff y el sur de Gales en profundidad. Experiencia fascinante, a recomendar. Desde Alicante y Valencia, a Bristol, con Ryanair y EasyJet; desde Alicante a Cardiff, directo, con Bmybabe (menos en invierno). Antros, castillos y poblets encantadores. Se come de cine, se bebe mejor, hay festorros continuos y mucho que ver. Los trenes son puntuales y te conectan con casi todo; hay autobuses a todas partes y la gente, insisto, es de una amabilidad desconcertante… para los tiempos que corren.

La despedida ha sido heavy total: domingo soleado y caluroso de verano con escapada a Barry Island a ver como se tuestan al sol -y se bañan en el mar- y barbacoa en el cuidado césped de Roath Park. Jó, que empacho galés; pero se soluciona con un buen vaso de Penderyn. Es que las cervezas… “me las he hecho todas”; en las sidras no entro.

Comencé la serie de visitas en julio pasado con la Aventura Penderyn (hasta descubrir la destilería) y la termino con una adicción del 9’77 (sobre 10’00)… por lo menos. Lo bueno hay que destacarlo. Cierro la serie desde el aeropuertos de Bristol, volviendo a la Terreta, en esta madrugada donde la última imagen de Cardiff es el Faro de Scott en homenaje al hombre que alcanzó el Polo Sur el 17 de enero de 1912.

Este faro no tiene luz, pero seguro que guía mi vuelta a Cardiff en nada. Tiempo al tiempo: Cardiff, merece la pena.

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