DE LAS COSAS DE MÓNACO… Y QUE SI EL REY. SI NO HA IDO, POR ALGO SERÁ

Los hay por aquí cariacontecidos porque SM El Rey ni ha acudido ni ha delegado en lo de la boda de Alberto II. Pues no les vi de tal guisa cuando tampoco fue, ni envió representación, a la entronización del XXXI Grimaldi un 19 de noviembre de 2005.

He tirado de hemeroteca y nadie se lo tomó tan mal.

De informes de Exteriores he sabido que sólo Francia e Italia mantienen embajador en tan chiquitito Estado, y desde hace nada. Eso sí, Mónaco tuvo Embajada en España desde 1876 a 1936, y ahora la tiene desde 1996. Nosotros tenemos un cónsul honorario, en el Boulevard dels Moulins, y es el Consulado en Niza el que nos representa en aquellas 200 hectáreas, no más.

SM El Rey sí fue al funeral de Estado de Rainiero III, y ha sido anfitrión del Alberto II, y de su hermana Carolina (como Princesa Hannover -que conste, please-), en sendos actos de la Expo de Zaragoza (25.06.2008) e inauguraciones en San Sebastián y Cantabria, en homenaje al interés de su bisabuelo, Rainiero I de Mónaco, por estas provincias de España (que si La Concha y el Casino, que si las Cuevas de Altamira, que si la temporada de Baños de Mar).

Las cosas de 2005 llegaron a consecuencia de las afrentas del ayer desposado, en su calidad de miembro del COI, no sólo con la preguntita de la ETA sino con el apoyo personal que le dio a la inclusión de Gibraltar como miembro del COI. Bernardino León, hoy Enviado de la UE para el Mediterráneo y entonces en Exteriores, trasladó la queja oficial de España, tránsito de embajadores por medio (vino hasta el de España en Francia), y Alberto II concedió una entrevista a una televisión gabacha donde se mostró “desolado” por interpretación dada por sus “amigos españoles” a su cometido en el seno del COI. Pero ni pidió perdón ni “.

Pero de otro líos que debe haber, no he conseguido averiguar en los informes de Exteriores colgados en la Red nada. Eso sí, en 2007 el ministro Moratinos ya tuvo que ir a plantear cuestiones al Principado… y se volvió con las mismas. Pero no dice cuales.

No sé la razón última de esta vez, pero es que me importa un denostado pepino que SM, o alguien de la Casa del Rey, vaya, o no, a un sarao de este tipo. ¡¡Qué pocos problemas tenemos cuando llenamos horas con una gilipollez del calibre 33!!

Mónaco es sólo un Estado independiente sobre el papel. Mónaco es Francia; de ahí que el evocador de La Grandeur, Napoleón Sarkozy… digo, Nicolás Sarkozy (la letra N me traiciona en el subconsciente) fuera el principal invitado ayer. Las fórmulas de relación con Francia han ido desde “amistad protectora” a la “comunidad de destinos”… Y ya me contarán. En el último tratado hay cosas como  “la República Francesa asegura al Principado de Mónaco la defensa de su independencia y de su soberanía y garantiza la integridad del territorio monegasco en las mismas condiciones que el suyo“. Por su lado, el Principado “se compromete a que las acciones que lleva adelante en el ejercicio de su soberanía sean concordes con los intereses fundamentales de la República Francesa en los planos político, económico, de seguridad y de defensa“. Pues ya me contarán.

Lo único que ha conseguido el equipo negociador de Alberto II es que si se acaban los Grimaldis por línea directa, Francia no se apropie de la “finca” como hizo en 1854 con alguna parcelitas. ¡Que el Principado en el XIX era más grande!

Entonces, lo de ¿por qué no hay ido SM El Rey?

Pues vaya Ud. a saber. Me importa una higa.

La última -y única- vez que vi a un Grimaldi fue en 1985. Rainiero estaba en la cubierta de su yate, remontando el Guadiana, desde Ayamonte hasta el puerto de La Laja; y desde ahí marchaba a una cacería.

Una patrullera de la Guardia Civil, y otra de la Armada, escoltaron su subida. La de la Armada regresó a su base de Ayamonte, y yo con ellos. Gracias a esa singladura fluvial descubrí la existencia de ese “puerto” para carga de mineral muchos kilómetros río arriba, de cuando España fue primer productor mundial de manganeso.

Una semana después, bajó el barco rumbo a los esteros y a la Punta del Moral… y al Atlántico, pero el gallardete de los Grimaldi no lo enarbolaba ya. Rainiero volvió por otros medios.

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