DEL TURISMO DE CALIDAD

 

Llevo muchos años asistiendo al debate circense de lo que significa el concepto de “Turismo de Calidad”. Después de oír las más fantásticas definiciones, por ende chorradas, estoy de acuerdo en eso de que “Turismo de calidad es el que nos viene. Y punto”. Es de imbéciles calificar, y hasta denostar, a los que eligen un destino turístico, el nuestro, frente a las demás opciones existentes.

Como mínimo, por elemental sentido común -e incluso cuestión de dignidad propia y ajena-, no podemos señalar que hay otro destino mejor. Pero es que debemos tender a que eso sea una realidad. La prueba del algodón debe pender sobre nuestras cabezas a fin de que no nos desviemos ni por un instante del objetivo de ser líderes en turismo. El concepto de calidad lo dirigimos, y lo dirigen nuestros visitantes, hacia a un mejor producto. Nuestra obligación es que el nuestro sea el mejor y más cojonudo de los destino.

Playa de Levante, Benidorm 1974. Foto Quico

A finales de los 70, el cuarteto Gaviria, Iribas, Sabbah y Sanz ya pontificaron al respecto del turismo de calidad para cerrar la cuestión. Y parece que dejaron la puerta entreabierta, a pesar de que centraron la cuestión en que el tema encerraba una trampa ideológica… pero como hay más tontos que colores, pues… la “calidad” del turismo la debemos poner nosotros para que los consumidores nos elijan.

Ellos, Gaviria & Co., plantean la incardinación en el concepto la cuestión de la Sociedad de la Abundancia, una utopía parta entonces y para hoy. Ya para entonces (Benidorm, ciudad nueva vio la luz en 1977) señalaban que el aumento del costo de la energía (tras dos crisis petroleras) había colocado el concepto a los pies de los caballos.

Y, atención, en la década de los 70 turismo de calidad era el que optaba por hoteles de 4 y 5 estrellas. Por ello los autores ya proponían para turismo de calidad a aquél que opte por los destinos que sepan, con habilidad, gestionar la nueva penuria.

Ese concepto, la nueva penuria, vuelve a estar de moda. Y lo que nos queda.

El cuarteto aludido puso ya entonces, en bandeja, la plasmación del nuevo escenario: supresión de gastos fastuosos inútiles a cambio de poder disfrutar de más tiempo de vacaciones. Entonces, desde los años sesenta, el turismo “de calidad”, principalmente el europeo, sólo entendía del consumo creciente.

La cuestión era entonces, y es ahora con la que está cayendo, consumir menos más tiempo.

La gran baza del turismo de calidad, decían, será el consumo y disfrute de espacios plácidos. Y el turismo joven de entonces, optó por Benidorm y creamos la realidad de que “todo es posible en Benidorm”: seguro de sol, ocio, relax, diversión… ¡¡el Ocio más Divertido!!

El mayor lujo hacia el futuro, pontificaban los sociólogos de cabecera de esta ciudad en 1977, será poder administrar un tiempo libre escaso de bienes pero en un espacio de calidad. La calidad del turismo deberá venir de la mejora de los centros turísticos existentes.

Aquí llevamos décadas definiendo el modelo de ciudad, pero la cuestión, y por ende la solución el problema, está impresa en la página 747 (tomo II) de ese genial manual que, a pesar del tiempo, cada día me enseña algo nuevo: La calidad del turismo deberá venir de la mejora de los centros turísticos existentes.

¿A qué esperamos?

 

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