DE LAS ANTÍPODAS

 

Hoy, cerveza de  mediodía ha derivado al tema de las antípodas. Nunca me hubiera imaginado hablando de las antípodas mientras le dábamos a la imprescindible y ociosa cervezita sabatina; más que nada porque apenas hay países que al otro lado del globo tengan una correspondencia sólida. Casi todos tienen el agua oceánica en las antípodas: los océanos ocupan el 70% del planeta.

España, como al menos a mí me enseñaron en el colegio en su día (y veo que no a todos los cervezófilos del grupo), tiene en las antípodas a Nueva Zelanda. Pero no toda España (504.645 km2) coincide con Nueva Zelanda (268.680 km2); vamos, que Benidorm tiene al Pacífico en las antípodas, pero Los Molinicos, El Pardal o Puerto del Pino, en Albacete, ya tienen tierra firme por debajo, Whatatutu, que encima es un parque natural protegido

Antípodas, en latín, significa “el que tiene los pies al revés” en referencia a la ancestral idea, heredada del Mundo Clásico greco-latino, de que la gente, al sur del Ecuador -si nosotros siempre estábamos erguidos y de pie-, tendrían los pies en la cabeza. Luego, con el tiempo se vio que no.

No sé qué pensarían los maoríes, que los tenemos diametralmente opuestos, a este respeto de sus antípodas, que somos nosotros. Seguro que los de Auckland no se imaginaban por los alrededores de Sevilla, ni los hispalenses en un vasto territorio frente al mar de Tasmania.

Lo que sí sé es que cuando la peli “El síndrome de China” (1978) yo dije que no. Bueno, fue mi padre el que dijo que no y se puso a investigar qué era eso del “síndrome de China” (hipótesis extrema de la fusión de un reactor nuclear). Y sus notas me acompañan. Los científicos W.K Ergen (1967) y Ralph Lapp (1971) ya cuestionaron la seguridad de las centrales nucleares USA en caso de grave accidente y fundición del núcleo, y lanzaron la hipótesis de que el material fundido atravesaría el planeta -de lado a lado- aflorando por la parte opuesta, con el consiguiente desaguisado. Pero en la parte opuesta de los EEUU sólo hay masa oceánica. Chile y Argentina sí que son antípodas de China.

 

Al poco de estrenarse la peli apolcalíptico-nuclear antes citada se produjo el accidente de la Isla de las Tres Millas, en Harrisbourg (Pensilvania) y… con el miedo en el cuerpo ya todo quisque “tiene claro” que China está en las antípodas de los EEUU. Nada más incierto.

Si quiere practicar con lo de las antípodas, en este enlace tendrá la oportunidad de comprobar que casi todo-todito-todo es mar en cuestión de antípodas. Sólo hay relación parcial en España con Nueva Zelanda, en norte de Canadá y Groenlandia con la Antártida, parte de Colombia con Indonesia, casi toda Argentina y Chile con parte de China, algunas partes de las Islas Havaii con el delta del Okawango en Bostwana, las Islas Fidji con las inmediaciones de Tombuctú, la capital de Mali, Perú con Vietnam, las Islas Filipinas con la Alta Amazonía brasileña, Sumatra con Colombia y Borneo con Venezuela.

El resto, sólo tiene océano al otro lado.

 

 

 

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