REQUIEM POR NUESTRA AGRICULTURA

Cuando en 1969 la UE y Marruecos comenzaron negociaciones, se nos colocó una afilada espada de Damocles sobre nuestras cabezas de agricultura Mediterránea. En 1976 ya alcanzaron un hito, que iban a mejorar en 1986. Pero España y Portugal entramos en Olimpo europeo ese año y le jorobamos sus planes. No se amilanaron; no cesaron de medrar y en 1988 ya tenían un nuevo convenio, que ampliaron en 1994. Sólo dos años después (1996) se suscribía el Acuerdo Euro-Mediterráneo entre la UE y Marruecos, que fue ratificado en el año 2000, y que establecía, tras la ratificación, un periodo transitorio de 12 años. Pues bien, estamos en 2012… y la espada ha caído esta mañana, 16 de febrero, sobre nuestras cabezas.

A algún capullo centroeuropeo, de esos de la leche y las forrajeras, deberemos agradecerle tamaña felonía.

Desde el primer día, el Acuerdo ha sido reiteradamente incumplido por Marruecos y Marruecos ha hecho lo que le ha dado la gana con el Acuerdo: se le permiten cuestiones como ausencia de control fitosanitario y de trazabilidad, por no entrar en salarios de 5 € la peoná de 10 horas, sin nada social que alegar, contra lo que es imposible competir más que en calidad. ¿Pero quién puede ahora pagar calidad?

Los productores españoles recurrirán el acuerdo ante el Tribunal de Justicia de la UE. Pues nada, recurran ustedes, que el mal ya está hecho.

El valor de las producción agrícola española en 2011 (13.600 millones de €) ha caído un 11% con respecto a la de 2010 (15.200 millones de €), y el ya de por sí hipotecado futuro de 250.000 explotaciones hortofrutícolas españolas, que pueden emplear a unos 450.000 trabajadores y generar unos 8.500 millones de €, está hoy absolutamente abocado al desastre.

El convenio aprobado hoy jueves, 16 de febrero, supone la liberalización de las producciones de la huerta marroquí y un aumento en las cuotas de entrada de sus productos en detrimento de nuestro tomate, calabacín, pepino, ajo, fresa y clementinas que entran en los circuitos europeos y se venden a precios inferiores a los declarados, como ya nos tienen acostumbrados. Y para colmo, miles de euros de la UE para semillas y variedades selectas.

Vaya puñalá trapera.

Vale que hay que ayudar al prójimo, pero NO a costa nuestros sufridos agricultores a los que la PAC y sus normativas imponen unas condiciones que Marruecos no tiene y que, además, nunca cumplirá. Así es imposible competir.

Marruecos, desde su independencia y ante los reiterados fracasos de sus planes quinquenales de industrialización, optó por un desarrollo agrario potenciando las estructuras de los “notables rurales” que así apuntalaban la figura del Rey; en 1961 se suprimió el impopular tertib, impuesto rural, a instancias del Banco Mundial, y se imitó la política de Franco -¡¡pantanos!!- sin que a Hasan II, que se sepa, le llamara Hasan “el rana”.  Buenos son allí. Como aquí, querían poner en regadío un millón de hectáreas para el año 2000, pero ellos, además, con una planificación de cultivos. A día de hoy cuentan con 90 presas y una capacidad de más de catorce mil millones de m3 que les permite irrigar más de un millón de hectáreas (objetivo cumplido), el 12% de la superficie agraria útil.  Y además, tienen en vigor un Plan de Presas hasta el año 2030 para poner más superficie en cultivo, y… como llevan creciendo doce años al margen de crisis, pues ya me contarán.

En las zonas irrigadas se localizan las grandes explotaciones, modernas y muy bien equipadas, con clara vocación exportadora, de donde salen el 80% de los cítricos y el 35% de los tomates y hortalizas frescas.

Y, además, desde 1984 se exonera a las rentas agrícolas de cualquier tipo de tributo, hasta 2020, y prácticamente exentos del IVA. Los productos destinados al mercado exterior están libres de todo tipo de impuestos. (Najib Akesbi, Instituto Agronómico y Veterinario Hasan II, Rabat).

La OCE, Oficina de Comercialización y Exportación, a modo de Oficina Siniestra, controló todo, hasta 1985, y se dedicó a hacernos la puñeta. Sus sucesoras, la SODEA (Sociedad de Desarrollo Agrícola) y la SOGETA (Sociedad de Gestión de las Tierras Agrícolas), son ahora un holding de empresas privadas, con regio epicentro, que tienen la misma meta: vender en Europa al precio que sea, pues se lo lleva crudo.

Y el problema es que estamos en su camino natural para entrar en Europa (que comienza, como hoy se ha visto, más allá de los Pirineos),  y aquí nadie está dispuesto a emprender otra Cruzada (Inocencio III así la bendijo y vinieron -dicen que, hasta 30.000- cruzados ultramontanos, que así se llamó a los gabachos y teutones que se sumaron), como la que terminó con la victoria en las Navas de Tolosa… va a hacer ahora, en julio, otro día 16, 800 años.

Hoy, 16 de febrero, los eurodiputados ultramontanos han entonado el réquiem por nuestra agricultura. Esto ya no es lo que era

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