DE WUNDERLAND KALKAR

Regresaba de Alicante el viernes a eso de las 15’30 h., contra el reloj -como siempre-, con ganas de llegar y con una apretada agenda para el fin de semana, cuando oí en la radio (Ràdio Nou, en esta ocasión) las palabras de un conferenciante que esa misma tarde iba a hablar, en un poblet de la Marina Alta, de las maldades de la energía nuclear. Argüía la buena fe de la gente del común ante el desconocimiento de lo que es la energía nuclear y sacaba a colación algún accidente pavoroso, pero no aparecía en su argumentario no decía nada del singular mundo de Homer Simpsom, ni de Wunderland Kalkar.

Y me dije: a este hombre le falta la cita alemana de Kalkar por lo que se ha hecho con una instalación inicialmente prevista para almacenar un reactor nuclear SRN-200.

Wunderland Kalkar, está en Kalkar, a la vera de Rhin, en la parte occidental del land de Renania del Norte-Westfalia, y se presenta como un excepcional centro todo en uno con hotel, salas de congresos y oferta de ocio, además de restaurantes, bares y unas fiestas temáticas fabulosas. El parque familiar Kernie es uno de los principales atractivos de Wunderland Kalkar que dispone de más de 40 atracciones.

Donde ahora está el parque comenzó a construirse en 1972 toda la infraestructura de una central nuclear, pero camino de su conclusión se produjo el accidente de la Isla de las 3 Millas (Harrisbourg, Pensilvania, USA) y los promotores se quedaron un poco fríos. No onstante, siguieron adelante con la planta, pero el accidente de Chernóbil (Ucrania, exURRS) en 1986 colmó el vaso y en 1991 desmantelaron la planta dando por perdidos los 4.000 millones de euros invertidos hasta entonces y certificándola como libre de radiación.

Y así se quedó Kalkar hasta que en 1995 el empresario holandés Hennie van der Most compró los terrenos y las instalaciones por 2’5 millones de € y puso en marcha un parque que hoy en día recibe 600.000 visitantes año -con una plantilla de 550 personas en temporada alta- y ha devuelto la iniciativa, y la alegría, a la zona. La amplia torre de refrigeración es emblema de la instalación y alberga una de las atracciones; otras prácticas lúdido deportivas se dan en el exterior de la misma y ya no son los de Greenpeace los que las escalan y nadie despliega nada desde la cima. El edificio del reactor y las turbinas tiene otras funciones de ocio y todo el recinto da forma a un atractivo parque que ha resuelto la papeleta.

Desde luego, una gran idea.

 

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Comentarios

  • José Maria  On 26 febrero, 2012 at 18:20

    Menos mal que Terra Mítica ha pasado a la esfera privada, si no para hacerla rentable trendría que haber realizado el camino inverso a Kalkar osease convertirse en central nuclear. No hay mal que por bien no venga.

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