DE LA TREMENDA IMPORTANCIA DE LA KÖLSCHKRANZ

 

Observo (en la foto) que sólo una persona se sobrecogió, y muchos nos quedamos patidifusos, ante la imagen de un camata de la ciudad de Demmin volcando una bandeja con cinco heladas copas de cerveza sobre la gélida espalda de la ya de por sí glacial canciller alemana Ángela Dorotea Merkel, nacida Kasner. Ella, obviamente, ni se inmutó. El frío no existe; lo que se nota es la ausencia de calor (termodinámica dixit).

Esto no habría ocurrido de haber utilizado una Kölschkranz, la bandeja circular, horadada, para los vasos de excelente kölsh, que cuenta con una manija central para su transporte. Una genialidad colonesa, oiga.

Claro, que la teutona estaba en Macklemburgo-Pomerania y no en el land de Renania del Norte-Westfalia, que es donde se ubica la ciudad de Colonia (Köln) donde, por una de esas extrañas y maravillosas cosas de la vida su variedad dialectal se llama kölsh y su cerveza se llama, también, kölsh. Y hay momentos en que ambas kölsh se funden en un todo etílico maravilloso. A fe que es verdad.

Yo detestaba el vaso de tubo para la cerveza hasta que llegué a Köln. Allí es que la kölsh, que es la cerveza auténtica y originaria de Köln, se sirve en Köln-Stange que no es más que un fino vaso de tubo, enrasado en 200 mililitros, y que se acaba en nada y menos. La kölsh es fantástica. No hay ni que ir a pedirla. Los köbes, que son los camatas de las brauhaus y cervecerías colonesas, van deambulado con sus kölschkraz por el lugar y en cuanto te ven de vacío o con el vaso tiritando, te le cambian por uno lleno y le echan un rallajo al posavasos. Esto se repetirá tantas veces como tú admitas; hasta que pongas el posavasos sobre el kölsh-stange y ya pasan a contar los rallajos y cobrarte. Hay cositas con las que acompañar la excelente kölsh: desde el codillo al himmel und herde (patatas, hígado, cebollas y puré de manzanas), pasando por el nen halve hahm (un buen trozo de gouda añejo, pan de centeno, mantequilla y mostaza picante). Vamos, subir al séptimo cielo en alas de una buena remesita de kölsh.

En fin, que me declaro enamorado de Colonia y de sitios como el Früh (Früh at Dom, que hay varios), o Peters Brauhaus (bajando al Rin), alternando sus kölsh con las de Sion y Mühlenklösh… y así disfrutando de casi todos los registros extremos de las kölsh.

Y hablando de registros extremos. Acabo de hacerle llegar a mi cervezófilo amigo Miguel Alberto Martínez Monge, reputado orgasmólogo, una dirección web de cervezas que quita el sentío (pero sólo para acólitos). Y, le añado una más: Dogfish Head, una renombrada microcervecería de Rehoboth Beach (Delaware, USA), que ha atendido las locuras del arqueólogo biomelocular Patrick McGovern y ha recuperado cuatro cervezas de órdago: una china, de unos 7.000 años antes de Cristo, una turca (obtenida en la tumba del rey Midas, rey de la Frigia por el siglo 8 antes de Cristo), una maya/azteca con chocolate aromatizante, sobre vestigios localizados en Honduras, y otra iraní de los montes Zagros, sin precisar más, por si los ayatollhás.

McGovern, lo que hace es, usando química molecular, investiga el contenido de las vasijas de los yacimientos arqueológicos y así llega a detectar la presencia de vestigios de fermentación alcohólica de cereal y, a partir de ahí, trabaja hasta dar con las fórmulas a través de las trazas. La cerveza, recordemos (toque académico) es bebida fermentada hecha de grano de cereal a la que solían añadirle cosas. Las cervezas antiguas eran bastas, sólidas y contundentes: calmaban la sed, saciaban el hambre, mejoraban la salud y “lubricaban”, por su grado de alcohol, las relaciones sociales. La cerveza era, y es, la repanocha.

La recreada cerveza china (Jiahu), la elaborada a partir de los vestigios arqueológicos del yacimiento de Jiahu, ganó, dice BBC Mundo, un concurso de cata a ciegas en Denver (Great American Beer Festival, en octubre; faltaría más)… y nadie sabía que la fórmula tenía 9.000 años de antigüedad (arroz, miel, uvas silvestres y frutos de espino chino [crataegus pinnatifida])”.

No consta que en Denver (USA) usen la Kölschkranz; peor para ellos. Puede pasarles lo que al camata de Demmin y resultar que la víctima no esté en campaña electoral, y se líe. Digo yo. Ah, por cierto, las hay de varios tamaños…

 

 

 

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