DE EGRESADAS

 

Dos, ya tengo dos egresadas. Y ahora van máster viene, máster va. Dos.

Y cómo han cambiado los discursos en sólo tres años. Y cómo cambian las cosas. La de Alicante (fundada en 1979, aunque había comenzado a funcionar en 1968) tuvo rango solemne: birretes y togas. A las becas se las llamó por su nombre: becas. La de Valencia (fundada en 1499, aunque sus inicios son de 1412… no se les cae de la boca lo del Estudi General) tuvo dosis de inconformismo y reivindicación: humor y un discurso final fuera de lugar. A las becas se les llamó por su mal nombre: bandas.

Como siempre, las niñas en plan princesa, otras de Nochevieja y alguna vestida por su principal enemigo; por lo general bien. Los niños, como siempre, destrozando corbatas y sin saber qué hacer con la chaqueta. Algún inconformismo, por ambos bandos, que no acudió a aparecer en chándal porque les pudo más la vergüenza torera, pero en mallas y zapatillas. Madres emocionadas y padres fotógrafos. En Valencia, un recuerdo a los abuelos; ¿tal vez por la ancianidad de la Universitat-Estudi General?

Con tres años de diferencia, que son muchos en este tiempo, y salvando la distancia de ciencias a letras, en una se vio que desde las matemáticas se puede hacer literatura y humor, impartiendo ciencia, y en la otra se ha visto que desde las letras se puede hacer lo mismo, impartiendo conocimiento y sabiduría.

Y claro, si el rector de Alicante hace cuatro días, con elegancia, espetó a la Generalitat, en la persona de su Presidente, un “Si crees que la educación es cara, prueba la ignorancia”, dando dos de cal y una de arena, con elogio final, en Valencia no se quiso ser menos y se lanzó un panegírico en defensa de la Universidad pública ante quienes ya se iban de ella por haber terminado… y habían elegido la pública; mear fuera del tiesto.

No deslució al final, aunque dejó un mal sabor de boca. Pero vamos, poca cosa. Con la leche de chufas del Daniel, en Alboraya, se arregló la cosa. Y es que ya saben, si lo que ahora llaman “horchata” es a base de chufa, ¿cómo llamar a la hordeata, que es de hordeun, cebada’, ¿agua de cebada?. Pues no, horchata; que pa chulos, nosotros. Y lo del Daniel y todo eso blanquinoso que se vende como horchata es leche de chufas, granizada, líquida o mixta. Que ya está bien. Reivindiquemos una buena horchata que no sea de enfriar azúcar quemada con corteza de limón; trabajemos el hordeum, la cebada, como antes.

 

 

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