DE FAROS ANTIGUOS EN EL MEDITERRÁNEO (IV) – PROVINCIA DE ALICANTE

En 1829, la Guía de los Marinos y descripción de todos los Faros, de Philip J. Coulier, sólo adjudicaba a España nueve luces permanentes y ninguna en nuestras cotas alicantinas, aunque cita la utilidad para tales cometidos “otras menores” y referencia en nuestro litoral la “Torre Roja de San Roque” (Cabo Roig), la “Torre Vieja”, la Torre del Cap Cervera, la Torre de la Mata, la Torre Talayola (en el extremo del Cabo de Santa Pola), las torres del “Algibe”, “Calabazina” y “Aguamarga”, camino del puerto de Alicante, la “Torre de Alcora” en el Cabo de la Huerta, las torres de “Isleta”, “Agua” y “Charco”, la “Torre Guibon, al Este de Villajoyosa, en un bajio”, “la punta de Benidorm”, la Torre d’Escaleta”, Torre Bombarda, la “Torre del Cap Negrete”, la “Torre de Moreyra” (Moraira), la Granadella, la Torre del Cabo de San Antonioa 2 millas del Cabo de San Martín”, la “Torre de Agua-Dulce, en el bajío de Punta Sardo” y la Torre Almadrava. Ninguna de ellas fijas, y, atención, Coulier no cita las de los puertos de Alicante, Villajoyosa y Denia que parece ser, sin lugar a dudas, que existían. ¿Por qué?

Tal vez porque Coulier denuncia el “oscurecimiento de nuestras costas” y las naciones comerciales protestan, es por lo que en 1847 el gobierno de la Reina Isabel II ordenó hacer un estudio sobre los sistemas de faros en Francia e Inglaterra. “España estaba muy atrasada en proveer faros amplios y modernos para sus marinos”, se lee en el dictamen. En aquél año de 1847, sólo se contabilizaron “20 luces permanentes” en los puertos y costas de la España peninsular. La Reina entonces ordenó a su gobierno publicar un “Plan General para el Alumbrado Marítimo de las Costas de España“. El plan exigía el establecimiento de un Servicio de Faros formal a nivel nacional, y un incremento en el número de faros: de los 21 existentes, a 120, más la instalación de los equipos de faro más modernos, incluyendo más lentes Fresnel.

Esta modernización que España emprendió en 1847 es análoga a los cambios efectuados por la Junta de Faros Estadounidenses en 1852.

La Memoria sobre el estado de las Obras Públicas en España en 1856, editada con motivo del 150ª aniversario de la creación del Ministerio de Fomento (en 2001), en el capítulo quinto, dedicado a los faros, boyas y balizas, se hace mención de las sumas invertidas en la construcción, sostenimiento, conservación y mejora de los mismos que, en número de cincuenta y cuatro, se hallan repartidos en todos los distritos marítimos excepto en el de las Islas Canarias.

El desarrollo del sistema portuario peninsular fue tardío, especialmente en el Mediterráneo, debido fundamentalmente en la falta de soberanía sobre ese mar, y a la falta de refugios naturales en esta zona. Se suele achacar este retraso al monopolio de Cádiz para el comercio con América, pero creo que fue determinante la causa antes expuesta.

El primer intento serio de organizar un sistema portuario se produce en el último tercio del siglo XVIII, en época de la Ilustración.

Retrocediendo en el tiempo, la obra más antigua de la que se tiene referencia en utilidad de faro en nuestra provincia estaba en la Daniya islámica, hoy Dénia: la Torre de El Fortí[1] de las Atarazanas dianenses; del siglo XI. También en Dénia el rey Fernando de Aragón (Fernando II de Valencia) ordenaba en 1510 la construcción de la Torre del Raset. Entre ambas fechas situaríamos la luz del Puerto de Alicante.

Indudablemente, con fines no permanentes de ayuda a la navegación y con objetivos de vigilancia pirática, hemos de situar las torres de vigía de nuestra costa. Desde la Torre de la Horadada, en el límite con Murcia, hasta la dianense Torre de El Palmar, en Denia, la costa provincial contó con hasta treinta y siete torres de vigía. Todas ellas tuvieron un sólido origen romano aunque sus referencias lleguen con la sobreedificación que se realizara en la Baja Edad Media y en siglo XVI por las órdenes del rey Felipe II.

La costa alicantina tiene una longitud de más de cien millas, alternándose las costas bajas con las altas, especialmente en la mitad de su extensión longitudinal. El Cabo San Martín, en Jávea, divide la misma en dos senos; al norte, el golfo de Valencia, y al sur el viejo sinux ilicitanus. Legua a legua, las viejas torres jalonaban el litoral y mantenían sus cometidos, con sus turnos de descubierta y sus caminos de atajadores.

Desde El Mojón, esa pequeña pedanía a caballo entre Pilar de la Horadada (Alicante) y San Pedro del Pinatar (Murcia) donde se ubica el mojón que separa ambas provincias, hasta la desembocadura del Racons-Molinell, nuestro litoral está abierto a los vientos del 2º Cuadrante y segunda mitad del Primer Cuadrante, presentando buenas ensenadas de abrigo contra los demás vientos. Por ello, la importancia de balizarlos.

Los faros de la provincia de Alicante a partir de 1850 son: el Faro de la Isla de Tabarca (1850-54), el Faro del Cabo de San Antonio (1855, aunque se trasladó de emplazamiento en 1861), el Faro del Cabo de la Huerta (1856), el Faro del Cabo de Santa Pola (1858), el Faro de Villajoyosa (1859), el Faro de Torrevieja (1862), el Faro de Altea o de la Punta Albir (1863) y el más reciente Faro del Cabo de la Nao (1924) y de las enfilaciones de las instalaciones náuticas más modernas.


[1] Juan Ferrer Marzal, Construir la costa; pág. 121

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