DE LA EDAD DEL MUNDO

He dado con un escrito mío que vio la luz el 12 de julio de 1982: La Edad del Mundo. Y me ha gustado. Dice tal que así:

Tanto para judíos como cristiano, que son los que consideran inspirado el relato del Génesis, en tan sólo seis días Dios lo creó todo. Y el séptimo descansó. Lo que ocurrió después es sabido.

Pero siempre ha flotado en el ambiente la pregunta de ¿cuántos años tiene el mundo?

Materia tan delicada como ésta había sido dejada de lado por la Iglesia durante siglos. Bueno, la materia era tabú y se le aplicaba con toda la fuerza posible el concepto de herejía, y sus consecuencias de hereje y hoguera, al que hacía la pregunta.

Arzobispo James Ushher

Arzobispo James Ushher

Y así estaba la cosa hasta que un buen día del mes de diciembre del año 1650, muy cercano a la Navidad, James Ussher, arzobispo anglicano de Armag (condado de Irlanda en lo que hoy es Irlanda del Norte), en sus Annales Veteris Testamenti (Anales del Viejo Testamento, derivados de los primeros orígenes del Mundo) data, sin reparos, la fecha de la Creación del Mundo y comunica a la feligresía que entre aquél momento y aquél día habían transcurrido 4.004 años. Y punto pelota: colocó bajo excomunión a todos aquellos que no creyeran sus reflexiones, anunció el manifiesto de herejes para tales y, con ello, la consabida condena al fuego.

Dicen que en el Condado de Armag, la Huerta de Irlanda, aún creen a pie juntillas que, como preconizó el arzobispo en 1650, el mundo fue creado “al atardecer anterior del domingo 23 de octubre del año 4004 a.C. del calendario Juliano, cerca de equinoccio de Otoño”. ¿Más precisión?, sin duda la de un reloj atómico del de las últimas décadas del siglo XX.

Ussher, como Beda el Venerable (siglo VIII) o el francés Joseph Justus Scaliger (s. XVI; que coordinó las cronologías de todas las Historias conocidas en aquellos días) en la universidad holandesa de Leiden, había llegado a esa conclusión a partir, todos, de una muy sólida base hallada en 2ª Carta del Apóstol Pedro (a la Iglesia Primitiva), capítulo 3, versículo 8 en la que se dice que: “… para el señor un día es como mil años…”. Y, aplicando cálculo infinitesimal (por lo menos) llega y dice Ushher que si Dios creó el Mundo en 6 días (y el séptimo descansó) estábamos hablando de seis mil años atrás. ¡Bravo!

Ahora bien, Ussher aplicó factores de corrección para centrar la cosa. Como la Biblia contiene los datos de los descendientes de Adán y Eva, por línea directa, hasta el mismísimo Salomón (Biblia hebrea) le restó 1.400 años de nada de desfases.

Annales Veteris...

Annales Veteris…

Y a partir del año 4.600 empezó a efectuar correcciones cronológicas con los datos conocidos por entonces, que le dejaron la cosa por los 4.000 años. Y siguió afinando el arzobispo y metió en liza la corrección que se le había hecho ya a los cálculos de Dionisio el Exiguo (Dionisio el Enano, vamos; s. VI) en su Tabla de Pascuas sobre el Anno Dómini (año primero de la Era cristiana). Aunque en su tabla entra la columna nulla (nula), no empleó Dioniso el número 0 en sus cálculos… y eso entrañaba un cierto error. El número 0 no entraría en Europa hasta que el matemático Leonardo de PisaFibonacci” (hijo de Bonacci) lo introduce en el siglo XII como número zefhirum. Y ahí ya recupera Ushher de entre 4 y 7 años más. Apostó por 4 ya que Flavio Josefo (s. I) sitúa la muerte de Herodes en el año 4 a.C. y Jesús tuvo que nacer antes de que muriera Herodes… y con esos 4.004 años de antigüedad le sale la fecha del nacimiento de Cristo para que le cuadre la cosa y llegar a diciembre de 1650… en que publica su libro.

Entonces Ussher se puso como un loco a ponerle fechas a las cosas; y hasta al Diluvio Universal… que tuvo lugar, Ushher dice, en el año 2.348 a.C., y, de este modo, a otros muchos “acontecimientos” de aquél entonces. ¡Con un par!

Y así estuvo la cosa durante 89 años… hasta que en 1.739 el naturalista y matemático francés George Louis Leclerc de Buffon, cuando le nombraron Guardián de los Jardines Reales (Botánico jefe), dio una conferencia y dijo Ushher estaba en un error, porque la Tierra procedía de un choque accidental de astros y era mucho, pero que mucho, más antigua. Se montó “la de Dios”, que hoy diríamos. Y no sé por qué, porque eso ya lo habían dicho otros científicos de la época con menos revuelo… como Nicolás Steno (el padre de la Geología), hacia 1.670; o como John Ray (el fundador de la Botánica moderna), hacia 1.700; e incluso el sueco Enmanuel Swedenborg, hacia 1.720, cuando anunció su hipótesis sobre la formación nebulosa del Sistema Solar.

Eran ya tanto los que cuestionaban a Ushher que tras Leclerc tuvo que salir la Iglesia a la palestra… y crear en 1770 un Gabinete de Investigación Científica para la cuestión, al modo de la vieja Academia Nacional de los Linces (Papa Clemente VIII, 1603; disuelta al poco de la muerte de Galileo Galilei -ocurrida en 1642-). Y la cosa se diluyó… esperando la respuesta de la Iglesia, aunque el mundo científico fue a la suya.

Tanto, tanto, que hubo que crear la Pontificia Academia de las Ciencias (de los nuevos Linces), heredera del espíritu de la Academia de los Linces, que tomó el relevo en la investigación desde el momento de su creación en 1847 (para esto y otras muchas cosas más)… y como el resto del mundo científico estima ahora entre 4.640 y 4.400 millones de años la edad del Mundo.

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