DE LA SOSTENIBILIDAD DE LA CESTA DE LA COMPRA

Me ha sorprendido la noticia de El País “Un tesoro que se va a la basura” (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/04/actualidad/1388855561_420931.html) sobre la comida que desperdiciamos en España. “Las prisas, la falta de conocimientos de cocina y el desapego por los alimentos hacen que España sea el sexto país de la UE que más comida en buen estado desecha“. ¡Demoledor! Estando el parque como está, es imperdonable que salga a relucir una realidad como esta.

Tenemos que ponernos las pilas, leo, porque “España debe reducir a la mitad la cantidad de alimentos que terminan en la basura antes de 2025 por imperativo de la Unión Europea (UE)“. ¡Bien, coño, bien! Tres hip-hip-hurra por la UE; además de dormitar leyendo el periódico en las sesiones, o de salir de estampida cada viernes antes de que acaben las mismas, sirven para algo.

Leo, y esto ya lo he tratado en otros posts de este Blog,, que “según datos de la Comisión Europea, el 42% de las pérdidas y el desperdicio de alimentos se produce en los hogares, el 39% corresponde a las empresas de producción y el 14% a la restauración“. En fin, lo de parió la abuela: “el 42% de las pérdidas y el desperdicio de alimentos se produce en los hogares”. Esto se pasa de castaño oscuro.

Para mí, resulta alarmante saber que, con la que está cayendo, “España es el sexto país de la UE que más comida en buen estado tira, en total 7,7 millones de toneladas al año, según datos de la Comisión de 2010“. Por delante tenemos a Alemania (10,3 Tm), Holanda (9,4 Tm), Francia (9 Tm), Polonia (8,9 Tm) e Italia (8,8 Tm) como más puñeteros que nosotros en esto. Pero también tenemos a mano el ejemplo británico: el Reino Unido de la Gran Bretaña, que va por detrás de nosotros en este triste ránking con 7,2 millones de toneladas/año, ha conseguido reducir hasta en un 21% sus desechos en cinco años gracias a campañas de concienciación. Francia (7,1 Tm), que también nos lleva delantera, propuso en su día, por ejemplo, un “pacto nacional” de promociones en diferido (la tercera unidad te la llevas a casa otro día), o campañas como “la belleza está en el interior” que intenta que no se desechen verduras u hortalizas deformes. Esto lo veo yo crudo y picao en la vieja piel de toro: en España comemos por los ojos, y la pinta debe ser de para ser exhibida en El Prado. Si es para exhibición en museo vanguardista, la desechamos.

Si es que lo leo y no doy crédito: “En España, el desperdicio de alimentos por persona alcanza los 28 kilos al año, según un trabajo de la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (Hispacoop), avalado por el Instituto Nacional de Consumo“. Es para que nos lo hagamos ver.

Se nos llena la boca pidiendo crecimiento sostenible, turismo sostenible, todo sostenible… y se nos olvida lo del consumo sostenible.

Hispaccop, la del estudio que nos deja con el tafanario (culo, he escrito culo con cierta dignidad) expuesto a la vergüenza pública por la cantidad de comida desperdiciada, ha editado un recetario para cocinar “sobras” y tiene videos en youtube para ello (http://www.hispacoop.org/desperdicios/).

Luego está lo que hace años descubrí en el Reino Unido y que es lo primero que aprenden los estudiantes que por aquí se vienen: el paseíto vespertino tardío por el Tesco, el Saindsbury’s, el M&S, el que sea, en busca de las “reduced‘, cosas a precios reducidos, de consumo inmediato o inminente, que te garantiza la alimentación, te elude de la obligación de tener el frigorífico petao, y al establecimiento -y al país- le ayuda a no tener que entrar en el estudio europeo en puestos de cabeza. Así, la comercializadora no se ve forzada a tirar esos productos y -lo más importante- el consumidor ahorra en la cesta de la compra. Además, aquí se cocina en casa lo justitito (pa cumplir, vamos), hay muchísimo empaquetado en raciones concretas y hasta precocinado (mucho horno).

También en el Reino Unido han puesto en marcha campañas como la ‘Love Food, Hate Waste (Amo la comida, odio el desperdicio)’, muy apoyadas por los medios de comunicación -y bastante respaldadas por la sociedad británica- que han contribuido a que Gran Bretaña se reposicione en esa lista parduzca de despilfarradores alimentarios. Con campañas como estas y el respaldo de la sociedad, se consigue alertar al consumidor sobre el peligro de comprar “con los ojos” y, éste, se evita acabar llenando la nevera de productos prescindibles, o de adquirir paquetes más grandes, sencillamente, porque están de oferta.

Y, finalmente, una cuestión que me llama mucho la atención: Tesco, líder indiscutible en esto de los supermercados y la alimentación por aquí, ha decidido reducir, buscando suprimirlas, sus promociones multiptoducto que, si bien abaratan el producto, en muchos casos sólo sirven para sacar -ellos- producto y beneficio, y al consumidor sólo le reporta ampliar el volumen almacenado en el frigorífico, el aumento de la factura eléctrica y el incremento del peso de la bolsa de la basura… y a la sociedad un amento de los RSU. Barajan diversas medidas para aquilatar precios con sus políticas EDLP: “la compra para el hogar necesita alicientes e incentivos diarios (excitement)” y por ello mantiene sus políticas de ofertas apostando por un consumo más responsable.

Nosotros, que mañana nos vamos, haremos hoy festorro de despedida con vuelco de frigorífico: fiesta de retales (alcohol incluiding). Aquí no se tira nada, oiga.

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