DE CUANDO LA ESTULTICIA NOS IMPIDE CONTAR LA VERDAD

 

Es la primera vez que me encuentro en la prensa diaria con una noticia positiva sobre eso del CC. Leo en La Vanguardia que “El cambio climático mejoraría la productividad pesquera el 3’4% en 2050”. Largo me lo fían, pero no está tan lejos como esa otra noticia de la semana pasada sobre los 136 lugares Patrimonio de la Humanidad que en… cuatro mil años de nada quedarían bajo las aguas. Incluso es una noticia más agradable que desayunarse con esa otra que dice que “el calentamiento global provocará más crímenes sexuales” que ha sido elucubrada sobre un trabajo de un estudiante becado por Harvard que ha parido “Crimen, el clima y el cambio climático y que por 36 dólares de nada se puede descargar quien quiera en Science Direct.

La Vanguardia alude a un trabajo -publicado en Nature Change Climate– que estudia las 67 zonas pesqueras donde se consiguen el 60% de las capturas mundiales. Parece que la “principal afección” será que se generará más cantidad de plancton y, por ende, habrá más peces. Cuando hay más comida, vienen más a comer. Luego, hay algo que nos beneficia: un crecimiento significativo en las zonas de latitud alta y… una reducción en las tropicales. Ya no tendremos que irnos tan lejos (y tan abajo) a pescar. Los que vivan por las latitudes tropicales no pensarán como yo; obviamente. Y eso que la zona atlántica peninsular, aseguran, queda señalada con una posible reducción del 15%.

En el estudio se plantea la gestión sostenible de los recursos marinos y el aumentar la acuicultura, así como poner en marcha “un mercado que facilite el comercio de productos pesqueros de las zonas con exceso a aquellas con déficit”. Eso es de cajón. La tasa de consumo actual está en 16 kilos/persona/año de media mundial y consideran los expertos que si somos responsables -un pelín más que ahora- no habrá problema. Si aplicamos las propuestas, mejor.

Y también me he topado con otra noticia positiva: “El mar es diez veces más potente de lo que se creía contra el cambio climático”. Esto se lo debemos a los estudios de la Expedición Malaspina (diciembre 2010 a julio 2011) una vez que en tierra han analizado todos los datos recabados. Resulta que hay diez veces más peces mesopelágicos de lo que se estimaba y éstos trabajan muy bien el CO2 que llega a los océanos. Si hay más mesopelágicos, “comerán” más CO2 y limpiarán mejor el océano. Genial.

Y, lo mejor del día ha sido un nuevo artículo de Bjorn Lombor, aquél “Ecologista escéptico” de 2001 (que salió de “El Estado real del Mundo”, 1998), que critica lo que hacen los “gordos” de esta película apocalíptica.

Arremete contra todos. Contra Ángel Gurría (OCDE) por decir que “nuestro planeta se está calentando de manera peligrosa”; contra Christiana Figueres (asuntos climáticos de la ONU) por alarmar diciendo que “la economía mundial está en riesgo”; contra Kofi Annan (exsecretario general ONU) por alarmar hablando de “un riesgo terrible para el futuro del planeta y de la vida misma”. Lomborg es rotundo: “crear pánico y proponer políticas poco realistas no ayudará a enfrentar el problema”. Considera que estas declaraciones incorrectas de altos funcionarios y responsables socioeconómicos son más perjudiciales que la misma realidad.

Los informes del IPCC (que ni a Lomborg -ni a muchísimos más- satisfacen lo más mínimo por capciosos y tendenciosos; tanto como los de Heartland, si quieren) ya concluyeron, al poco del paso de Haiyan (Filipinas, noviembre 2013) que “existe ‘poca confianza’ en que los cambios en los huracanes en las décadas recientes (o futuras) tengan algo que ver con el calentamiento global”.

Critica Lomborg que sólo se citen los aspectos más negativos de los informes y se obvien los que no lo son tanto. El mismo informe que hace a la responsable de la ONU para asuntos climáticos alertar sobre el “riesgo” de la economía mundial por el CC sólo alude a “una posible pérdida de 1.12% del PIB en el futuro” y eso lo hace estudiando sólo 8 zonas muy concretas del planeta. Más parcialidad, imposible.

Y el colmo es que ese mismo informe señala que el ya más que manido anuncio del aumento de temperaturas previsto hacia 2050-2070, el que pudiera provocar más muertes por calor y escasez de agua, se compensará (si es que se puede aplicar aquí el verbo compensar) con “muchas menos muertes por frío y una mayor productividad agrícola” como consecuencia de niveles más elevados de CO2. En el informe se dice que eso será beneficioso para el global del planeta.

Lo más grave es que intenten esos altos funcionarios vendernos burras como la de que “China incrementa drásticamente su capacidad de energía solar”, cuando lo que es cierto, pero que se obvia, es que los informes de la Agencia Internacional de la Energía señalan que “en China la dependencia del carbón es 27 veces superior a la de energía sostenible” y que China asumió en los últimos tres años “el 60% del incremento del consumo mundial de carbón”.

Es que no se quiere señalar la obvio: El uso de energías solar y eólica en 2012 en todo el planeta consiguió reducir en 275 millones de toneladas las emisiones de CO2 a costa de, se calcula que, 60.000 millones de dólares en subvenciones. Sólo los EE.UU., con el fracking, que tampoco es que sea un santo, han conseguido reducir en 300 millones de toneladas sus emisiones de CO2… y le ahorraron a los contribuyentes yankees 100.000 millones en costes.

En fin, la fuerza de la razón. Pero seguirán intentando vendernos burras.

 

 

 

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