DE LA PERVIVENCIA DEL CENTRO DOBLE AMOR

Hoy -domingo 1º de marzo-, cuando envío la nueva columna a la Redacción me dicen que no colgué en el Blog la anterior. Es verdad. Pues bueno, lo hago.

Escribí sobre el “Doble Amor”, la Asociación Doble Amor para la promoción de personas con discapacidad intelectual de Benidorm y Comarca.

Y Comarca.

1.1 AAMe molestó infinitamente que por unos y por otros tuviéramos que llegar a este momento ultimátum y, ¡claro!, no se puede llegar a esta situación y menos aún a un “ahí están los dineros que hacen falta” porque si se pensó en autogestión… algo ha fallado. Y si se confió en la Administración… ¡peor!; a ellos no se les ocurrió.

El Doble Amor es la voluntad de unos pocos -pocos y afectados- por sacar adelante una muy necesaria iniciativa que tiene ámbito comarcal; pero que nunca tuvo el más mínimo plan económico de viabilidad. Ni se entendió, digo yo, que la cosa tenía que pervivir más allá de la simple subvención. Una granja de ponedoras y una lavandería industrial anquilosada no son futuro para nada… tal y como están los tiempos, las tecnologías y las conciencias; algunas, empresariales

Yo es que no creo nada, nada, en lo subvencionado.

Las 22’5 líneas (370 palabras) de la semana pasada decían tal que así:

POR UN PLAN DE VIABILIDAD

Con la sensibilidad del granito -pero con la del granito azul de Namibia que es el que más radón cancerígeno emite- abordo este tema. No, no es nada normal que lleguemos a esto. Y mucho menos, que recurramos a la efectista comparativa entre el parné y las gónadas masculinas para las ocasiones. Esto es como la recaudación para la capa del señor cura: aquí pongo equis euros, ¡pero lo capo yo! ¿Pero cómo hemos podido llegar a esto?

Primero los padres, como siempre; hasta recurriendo a entramparse -y al aval- porque se necesita más, siempre mucho más. Y luego, el externado: que si el Club de Leones, que si el Bingo, que si la granja, que si los vecinos, que si la gente de por aquí, que si la lavandería industrial, que si los vecinos otra vez, que si ampliamos, que si la mala suerte, que si no llegan las subvenciones… Muchos “que si”; más “que no”: que no llega lo que se promete.

Y seguimos dependiendo de los poderes públicos. Ojo, que son ellos los que debieran haber puesto en marcha todo esto… o haberse hecho cargo de ello en su momento. O no.

Yo no creo en el Estado nodriza. Ni les cuento ya en Papá Estado, que casi siempre parece que bajó a por tabaco a la esquina… y aún no ha vuelto. El Estado nación (fiscal) es despilfarrador, desde el Antiguo Régimen (más antiguo aún que el de Franco); lo único que ha conseguido es todo lo contrario a lo que buscaba. Y eso que se parió para proteger la vida y la libertad del ciudadano. Al final, echamos de menos al Imperio Inca; por lo que se dice, porque nadie queda vivo de entonces para contarlo. Yo estoy más por la idea británica de 1601: dinero por trabajo. ¡Coño!, es que estos tíos no han dejado de trabajar nunca.

Desde mayo de 1970 que no han parado; se han dejado el alma. En vez de tanta subvención -que tarda- y a todas luces parece insuficiente, dotémosles de un plan de viabilidad e impliquémonos en él. Ponerlos encima de la mesa (¡Bravo!) no avala futuros. Más huevos (de la granja) que comprar y sábanas que lavar.

Pues eso, que reclamo un Plan de Viabilidad porque los chicos de allí se lo merecen y los padres, también… se merecen un descanso en su lucha por la pervivencia del Doble Amor.

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Comentarios

  • Àlvar Monferrer Monfort  On 1 marzo, 2015 at 20:01

    ¡Cuánta razón tiene, Sr. Díaz! Soy viejo en estos temas. Dirigí el primer centro ocupacional para disminuidos mentales que hubo en España. Como casi siempre, en Barcelona, concretamente en la Barceloneta. Y ya era igual, con el agravante que entonces empezaba eso de las subvenciones. Alguna llegaba, pero muy pocas. Lo pagaban los padres, el personal que trabajábamos allí, con sueldos muy migrados y sin seguridad social.
    Y lo otro, montar industrias donde trabajen estos ciudadanos y ciudadanas no debe ser tan difícil en estos tiempos en que la buena organización y la técnica pueden hacer tanto.
    En fin, yo hablo de 1960. Estamos en 2015 y no se ha avanzado nada. Todo está igual. Lo peor es que no sólo lo pagan estos hombres y mujeres a los que Vd. llama del doble amor. Ahora ya lo pagan hasta los trabajadores normales, que, salvo los políticos, están peor que los de entonces.
    En fin, un saludo desde mi afición a leerle.
    Àlvar Monferrer

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