DE LA PREHISTORIA DE LAS VACACIONES SOCIALES… HASTA LAS DE TERCERA EDAD (I)

Las vacaciones sociales comenzaron con los más jóvenes y no con los más mayores. Esto de las vacaciones sociales comienza con las Colonias de Vacaciones de 1887 y la primera experiencia patria es en San Vicente de la Barquera. Y luego se creó la Obra Nacional de Auxilio Social (que dependía de Beneficencia, que tenía entonces una Dirección General y todo).

Ya en el XX se sumó a estas iniciativas de vacaciones sociales el Real Patronato de Lucha Antituberculosa, y también con niños. Los mayores no pintaban mucho.

Incluso en 1931 se sentaron las bases para un turismo social universitario (Patronato de Estudiantes para Viajes de Estudio) que truncó la Guerra.

Tras ella, vuelve el programa de Colonias (Preventivos Infantiles; ¡qué nombre! Pero se les siguió llamando Colonias; ¡cómo es la gente!) y la Delegación Nacional del Frente de Juventudes tomó las riendas del programa (1943). En 1951 consigue cambiar lo de “Preventivo” por “Colonia” y promueve la Red de Albergues Nacionales que no consolida hasta 1957 y que desde 1960 formaba parte de la International Youth Hostel Federation (IYHF), lo que significó que cualquier miembro de IYHF de Europa (y de América) pudo alojarse en sus instalaciones, aunque los 22 albergues de la Sección Femenina no se integraran. Y aquello vino bien; fueron pocos pero difundieron España. La red también dispuso de 60 Campamentos, que desde 1958 estaban asociados al Camping Club Internacional de España.

Y los universitarios españoles tuvieron, desde 1957, a su abasto, la Oficina de Viajes, del Sindicato Español Universitario (SEU), que también controlaba una Red de Albergues Universitarios y que en noviembre de 1960 puso en marcha la oficina de Turismo, Intercambio y Viajes Educativos (TIVE), que superó la transición como SEU-TIVE, que yo disfruté (y alguna vez padecí).

Y de 1960 es también el Negociado de Turismo Social de la Dirección General de Promoción Turística que al poco se encontró como órgano viable para las iniciativas del 1er Plan de Desarrollo (Económico y Social; 1964-1967). Este negociado seguirá con iniciativas para jóvenes y universitarios en los siguientes Planes de Desarrollo. Y ya puesto, también he de citar las llamadas “Bolsas de Viaje” para becarios y profesionales universitarios graduados y también citar que algunos Ayuntamientos de grandes ciudades y alguna Diputación también organizaban, desde los cincuenta, vacaciones sociales para los más jóvenes.

Otra cosa fue la llamada Clase Obrera; no encontró tantas realizaciones. Y mira que el Código del Trabajo de 1926 (con Miguel Primo de Rivera) ya contempla, para los aprendices (otra vez los jóvenes), experiencias de vacaciones colectivas. Recordemos que de entonces es -de la Dictadura, ¡oiga!- el concepto de vacaciones remuneradas y también la iniciativa del Patronato Nacional de Turismo para generalizar las vacaciones con el sistema de Cartillas de Ahorro pro Turismo. Pero hay que reconocer que el empujón (a ambas cuestiones) llegará con la Segunda República, la Ley del Contrato de Trabajo (1931) y la creación de la Federación Española de Sindicatos de Iniciativa y Turismo, de 1935, que ya trata el tema de las vacaciones sociales y sienta las bases de las mismas; pero sólo las sienta,

Tras la Guerra, será el Fuero del Trabajo (1938) el que reconozca la facultad de todos los trabajadores “para acceder la alegría”, que es como, después de dos pelotazos de orujo, se puede creer que se interpreta la mención al turismo en la citada ley laboral. Luego será, desde el 14 de diciembre de 1939, la Obra Sindical de Educación y Descanso la encargada, a través de su Servicio de Viajes y Excursiones, de la política de turismo social en España. Por cierto, la Ley del Contrato del Trabajo de 26 de enero de 1944, fotocopia la de 1935 de la República y establece las mismas ventajas, aunque añade varias nuevas. Es entonces cuando las llamadas Residencias de Reposo cobran protagonismo, a través de la Obra Sindical. Y fueron 50 las operativas. Esto marcó la inflexión del objetivo final que -del inicial sector joven- paso a enfocarse hacia el segmento familiar. Un requisito clave era ser menor de 65 años; ¡vaya por Dios! Pero existía un baremo de discriminación positiva hacia los más desfavorecidos.

Estas residencias contaban con turnos especiales para miembros de las Entidades Sindicales, Cámaras y Hermandades Agrarias y demás elementos asociativos del sector primario.

Y no olvidemos el capítulo de atenciones a las Familias Numerosas que tenían preferencias y bonificaciones en aquellas redes de alojamiento y vacaciones.

También me gustaría citar aquí el Programa de Vacaciones “Romería a España”, un invento ideológico (1954) del Ministerio de Trabajo para animar al regreso a los que estaban más de 10 años fuera de España, especialmente en América. Funcionó.

Y ya puestos, contarles que desde la Capitanía General de la 1ªRegión Militar se inicia en 1957 la 1ª Semana Turística del Soldado, que seguirán otras regiones militares con notable éxito por una década.

Durante los años sesenta, el Ministerio de Información y Turismo y la Obra Sindical de Educación y Descanso llevaron a cabo algunos programas interesantes, como el Conozca usted, el Mar que sirvió para que muchos españoles oyeran el rumor de las olas por mínimas estancias; pero conocieron el azul de mar ya que conocían el caminar del Sol.

Así, a comienzos de los setenta eran ya más de 200 empresas las que atendían el turismo social en España; concesionarias de las múltiples iniciativas existentes; que no es de hoy la cosa de las concesionarias de estos programas. Todas, faltaría más, estaban inscritas en el REAT, el Registro de Empresas y Actividades Turísticas.

Y ya por entonces, mediada la década de los sesneta, aparecerán los primeros viajes organizados específicos para la Tercera Edad, entonces “para mayores”, programados por colectivos religiosos (parroquias y Cáritas) y Casa Regionales, Clubes de jubilados y colectivos vinculados a entidades bancarias y de ahorro. Se trataba de iniciativas muy locales. Hemos de tener en cuenta que la edad de jubilación, entonces, estaba en los 70 años y que se trataba de iniciativas de muy concretas Agencias de Viajes que conseguían chollos muy particulares.

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