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DEL LITORAL; DE OLAS Y TEMPORALES

 

Dentro de la iniciativa que desarrolla el Laboratorio del Clima de la UA de organizar encuentros estacionales de actualidad sobre tiempo y clima, en la Sede UA Ciudad de Alicante nos reunimos para, entre otras cosas, hablar del litoral de la mano del profesor Torres Alfonsea quien nos despertó con “el Mediterráneo es bonancible, perooo…”. Y ese “perooo” nos animó a escuchar su concepción de “el litoral como espacio de riesgo”.

Paco Torres señaló los fenómenos naturales -sí, naturales- que generan riesgos en el litoral: temporales, nieblas costeras, galernas (cantábricas; vientos de vienen de Gales), mareas astronómicas (las por todos conocidas), mareas meteorológicas (tipo rissagas[1] menorquinas, pero se producen en más sitios) y las olas sísmicas (como los tsunamis -ola de puerto; tsu-nami- que teniendo ahí enfrente la falla de subducción de Argelia nos tienen enfilados, aunque el strand playero hace su efecto).

El problema, sentenció Torres, no es el fenómeno natural y su acción; el problema es la ocupación del territorio por las sociedades humanas”. Ahora le estamos sufriendo los efectos de los últimos temporales de este invierno que nos han “atacado” las costas y las playas antropizadas.

Y se preguntó: “¿Por qué hay que conocer los temporales?”. Y se respondió: “Para adecuar las acciones humanas sobre el territorio y ¡por imperativo legal!” Es que, insistió, tenemos dos leyes de Costas, dos: la de 1988 y la de 2013. Así es que es imprescindible que sepamos lo que es un temporal y lo tengamos claro. “Un temporal, explicó, es una perturbación atmosférica con vientos de más de 62 km/h y mar agitado con olas de más de 4 metros, asociados a profundos gradientes de presión y ligados a bajas muy acusadas, y que no suelen ir acompañados de precipitación”.

Una vez sabido esto, lo siguiente es saber, con las leyes en la mano, “¿hasta dónde han llegado los temporales ‘tierra adentro’?” porque a partir de ahí podemos delimitar la cuestión. Lo primero es la Zona Marítimo-Terrestre (ZMT) que es una zona de dominio público “reconocida en la Constitución (Art. 132.2) y en la Ley 22/1988 de 28 de julio, de Costas” señalando dentro de la ribera del mar la zona marítimo-terrestre y las playas. La ZMT es “el espacio entre la línea de bajamar y el límite hasta donde llegan las olas en los mayores temporales” con el añadido de la Ley de 2013. Y más cosas[2]. En caso es que la ZMT no se pierde, siempre está ahí, “¿pero hasta dónde llega?” Estamos con un deslinde aprobado en 1969 y en a estas alturas de 2017 no se ha completado; y en algunos tramos ha de ser actualizado porque estamos ante una situación dinámica y hasta hablamos de “temporales distintos”. Tenemos Reglamento -de la Ley de Costas de 2013- desde 2014 y aquí estamos…

En cuanto a los temporales y el mar, desde mediados del XIX y hasta los años 60 teníamos un sistema de “semáforos marítimos[3] que emitían sus partes. En los reportes alicantinos de los semáforos marítimos podemos estar hablando de episodios de “mar arbolada” (6 a 9 m) con vientos del NE de entre 90 y 110 km/h… como en el resto de las costas de España. Y ahí entra el “perooo” que decíamos al principio: “el Mediterráneo es bonancible, perooo…”. La diferencia entre los temporales en nuestro litoral y otros está en la duración: “hasta 3 veces menor en el Mediterráneo que en el Cantábrico”.

Desde los años 70 tenemos las redes -costera y exterior- de boyas para la medida del oleaje y aunque obtengamos de ellas registros de freak waves (olas monstruosas) de 27’81 m (06.01.2014, boya frente Cabo Vilán, Camariñas, A Coruña) mar adentro, la altura significante[4] de la ola la deja en 12’4 metros, que ya son metros. La altura significante es otro elemento a destacar: es la altura de ola percibida cuyo récord está en los 14’8 me de otra freak wave registrada frente a Santander, cuando la ciclogénesis explosiva Klaus se dejó notar (enero de 209), y generó una ola de 26’13 m.

altura ola

Ola del 6 de enero de 2014, frente a Camariñas

¿Y en nuestras costas mediterráneas alicantinas? Pues… Hasta 1985 no tuvimos referencia del comportamiento del oleaje; entre 1985 y 2007 dispusimos de boyas que nos dieron alturas y entre 2006 y 2014 alturas de ola y dirección del viento, que es fundamental: podemos tomar medidas frente a sus impactos. Sabemos en qué forma inciden, golpean, las olas nuestro litoral. El 15 de enero de 2014 la boya alicantina se apagó… y hasta hoy: ahora mismo estamos “ciegos” en ese campo. Pero de cuando sí tuvimos datos, explicó el profesor Torres, “concluimos que el 90% de las olas estaban por debajo del metro de altura significante y que sólo el 1% superaba los 2’5 metros de altura”. En fin, que salvo contadas excepciones no tenemos muchos problemas.

Es el viento griego, el Gregal[5], de componente N-NE el que nos produce las olas de mayor altura e impacto. Y del estudio y la estadística (periodos de retorno) sabemos que “el 47% de las grandes olas nos vienen con componentes Este”.

escalas baeufort & douglas

Escalas de Baeufort (viento) y Douglas (olas)

Y aunque estemos “ciegos”, de los temporales de este enero último (19 a 22 de enero) tenemos que la boya de Valencia obtuvo la mayor altura significante de ola registrada (Hm0) durante el temporal, con 6,45 metros. La boya de Cabo de Palos, a la altura de Cartagena, marcó 6,33 metros. Igualmente, las boyas de Tarragona y Dragonera registraron 6,33 metros, respectivamente. La de Barcelona, 4,97 metros el día 22. Total que aplicando las relaciones pertinentes no es descartable que alguna ola de las producidas en este último temporal de enero pudiera haber alcanzado entre los 10 y los 12 metros, según Fomento.

Y esas olas terminan rompiendo contra la costa y produciendo sus impactos. Las olas son energía… y la energía se transforma, no se destruye; en el peor de los casos: destruye. Y con toda esa energía que trae la ola, sabemos que cuando el fondo del mar está a una profundidad igual o inferior a la mitad de la longitud de onda de la ola, ésta rompe y disipa su energía… de ahí la importancia de las praderas de fanerógamas marinas (como la posidonia[6]) que obligan a las olas a romper antes y causar menos daños. Incluso los cordones dunares de nuestro litoral, del que sólo nos quedan los del Carabasí y de Guardamar.

Y, con todo, Paco Torres es optimista. Y eso, a mí, me da confianza.

 

 

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[1] Una rissaga es un fenómeno meteorológico que se produce ocasionalmente en algunas costas mediterráneas, como en la costa de las islas Baleares o como en Canarias, variando en gran medida la pleamar; en Italia, especialmente en el Golfo de Trieste, con el nombre de marrubio; o en el Golfo de Gabés, afectando a los países ribereños de Túnez y Malta; pero también en otras muchas partes del globo, mar de Japón y mar de la China Oriental, conocido como abiki.

[2] Esta zona se extiende asimismo por las márgenes de los ríos hasta el sitio donde se hagan sensibles las mareas, e incluye las zonas húmedas bajas.  Por su parte, las playas son descritas como zonas de depósito de arenas, incluidas las dunas, formadas por la acción del mar o del viento marino. Así pues playas y zona marítimo-terrestre, suelen coincidir.  La ribera del mar, formada por la zona marítimo terrestre, las playas y algunos elementos más, como los acantilados, es de dominio público, por ser la más valiosa y frágil de la costa, y tiene un régimen de utilización muy estricto. Está permitido el acceso público y gratuito para usos comunes: paseo, estancia, baño… y las actividades e instalaciones que por su naturaleza no puedan tener otra ubicación. Está prohibido el uso residencial de todo tipo, el estacionamiento y circulación de vehículos y las acampadas. Los terrenos lindantes con el dominio público litoral podrán ser de propiedad particular, pero se hallan sometidos a servidumbres

[3] Amadeo I de Saboya firmó el decreto (07/07/1872) que daba el pistoletazo de salida a la puesta en marcha de una red de Semáforos que llegó a contar con más de una decena de estaciones. Así, el 12 de junio de 1873 entraba en servicio el Semáforo de Tarifa, al que seguirían otros más en los años siguientes: Cabo de San Antonio (Alicante), Estaca de Bares (La Coruña), Finisterre (La Coruña), Llobregat (Barcelona), Cabo Begur (Gerona), Cabo Bajolí (Menorca) e Igueste de San Andrés (Tenerife) en la 1ª fase..

[4] Altura de las olas que un observador experimentado apreciaría a simple vista desde la cubierta de una embarcación que equivale, aproximadamente, a l altura media del tercio de olas más altas. La altura máxima está en el rango entre 1’5 y 1’9 de la altura significante.

[5] los romanos centraron la rosa náutica o rosa de los vientos en la costa meridional de Creta, por considerar que esta isla se hallaba en mitad del Mare Nostrum; y al noreste de la misma queda Grecia, justificándose así el empleo del referido vocablo.

[6] 1 m2 de pradera de posidonia marina genera más oxígeno que un 1 m2 de selva amazónica