DE TENER CLARAS LAS FILIAS Y LAS FOBIAS AL TURISMO.

 

Javier Ortiz, periodista de vieja escuela, metió en nuestras vidas veraniegas la más genuina explicación de lo que era la “serpiente del verano”, la recurrente noticia a la que atendíamos en los días de la canícula, como estos de hoy, en que no había noticia que echarle a la rotativa. Y como Nessie, el amigo del Lago Ness, aparecía cada verano para incentivar el atractivo turístico del lugar, aquí teníamos “serpiente”, por lo general, banal en los papeles… y hasta en la tele.

Al final, perdió el toque de banalidad y se convirtió en el sambenito veraniego.
Este año, verano de 2017, la cosa está en la turismofobia, palabro considerado ya “neologismo válido” (ya saben, se puede escribir sin recurrir a entrecomillar o escribir en cursiva). Esto ha sido esta misma semana. Hace un mes no me atreví con el palabro (y con la fobia; me producía aversión) y recurrí, más científico (cada uno juego a lo que quiere) a los turistización y turistificación.

Pero como ya “es legal”, pues a fumar. Turismofobia.

 

TURISMO - CARTEL ESPAÑA ES SIMPATÍA

Mira que había imágenes posible para ilustrar esto y elijo yo la de Barcelona

¿Qué nos pasa?, ¿hemos olvidado la alpargata que un día colgamos para calzarnos el mocasín? Yo recomendaría algo de lectura… desde Sasha D. Pack (“La invasión pacífica: los turistas y la España de Franco”) a Graciano Palomo en “Preferente”; “’El Turismo mata’, ¡Viva la muerte!”. Ya saben que la virtud está en la mitad, pero me lo pide el cuerpo. En este mismo blog, en agosto del año pasado, diseccionamos el libro de Pack de pe a pa.

 

La verdad es que se ha complicado la cosa; pero no en todas partes. Hace un mes destacaba yo, en este mismo blog, la importancia de estar preparados (incluso diseñados) para la industria de los forasteros (Joaquín Alcover, 1903, mallorquín, autor de La Balanguera… para más INRI de los reaccionarios al turismo de por allí) que esto del turismo se llamó así aquí: industria de los forasteros. Es que lo eran. Pero -es que- aunque se diseñara el contenedor en su día, estamos ahora mismo en un proceso de reciclado del concepto. Y luego están los paisanos; y reciclar el paisanaje ya es harina de otro costal.

Que vivimos del turismo es un hecho incuestionable; pero que haya quién se atreva a cuestionarlo es de una gravedad supina. Que el concepto, más que el modelo, deba ser revisado es otro hecho que deja poco margen al debate. Los tiempos han cambiado y las modalidades de disfrute del ocio han tomado caminos dispares.

Estamos hablando del 11 al 14% del PIB. Y esto es como la máquina de hacer pasta (de cocer). Cuanto más juntos estén los rodillos, más fina y más cantidad. Y ese 11-14% lo puedo llevar hasta el 25% por poco que junte la realidad económica de los rodillos de este país. Turismo sí o sí.

Otra cosa es la disparidad regulatoria de los variopintos casos que se dan en las Comunidades Autónomas de este país. Aquí el problema no está en el alojamiento reglado que atienden a los forasteros (aunque también le ponen en algunos sitios puertas al campo); la cuestión está en lo que un día se llamó “economía colaborativa” y en Torrevieja se llamaba todos los veranos de mi niñez “Alquileres Juana” (citada aquí como homenaje a aquella emprendedora) y no era más que una avispada mujer que sabía quién podía alquilar una casa (o habitaciones con derecho a…) y ganarse unas pesetas para el duro invierno… Pero aquello se ha disparado por toda la geografía ibérica (y planetaria) y ahora es, sin lugar a dudas, un eslabón más de la cadena alojativa compitiendo sin reunir, en muchísimos casos, las condiciones de los reglados y sin pasar por la taquilla del Sr. Montoro de turno. Y como en muchos casos se compite por precio -y no se atiende a la capacidad- llegamos casi al piso patera aderezado con litros de alcohol y música en una celdilla de una colmena humana.

Gente por doquier; forasteros invadiendo nuestro espacio vital. El otro día, un medio de tirada nacional, salía a justificar el malestar reinante que desemboca en la turismofobia alegando que es que “me han quitao lo ‘mío’”: titulaba que 8 de cada 10 paseantes por la Rambla de Barcelona ¡¡eran turistas!! Me la echo, amiga, con el Paseo de la Carretera de Benidorm (que ya estudiaron Gaviria e Iribas) y encima les muestro la alegría con la que los de aquí celebramos que así sea. Y eso que aquí también tenemos lo nuestro… porque existe el derecho a plegar la oreja; pero en eso no entraba la colega plumilla. Si hay que contarlo todo. Más razón argumental esgrimía Rosa Boch en La Vanguardia con su “El Barrio Gòtic acoge 7 turistas por cada 10 residentes”. Eso ya da una idea.

Hay casos y casos. Y es que me llama la atención que desde 2013, año desde que toda la normativa en Turismo es cuestión de las CCAA, cada una ha seguido yendo por su lado porque en materia de Turismo sobre 17 CCAA compitiendo por todo.

Por la calle de en medio han tirado en las Baleares. Sin ir más lejos -y Ustedes perdonen, porque uno es así-, me asusta (hasta el acojone) que en Mallorca quieran poner “orden” a esto fijando un techo máximo de 623.624 plazas (el detalle en el número me conmueve) de las que 18.000 (permítanme que ya no sea tan detallista) son para Formentera, 60.000 para Menorca, 110.000 para Ibiza y 435.000 para Mallorca. Ni uno más.

Y las plataformas están creciditas: vale, me vas a multar… pero aquí estoy yo porque he llegado para quedarme. No vas a multarlos a todos. La irlandesa Airbnb (en Irlanda tiene su sede oficial) anima a todos a poner en alquiler viviendas sin control: “Mientras tú haces la maleta para irte a… hay un viajero preparando la suya para venir a tu ciudad ¿Porqué no sufragas tu viaje gracias al suyo?…” Y así, abiertamente, te invita a que alquiles tu casa y con eso te pagas parte de tu viaje. La compañía solo le pide al paisano anfitrión que se asegure de que cumple la normativa de su CCAA, pero no tiene que demostrar que opera sujeto a la ley. ¡Cojonudo!; ayudando.

Luego te encuentras versos sueltos hablando de hospitalidad y señalando, gracias Francesc Colomer, que hay que estar por la turismofilia (amor y amistad para con el turismo; la filia es lo contrario de la fobia)… pero sobre ese palabro aún nadie ha dicho nada; tiene toda la pinta de ser “legal”, pero…

Hoy cuento una docena de articulistas opinando sobre el caso y otra docena de supuestos articulistas luciendo bilis al respecto. Xavier Canalis, Javier Caraballo, Ignacio Vasallo o Rafael Torres entre los primeros; gentes que dicen salir de la Universidad (del bar de la Facultad, por la altura de sus argumentos) los otros. Luego, he encontrado denuncias, como la de Raúl Solís (Turismofobia, tu padre) que combina argumentos para justificar lo injustificable… Y no hay que estar ni en el lado del Capital ni en el otro.

Sí, hace falta meterle mano al asunto, pero no perdamos las formas ni el futuro. Esto es una industria; y tiene normas y reglas.

 

 

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Comentarios

  • Cecilio González  On 9 agosto, 2017 at 17:02

    Como siempre, un artículo que cumple con los tres objetivos principales de una publicación: informar, formar y entretener.
    Una gozada leer a Juan Díaz.

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