DE CUANDO LA ‘LÍNEA B-B’ PASÓ A ‘OPERACIÓN B-B’

 

En mayo de 2014 escribí sobre la Operación B-B (Benidorm-Bilbao). Hoy sé, que en principio, aquello se llamó Línea B-B (Benidorm-Bilbao). Benidorm pensó que el vasco, con epicentro en Bilbao, sería un mercado bueno y fiel; y se lanzó a por él.

Corría el año 1964. El operativo fue planificado en detalle y nada más pasar la fiesta de Reyes, el 7 de enero, los autobuses urbanos de Bilbao lucían en sus laterales el eslogan “El Sol pasa el invierno en Benidorm… y la brisa el verano”. Era la avanzadilla motorizada de una invasión pacífica que se realizó a base de “folletos, saquitos de arroz, dátiles, geranios y ‘vino de Benidorm’”, que en realidad era de Monóvar, de Salvador Poveda.

BND 1964 el sol pasa el invierno en BND y la brisa el verano

Allí estaba, con el ‘merchandising’ citado, el equipo de promoción: Miguel Martínez Monge, Francisco Javier Gadea, Alberto López y Julián Hinojosa (Julián ‘el del Miami’). Y se he olvidado alguno es porque en la referencia documental no figura.

Colaboradores necesarios -implicados hasta las trancas- fueron El Correo Español-El pueblo vasco y la emisora Radio Bilbao. Jorge Vila Fradera, desde Editur, se unió al sarao, enamorado de la idea, y echo tantas ganas a la iniciativa que parecía que fuera suya; el nombre terminó siendo.

Ya el día 10 ‘desembarcaron’ en Bilbao las autoridades benidormeras: Pedro -don Pedro- Zaragoza, Pedro de Borja Llorca, Jaime Llinares, Miguel Bayona, Jaime Fuster, el presidente del Sindicato de Hostelería (El Correo no cita su nombre) y el presidente de la Asociación Gabriel Miró de Amigos de Benidorm (sin dar cuenta del nombre). Allí les esperaban el Gobernador Civil de Vizcaya (ahora no cito yo el nombre), el alcalde de Bilbao (ídem), el comandante de Marina (ídem) y el Delegado de Información y Turismo (el único que no debía tener nombre, porque no lo indican).

Y en Bilbao, el 10 de mayo se dio carta de naturaleza y se ofició la Línea B-B para “establecer estrechos vínculos de amistad y unión entre dos villas marineras”. Por cierto: se utilizó el que la Vuelta Ciclista a España había pasado por Benidorm (final y principio de etapa) para señalar que “la Vuelta Ciclista a España es una idea genuinamente bilbaína”. Otra cosa que he aprendido.

El caso es que todo se fundamentó en base a que “el turismo es un fenómeno social que crea corrientes económicas pero, sobre todo, lazos de amistad y comprensión”.

Por allí dejó caer Pedro, don Pedro, Zaragoza en su discurso que “el Turismo es una industria sometida a las leyes económicas, a la rentabilidad de los capitales, a la planificación del gasto y al estudio de la demanda”. La idea que pretendía traslucir era que el Turismo era una industria y casi una ciencia.

Por aquel enero de 1964 Benidorm acudía a Bilbao ‘con los deberes hechos’: ya había dado el nombre de Bilbao a una de sus calles que se asoman al Mediterráneo: Avenida de Bilbao. El alcalde bilbaíno, Javier Ybarra Bergé (ahora sí), anunció que Benidorm tendría calle en su ciudad, y también el mar Mediterráneo. Y así fue, en Deusto están, y se cruzan.

Se creó, a partir de la visita, una Comisión Mixta para profundizar en las acciones futuras de la Línea B-B. Los comisionados benidormeros fueron el alcalde Zaragoza Orts, el empresario Jaime Puchades Orts, el director del Hotel Atún, Miguel Zaragoza Lloret, y el abogado Juan Ronda Perales.

Aún estoy en los pormenores de las acciones de esa comisión pero mientras desembrollo cuestiones, me fijo en que Editur elogió a finales de enero “la previsora mentalidad” de Benidorm que se había dado cuenta de que “cada día entran en liza más centros receptivos para captar clientes extranjeros” y que aun siguiendo en línea competitiva por esos clientes, “Benidorm toma una postura operante en por de la clientela española”.

Y es Vila Fradera el que bautiza aquella ‘Línea B-B’ como “Operación B-B”.

Al nuevo nombre le vino ni que pintada la iniciativa inmediata, ya en el mes de mayo, entre El Correo, la Caja de Ahorros Vizcaína y Viajes Ecuador para posibilitar vacaciones de Luna de Miel en Benidorm -al módico precio de 5.000 pesetas la pareja- a los primeros 60 matrimonios que se celebrasen el 2 de mayo en la Basílica de Begoña. Y para esto sonaba mejor lo de “Operación B-B” que ‘Línea B-B’ por el revuelo mediático, los recién casados, la luna de miel y las cosas de la natalidad.

Desde Editur se bendijo la iniciativa y animó a los responsables de Turismo a actuar como Benidorm. Jorge Vila Fradera sentenció a los pocos días: “el turismo industrial no debe ser abordado por aficionados y gentes que en su ignorancia lo consideran algo demasiado fácil mientras otros hacen cosas y dan pasos efectivos, como Benidorm”.

Pedro, don Pedro, Zaragoza, le agradecía el apoyo de Editur a la iniciativa y le explicaba por carta a su amigo (Vila Fradera): “el Sol sale para todos. Será nuestro trabajo, nuestra ingeniosidad, nuestra calidad, nuestra oferta, nuestra cocina, la que sostendrá o arruinará esta primera fuente económica del país”.

A punto de alcanzar el ecuador de los años 90, cuando el Plan de Marketing Turístico de Benidorm, un Vila Fradera entrado en años recordaba aquellas palabras (las suyas y las de don Pedro) y animaba a ser adelantados al tiempo.

Esto, Benidorm, no salió así porque sí. Había ideas y gentes que las materializaran. Había ilusión de ir a más. Ahora, acabando 2017, yo, que echo de menos estas iniciativas, veo que no queremos ir a más. Y el futuro hay que ganarlo; tener la cabeza en el presente y las miras puestas en el futuro.

 

 

 

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DEL RUHR ESPAÑOL… Y SU PLANIFICACIÓN

 

Llevo una temporadita de introspectiva en la génesis del éxito turístico español y de Benidorm. Por eso les cuento que 1964 fue un año clave en el proceso, no sólo porque ya desde diciembre de 1963 se planificaran las Asambleas Provinciales de Turismo que desembocarían en la 1ª Asamblea Nacional donde se definirían las líneas (de cara ya al 2º Plan de Desarrollo, que, como el 1º, pasó de largo en esto del Turismo) sino porque ya en todos lados se fiaba el desarrollo del país, aunque con ciertas reticencias de los de siempre, al Turismo.

Manuel Fraga iba contando por toda Europa que aquí estábamos “muy lejos del temido punto de saturación”; ya se hablaba de eso entonces. Y en que España “daba más de sí” esto del Turismo. Animaba Fraga a desarrollar, con orden y concierto, nuevos destinos turísticos porque teníamos “una ingente cantidad de atractivos turísticos aún inexplotados” (ABC, 19.10.1963).

El argumento de los que apostaban por el turismo era que “si queremos el más potente desarrollo de nuestra industria y comercio, debemos intensificar más todavía nuestro turismo” (Arriba, 14.11.1963; Editorial).

Común a todos los defensores de la causa del Turismo (que ya se sabía no iba a estar presente en el 1er Plan de Desarrollo), a sabiendas que aquí lo que iba a primar era la industria y la industrialización, era el ir colocando por todas partes que “el turismo es nuestro Ruhr permanente e inagotable” (M. Fraga; noviembre 1963).

En aquellos días -yo era un bebé, pero ahí están las hemerotecas y los libros- el Ruhr turístico era la panacea de todos nuestros males, como lo había sido el Ruhr real para Alemania. Y con razón: el Ruhr era y es la mayor región industrial de Europa, en el corazón de Renania del Norte-Westfalia, en la entonces República Federal de Alemania (RFA); ‘la buena’, que la otra era la RDA (‘la mala’) y de ‘democrática’ sólo tenía el nombrajo que daban los comunistas a sus fórmulas satelitarias de Moscú.

En 1847, con la inauguración del ferrocarril Colonia-Minden el carbón del Ruhr propicia el inicio de la Revolución Industrial germana. Por entonces, los 39 estados alemanes estaban unidos en la llamada Confederación Germánica y su integración económica se realizaba a través de la unión aduanera -Zollverein- y su proceso de industrialización (a partir del previo programa Stein-Hardenberg). Y ahí estaban los Krupp y sus acería; y hasta Marx y Engels para explicarnos aquellos inicios. Y la Revolución de 1848, y Guillermo I, y Bismarck, y el Imperio Alemán (1871-1918), y la IGM; y la República de Weimar (1919-33) y la Alemania Nazi (1933-45), y la IIGM y la nueva RFA que estaba saliendo a flote a base de que el Ruhr seguía fuerte -desde 1949 ingleses y norteamericanos se preocuparon de ello-; tan fuerte que Robert Schuman se fijó en las industrias del carbón y del acero para recuperar Europa generando, en 1951, la semilla de la actual UE a partir de la CECA… y que en cuanto se vio que el carbón debía dejar paso a otras fórmulas (1959) el Ruhr cambió y se restructuró para seguir siendo el motor del milagro económico alemán.

Pues como esa idea del Ruhr, que entendían todos, se planteaba que el turismo sería nuestro Ruhr; menos sucio y más bucólico.

A favor del Turismo y de España jugaban el precio (la peseta estaba como estaba), el clima, el ‘orden público y social‘ (aquí estábamos a puntito de ‘la celebración’ de los ‘25 años de Paz’) y lo que empalagosamente se cacareaba de “nuestras bellezas naturales, artísticas e históricas”.

Y es que aquella España era un jardín de rosas donde las espinas seguía siendo las carreteras. Desde 1926, con el Circuito Nacional de Firmes Especiales, se había hecho poco. El Plan Peña, en los años 40, y el Plan de Modernización, en los años 50, lo habían intentado. En 1961 se lanzó un nuevo plan, pero hasta el REDIA de 1967 (Itinerarios Asfálticos) esto no comenzó a mejorar. Y luego estaban los pocos y anticuados aeropuertos. Y entre las espinas, la necesidad de “mejorar la promoción y la profesionalización” que repetían Fraga y su equipo cada dos por tres.

Otro caballo de batalla del equipo de Fraga fue el de “concienciar de la importancia del edificio hotelero”. El propio Fraga insistía en este tema, los hoteles, desde el punto de vista que alojaban turistas que se renuevan continuamente, con lo que la entrada de divisas es constante e importante.

A Pedro Zaragoza, en honor a Benidorm, se le encargó la ponencia de Alojamientos en la Asamblea del Turismo. Pero a Pedro, don Pedro, le importaba más la de Planificación, que nunca se contempló y en cuyo tema no le dejaron meter baza. Pero eso no le amilanó y se dedicó a publicar una serie de artículos a favor de la Planificación que tan bien estaba quedando en un Benidorm a medio construir. Y Arriba, Informaciones, ABC y La Información Comercial Española, se los publicaron.

Pedro, don Pedro, animaba a todos los municipios que optaran a la industria del turismo a “considerar seriamente su potencial” y, en caso de que hubiera potencial, “planificar su desarrollo urbanístico con amplia perspectiva de futuro”. Y la cuantificaba: “en un mínimo de 100 años”. Y les exigía “zonas de reserva de suelo”. Recordaba Pedro, don Pedo, que “los medios de transporte evolucionan” y si la planificación es buena, “irían a más” esos municipios. Pero era tajante: “la planificación urbanística debe hacerse al principio”. Explicaba que “después ya no será eficaz; no corregirá errores”.

 

benidorm-c1960-bnd

Benidorm, desde Sierra Helada, con la Avenida del Mediterráneo “dibujada” en tierra.

 

Pedro, don Pedro, siempre prensaba “en clave municipal”, otorgando protagonismo al Ayuntamiento, al tiempo que insistía en “cuidar el paisaje; porque turismo y paisaje, en esto del turismo, tienen una relación de interdependencia”. Era tajante: “las construcciones no han de alterar el paisaje”. Y recomendaba “conjugar con gracia zonas de chalets, bloques de apartamentos y hoteles”, recordando que “cada nacionalidad exige un hábitat” y el futuro estaba en “atenderlos a todos”.

Siempre concluía pidiendo “un organismo para planificar el turismo y defender el paisaje”. Pero como el que oye llover en los trópicos.

Don Pedro ‘colocó’ sus propuestas, acabando 1963, en casi todos los periódicos del país y estuvo invitado en casi todas las Asambleas Provinciales del Turismo de 1964 largando siempre el mismo mensaje: considerar el potencial y planificar el desarrollo a futuro.

Pocos atendieron su prédica. Tal vez por eso, Benidorm es único e irrepetible.

 

 

 

 

DE PARQUES DE OCIO Y MILLONES

 

Estuve el otro día en un programa de la tele local y salió a relucir el tema de los parques temáticos como revulsivo del turismo. Y a tenor de cómo funcionan, pues… ¿Qué nos pasa con el ocio temático?

Eran los años 80 cuando una delegación de yankilandia se recorrió el Arco Mediterráneo español, desde Barcelona a Málaga, vendiendo que buscaban un emplazamiento para su proyecto europeo, porque el elefante de París no entraba por el ojo de la aguja Disney. Recalaron por aquí para poner de los nervios a la municipalidad de París y al gobierno de Francia: pasta, pasta; queremos pasta…

El argumento inicial, tan falso como el final, era que Cataluña disponía de un plan de viabilidad para una de estas instalaciones, pero bien comidos y mejor servidos -estando ya en la A7- lo mismo les daba, que les daba lo mismo, echar un tour. Total, que como en un moderno “Bienvenido Mr. Marshall” se patearon el terreno a mantel puesto. Muchos de aquel Consell nunca había chafando un tormo y pisado la marjal; y por Andalucía y Cataluña, más de lo mismo.

Entonces había dinero -Tassauds, Pearson, Anheuser Bush y algún otro grupo nás- rondando el tema del ocio temático y en Cataluña estaba La Caixa y su inmobiliaria La Colonial… Total, que una década después y, dicen que, 300 millones de euros vimos el primer parque temático de España que funciona a modo de hucha sin fondo; pero funciona.

Los parques temáticos son así y este es el detallín que, a veces, olvidamos. Se mueven a base de euros; muchos euros. El parque catalán lleva tragado en 22 años 1.160 millones de euros extras en ampliaciones y actualizaciones en el conjunto del resort.

En esto de los parques de ocio temático los hay varios tipos. Uno, el más notorio, lo integran los llamados parques “de destino”. En California y Florida (con filiales continentales) están los más famosos y comerciales. En esos sitios no hay nada más que el parque; y a ellos se va de vacaciones. Les adjudicamos cifras millonarias de visitantes (vacacionistas) de 10 a 18 millones. Unas cifras alejadísimas de la realidad peninsular (suponiendo que exista).

En nuestro concepto europeo estaría otro grupo de parques: los que complementan los lugares de vacaciones. El atractivo principal lo genera el lugar y el parque es oferta complementaria. Así podemos encuadrar todos los europeos; que en Europa hay un número significativo de parques de ocio temático.

Ahora bien, los de París -que al menos son dos y están en la órbita americana- juegan en otra división y se han merendado una caja de ahorros y siguen libres de la mayoría de tasas e impuestos. Que esa es otra.

La perspectiva del tiempo -de los ochenta a hoy- nos ha hecho ver, con la contundencia de los números rojos, que la clave no estaba en el terreno barato, la abundancia de agua, la existencia de un “pagano” que aguantara los vaivenes del grupo inversor y la existencia de un número prácticamente infinito de gente (público). En París se esgrimían los 79 millones de viajeros que la transitan anualmente. A esa ecuación, ahora sabemos, le faltaban los factores “mercado” y “oferta de atracciones”.

Y podíamos haber visto, desde el primer momento, que la ecuación americana ya lo contemplaba, pero embobados con las orejas de Mickey (¡que tiene narices!) olvidamos las variables que ya se experimentaban en Ohio (Cedar Point), por ejemplo.

Yo analicé la cuestión y fui recompensado en el 2000 con el Europa Universitas; pero veo que aquello nos lo leímos los miembros del Jurado y yo. ¿Y quién soy yo? Yo también estaba ilusionado; tal vez más realista, pero ilusionado. Los que no lo estaban no era por el parque sino por intuir pelotazo urbanístico; que de parques sabíamos todos poco. Algunos, nada; ni aún hoy.

La verdad es que en la década final del siglo XX los parques temáticos se consideraron la panacea universal del turismo. En realidad, se trató de un placebo. Aquella medicina se nutrió de unos estudios de mercado que habían planteado una cuestión a la ciudadanía rayana en lo atractivo y alejada de la realidad. Aquí, en Europa -y mucho menos en España-, no había -ni hay- cultura de ocio temático y todo lo más se consideraron visitas ocasionales.

montaña rusaPero la cuestión clave -aquí- ha sido la financiación. Si hasta Disney, en París, ha fundido cajas de ahorros. La condonación del 80% de la deuda a Isla Mágica es una minucia con el fregado que existía. Y no te cuento las letras de pelota en Port Aventura, el desastre de Terra Mítica o la alquimia contable del Parque Warner.

Era muy fácil decir en las encuestas que irías al parque y pagarías el parking y comprarías las entradas, y gastarías como un descosido aquí y allá, que comerías en sus restaurantes y te llevarías un baúl con souvenirs (¡qué antiguo!) de tu visita habiendo dejando la tarjeta de crédito con el grosor del papel de fumar. Pero luego, a la hora de la verdad, ante la visión de las tarifas finales ya cambian las opciones. Y en las encuestas de 1995 hablábamos aún en pesetas (sabíamos lo del Euro, pero cuantificábamos en pesetas).

Así con esas, las previsiones de visitantes caían en picado. Aún sin el tortazo de la realidad decíamos entonces que llegar al millón y medio de visitantes para el parque de la Costa Blanca no sería tarea fácil. Benidorm es un gran “banderín de enganche”, pero “no había cultura de parques”… que es un eufemismo para decir que el ‘parné’, en vacaciones, es para otras cosas.

No sé cómo apareció un estudio con una optimista previsión de tres millones de visitantes y todos se mostraron eufóricos. ERA paró sus estudios en 1996 habiendo vaticinado 1’3 millones; BLG llegó hasta los 2 millones con serias dudas; PW concluyó los suyos en 1999 con mejores proyecciones, hasta los 3 millones… que no se han cumplido ni a día de hoy.

El parque de aquí costó 100 millones más de lo presupuestado (270) y el estudio de rentabilidad de ERA exigía un máximo de 30.000 millones de pesetas (180 millones de euros) en costes… Y nos fuimos al doble. Emular a Port Aventura (61.000 millones de pesetas; 310 millones de euros) parecía la meta; menos mal que no jugamos a superarlo.

Los de ERA planteaba la entrada al parque a 3.000 pesetas (18 €) y advertían que Benidorm no estaba para aquellas tarifas pues si se confiaba en el turismo extranjero, TTOO y AAVV trabajaban con precios más que ajustados. Por eso ERA recomendó un parque de atracciones “gordo” y no un parque de ocio temático. Y se pensó en un “corner”. Pero no era la era de ERA y hubo otros que hicieron ver una ansiada necesidad de ir a más.

Yo recuerdo la ilusión de tantos, animados con éste y otros proyectos, suscribiendo participaciones individuales para poder estar en la génesis del parque. A mediados de los 90 había una epidemia de parques de ocio campando por la vieja piel de toro.

El parque Warner ya costó más que Terra Mítica y… ahí está como está.

Por eso, cuando se habló del Paramount en Murcia con un proyecto de 1.100 millones de euros… pues uno se descojonó. Y si uno se declaró escéptico a gran escala con Gran Scala en Los Monegros, imagínense con lo de Murcia. PEM también habló de tres millones de visitantes para el proyecto murciano… igualito que un jefe de prensa dijo del número de visitantes de INTUR uno año de mucha afluencia. ¡Ja!

 

Clave: ERA – Economica Research Associates // BLG – Baker Leisure Group // PW – Price Waterhouse // PEM – Proyectos Emblemáticos Murcianos  //  INTUR – Feria de Turismo de Valladolid.

 

 

DE CUANDO AL TURISMO SE LE DEJÓ EL PAPEL DE LA PROPAGANDA

 

Luis María de Carvajal y Melgarejo, Conde Bailén, Gentilhombre de Alfonso XIII, al despuntar el siglo XX dejó dicho aquello de “para ingresar en el selecto club de las grande nacionales europeas había que desarrollar todos los elementos constitutivos de la vida moderna, como el turismo”. Bueno, pues hasta hoy. Si no llega a ser por la iniciativa privada…

En 1950 (tras la Guerra Civil y la IIGM) España ya tenía una cuota de mercado en el turismo: 1’8% de los turistas totales y el 0’8% de los ingresos totales. Después del Plan de Estabilización (1959), las devaluaciones de la peseta y los planes de desarrollo (1964-67 fue el primero) en 1970 el saldo turístico español ya era el primero del mundo (en volumen absoluto y por habitante) y liderábamos los ingresos por turismo. Ahora, 2017, lo intentamos.

Hubo factores de demanda, no nos engañemos; el éxito vino sobrevenido. Sol, playas, diversión nocturna y precios bajos se convirtieron en elementos de atracción, que luego fuimos edulcorando al exponer los atractivos culturales de todo tipo que atesoraba el país. La Sociedad del ocio, el cambio sociológico producido en España, las vacaciones pagadas, los aumentos de rentas, la revolución de los transportes, la intermediación del viaje… sería prolijo seguir.

El Plan del 59 nos puso las pilas y algo de orden y concierto en esto. Así, en 1960 nos pusimos en los 300 dólares per cápita de renta (18.000 pesetas de entonces) que nos apartaba del nivel del subdesarrollo (por debajo de 200 $) aunque no nos permitía acercarnos al de los países desarrollados (por encima de 450 $).

El Plan de Estabilización del 59 se basó en “la explotación óptima de todos los recursos del país” para “satisfacer el consumo interior, liberar la economía nacional de la dependencia de mercados exteriores” para, a continuación, “competir en esos mercados”, señalando como meta el “alcanzar la autonomía económica” fiándolo todo en “una elevada industrialización” bajo la consigna de “producir más y mejor”. Por precio podíamos lograrlo.

BND1961

Los tecnócratas señalaron desde el primer momento que eso, la industrialización, precisaba de la importación de bienes de equipo que ocasionaban un problema de financiación al desarrollo que sólo se solventaba mediante la autofinanciación o la ayuda exterior. Si autofinanciábamos, era a costa las reservas, pocas, de divisas y, menos, oro.

A pesar de que ya estaba el turismo por medio y entraban divisas, en 1959 no se confió en él; todos apostaron por la ayuda exterior que, políticamente, interesaba más y otorgaba muchas más garantías. No obstante, el turismo siguió su marcha esperando un reconocimiento en la planificación económica.

El Primer Plan de Desarrollo (1964-67) iba a entrar en vigor el 1º de enero de 1964 y en 1963 aún había confianza, en Benidorm y unos pocos lugares “turísticos” más, de que se les tuviera en cuenta. En 1961 ya consiguió el país enderezar la balanza de pagos; lo había posible el turismo. Pero no se confiaba nada en su perdurabilidad. Y 1962 fue también un buen año turístico.

Las reservas de oro y divisas del Banco de España en enero de 1961 eran de 580 millones de dólares; en diciembre de 1962 habían superado los 1.000 millones de dólares. Pues ni por esas.

En 1962 alcanzamos un déficit de 533 millones que la inversión extranjera (162 millones) y las remesas de los emigrantes (175 millones) no eran capaces de enderezas. Y ahí estaba el turismo con sus 475 millones de dólares (3.000 millones de aquellas pesetas) para hacer cambiar el fiel de lado. Es que ni la naranja, ni el aceite, ni el Jerez (nuestras tres principales exportaciones entonces) eran capaces de igual a los ingresos por turismo.

A pesar de que las autoridades políticas confiaron la solución del tema económico al turismo, las autoridades económicas no quisieron sumarlo al Plan 1964-67. Y a lo largo de 1963 se suceden los intentos de que se le tuviera en cuenta al Turismo. Desde marzo hubo una ofensiva política que los académicos rechazaron; y eso que los ingresos por turismo eran ya, a esas alturas del año, un 43’8% superiores a los del año anterior.

Algún economista hubo que alertó de la importancia del turismo. Se contaba en la prensa de la época que “a este ritmo, en 1967 llegaríamos a los 13 millones de visitantes y a los 1.000 millones de dólares en ingresos” (Diario Unidad; 13.05.1963). Desde las páginas de ABC (21.06.2963) dudaban “de un crecimiento acumulatorio anual cercano al 20%” como presumía en el estudio. Y el argumento era de peso: “para alcanzar esas cifras habría que superar las 600.000 plazas hoteleras (partiendo de las 300.000 calculadas para junio de 1963) con incrementos anuales superiores al 12% y se necesitarían 170.000 profesionales (calculando que en aquel verano de 1963 rondábamos los 100.000 trabajadores en el sector) . No se creían ese futuro.

Algún estudio moderno mete en la ecuación el segmento extrahotelero, que en los años 60 se refería a albergues, campings, residencias y balnearios… y que debería aportar, pasar sacar aquellas cifras, 300.000 plazas y generar 23.000 empleos. Y el complementario turístico (restaurantes, cafeterías, bares y salas de fiestas) que aportaría 50.000 puestos de trabajo. Tal vez los bares lo consiguieran.

Se consideraron cifras imposibles de hacer realidad y a pesar de que se le encomendaba al Turismo la tarea de equilibrar y sanear la balanza de pago (de garantizar el desarrollo del país) se le dejaba al margen del diseño del progreso de España confiado, en exclusiva, a la industrialización.

Sólo se le dejó al turismo un resquicio: el de la propaganda. Que millones de visitantes se llevaran de España, al regresar a sus países, “la verdad de España” fue la encomienda al Turismo en el Primer Plan de Desarrollo.

Enrique Marsans, antes de vender Viajes Marsans al INI (1964), era de los más beligerantes a favor de que el Turismo tuviera partida y protagonismo en el Plan de Desarrollo: “la única exportación que en España tiene razón de ser es la del Sol, desde la bahía de Rosas a la Costa de Oro malagueña”.

Suya es la frase de que “el turista es una inversión en moneda nacional cuya amortización e intereses se cobra en divisas”. Ni por esas se daban por aludidos los tecnócratas del Plan. Y él iba a más: “el Turismo hay que medirlo con las reglas del Comercio”. En una conferencia en Madrid en aquél verano de intentos desesperados por colocar al Turismo en la órbita económica que fue el de 1963 contó “en los años 20 la balanza de pagos la mantuvieron los indianos; en los años 60 es el turismo y soportamos el remontaje de nuestra industria hacia la plena modernidad y eficiencia”… pero clamaba en el desierto.

No lo dijo Marsans, pero sepan que en el verano de 1963 las tarifas medias estaban en los 8 $/día por turista en España… mientras que en Francia estaban en los 16’4 $; en Italia en 13’7 & y en Gracia en 8’8 $.

Bueno, bonito, barato y para propaganda. Así comenzamos… y así…. ¿seguimos?

 

 

 

DEL TURISMO SOCIAL; QUE SE INVENTÓ EN BENIDORM

 

Ayer me di de bruces con la clave de una de las facetas que trabajamos en el Equipo de Diagnóstico para BND WH: “cuando el turismo en nuestro país no era sino un negocio de capitalistas, Benidorm inventó un turismo social. Transformó en empresarios a todos sus vecinos e hizo de la empresa turística negocio popular y común“. Pedro Zaragoza; marzo 1963… Y así lo colgué en FB.

Era un extracto de un artículo –“Los municipios y el Turismo”- que le publicaron a Pedro, don Pedro, Zaragoza en el Diario Informaciones, el vespertino madrileño, en marzo de 1963.

El Diario Informaciones tiene su aquel. Fundado en 1922, dio más tumbos ideológicos que vaivenes soportó la Historia de España. Durante la Dictadura de Primo de Rivera estuvo vinculado a banquero Juan March; durante la Segunda República Española estuvo subvencionado por el Tercer Reich, siguió una línea filonazi, con González Ruano, Marqueríe y otros. En 1936 fue incautado por la UGT y pasó a ser órgano de comunicación del PSOE. Con el franquismo lo dirigió Víctor de la Serna con marcado sesgo hacia el Eje hasta que en mayo del 45 miró hacia la embajada de los EEUU. Los democristianos lo tutelaron avanzando los 60 y al final de la década pasó a manos de Emilio Botín que lo modernizó… y ahí comenzó Juan Luís Cebrián… y Martín Prieto… y María Antonia Iglesias… y Fernando Jáuregui… Total, que en los años previos a la muerte de Franco incorporó, como en realidad había hecho desde siempre, un modelo de periodismo ágil y moderno, que le valió ser considerado el periódico precursor de la Transición. Cuando se fundó El País, lo mejor de la Redacción se pasó al nuevo diario y… en 1983 desapareció. Ni siquiera Emilio Romero lo pudo reflotar.

Vanos, que fuere como fuere la cosa política en España, publicar en Informaciones era un puntazo. Y ahí Pedro colocó varios artículos.

No tengo la fecha exacta, pero es de marzo de 1963 y Pedro, don Pedro, se muestra contundente: “Del Turismo en España puede decirse que en parte ha nacido por generación espontánea y en parte por acción municipal”. No señala al Estado.

Apunta a los orígenes: “En Torremolinos fue el fin de semana de los ingleses de Gibraltar…; En el resto de España, por acción municipal…”.

Expone las claves: “Primero la inquietud y luego la imaginación pusieron las primeras piedras… antes de que comenzara a configurarse… una política una política específica de fomento y desarrollo turístico…”. Primero fueron los Ayuntamientos que derrocharon inquietud e imaginación.

Fue complicado: “La labor no fue fácil porque hubo que crearlo todo a partir de cero. Los Ayuntamientos asumieron responsabilidades al embarcarse en una empresa cuya naturaleza prácticamente desconocían… arriesgaron mucho sin otra garantía que la de su fe… Luego vendría el éxito a confirmar que sus esfuerzos no habían sido estériles”.

BND 1963

Pedro, don Pedro, sigue en lo suyo. Resulta que entonces se debatía en Madrid hasta dónde llegarían las competencias del Ministerio de Información y Turismo en el proceso turístico español. Y el alcalde de Benidorm defiende la parcela del municipalismo: “Aquel turismo municipal, cuyos instrumentos no eran otros que las oficinas de los Ayuntamientos y los beneméritos CIT, produjo un tipo de turismo que luego ha sido sumamente beneficioso para el desarrollo económico del país”.

Pedro, don Pedro, lo califica de Turismo Social y argumenta que buscando su implantación “…los Ayuntamientos han podido llevar a cabo obras verdaderamente revolucionarias transformando pueblos muertos en centros de riqueza…”. Llega a decir que el turismo ha cortado “históricas corrientes migratorias… modificando el signo de muchas comunidades locales”. Y ahí coloca la frase de inicio de este Post. Y sí, Turismo Social.

Pedro, don Pedro, es reivindicativo. Y en aquellos años, ser reivindicativo no era frecuente y sí un atisbo de ligera inconsciencia. Pero Pedro, don Pedro, era así y destaca en su artículo que “Esta acción debe, pues, ser asistida”. Diciendo que la acción municipal debe ser asistida pide Pedro, don Pedro, -sin decirlo- pesetas para seguir. Y pone como ejemplo a Benidorm; lo que se ha hecho y lo que se iba a hacer.

Y como sobre todos pendulaba la espada de las competencias del Ministerio de Información y Turismo -sobre todo lo que tuviera que ver con el Turismo-, Pedro, don Pedro, se despacha con un “creo que sería equivocado el mermar, limitar o intervenir esa fuente de imaginación y de iniciativas que constituye cada municipio”. Deja al Ministerio las labores de “vigilancia y ordenación” del sector; pero nada más; el resto, al Municipio.

Ni que decir tiene que no le hicieron mucho caso, pero ahí queda su tesón por defender el municipalismo y en reclamar “asistencia” (pesetas y duros) para que los ayuntamientos continuasen con su labor.

Vale, Benidorm disponía un Plan General de Ordenación que tenía -más o menos- claro por dónde debían ir las cosas, pero ¿y los demás? Si -aún- estando el Ministerio por medio se hicieron algunas/muchas barbaridades, ¿qué no hubiera pasado de no existir un órgano superior? Los reinos de taifas hubieran sido el Monopoly, sin reglas, de la época.

Esto… las cosas de Pedro, don Pedro, me llevan a los postulados de Graham Hutton. El veterano profesor británico sostenía por aquél entonces que el “Turismo es el vehículo del nuevo Humanismo” (Humanismo Siglo XX) y esto le llevaba a sostener que el Turismo era “una aventura perfeccionadora del conocimiento y una actividad creadora de la conciencia de planetariedad”. Sí, planetariedad; a principios de los 60 esto de la globalidad -la mundialización- no estaba de moda y Hutton se inventó el palabro ‘planetariedad’ como Pedro, don Pedro, el calificativo de Turismo Social para el momento en que las clases medias accedieron al Turismo.

 

 

 

A FAVOR DEL TELEFERICO DE SIERRA HELADA

 

El jueves 19 de octubre se va a presentar el proyecto más emblemático de los últimos treinta años en Benidorm: el Teleférico y Mirador de Sierra Helada. Supe de la iniciativa a través del promotor, Antonio Manuel Puchades, y he seguido el proceso, que ha sido largo -pues hay que tocar muchas teclas y más aldabas de puertas institucionales-, hasta que por fin sabemos que se va a presentar en sociedad.

TELEFÉRICO 1

Me enamoró desde que conocí el proyecto porque recuperará urbanísticamente una parte de Benidorm que ahora mismo, por lo que sea, está abandonada y, además, dotará a Benidorm de un singular atractivo que posibilitará una puesta en valor de los atractivos de un sector de Sierra Helada que ahora mismo sólo son posible a vuelo de dron, vista de pájaro, o deambular litoral en barco.

He tenido la oportunidad de salir a contarlo a través desde estas páginas pero había preferido que fuera la ilusión del señor Puchades la primera en darlo a conocer. Lleva mucho tiempo trabajando en este proyecto y viviéndolo en primera persona con total intensidad y máxima ilusión. Debía esperar mi turno. Pero héteme aquí que ahora me encuentro con un estertor -no se puede calificar de movimiento- que, de entrada, dice NO al proyecto; unos cuantos en redes sociales. Y lo más que pueden saber del proyecto es lo referido, sucintamente, en algunos Medios de Comunicación. Pero ¿cómo se atreven a decir que no sin conocer el alcance y la repercusión?; ¿Qué saben del proyecto? He leído tanta sandez en las últimas cuarenta y ocho horas que me hierve la sangre y me impulsa este Post.

Sí, resulta que los del NO “denuncian” el impacto ambiental que produciría. Hombre, impacto… Impacto, impacto… ¡¡Implicación paisajística!!

Las implicaciones paisajísticas serían evidentes y puntuales, pero el impacto… Vale: tirando de matriz y para el lugar escogido, lo podríamos encontrar -plantilla en mano- en la vegetación, la fauna, los hábitats naturales, la geología, la geomorfología y la hidrología. Ustedes mismos. Échenle un ojo a esa zona de Sierra Helada y me anotan lo de vegetación, fauna, hábitat natural, geología, geomorfología e hidrología… me tiran una raya y suman.

En fin, que todos los posibles males referidos a la estación base, el mirador y las torres me caben en una hoja de papel de fumar.

Pero ¿por qué no ponemos también los beneficios que pudiera llegar a reportar?
Sí, en ese capítulo también entran cosas.

En el colmo de maldades, también estaríamos en la sustitución de los usos del suelo en muy concretos puntos y, como mucho en los impactos de funcionamiento y producción de residuos.

Pongan cada cosa en el platillo, correspondiente, de la balanza y, en conciencia pesemos y pensemos. Ah, resulta que pensar es el problema. ¡Pues claro!

De momento, a bote pronto, solucionamos urbanísticamente el desaguisado del entronque final entre la Playa de Levante y Sierra Helada, que a partir del acceso al Hotel Nadal es un baldón a la imagen de Benidorm hasta el bananero embarcadero y más allá. A partir de ahí, conferimos entidad a la zona, creamos un nuevo atractivo y coronamos el proyecto con un mirador al estilo de los más modernos donde el cristal sobre el vacío del acantilado hasta el mar le conferirá un plus a Benidorm.

TELEFÉRICO 2

Sólo con responder a la pregunta del folleto está todo dicho.

La propuesta integra Sierra Helada en la trama urbana; y eso es una asignatura pendiente desde siempre. Y podemos colocarnos, con un referente puntero más, en una órbita superior del turismo.

El proyecto es, cuando menos, ilusionante. Y veo muy bien que haya ciudadanos que se preocupen por el impacto ambiental… pero: ¿por qué no se preocupan también por el impacto urbano?, ¿por el impacto social?, ¿por el impacto turístico? Los municipios turísticos vivimos de mantener esa imagen posicionada de atractivos. Vendemos algo tan etéreo como la felicidad que necesita unas bases firmemente ancladas a la realidad paisajística y urbana de donde se asienta, de donde se disfruta el producto.

El teleférico de Sierra Helada significará un hito turístico. Sus impactos no serán significativos y en todo caso resultarán compatibles con el medio en el que se asienta. La sensibilidad del promotor de la idea debe ser también tenida en cuenta: es aval y garantía por y para Benidorm.

Y no es la primera vez que se efectúan proyectos para esta zona, pero este tiene ahora mismo la bondad de la idoneidad. Es un revulsivo de ilusión.

También nace con la proa puesta por algún miembro de la Administración autonómica que se marcó en su día que “sería difícil de encajar en las normativas de los parques naturales…”… La legislación no debería ser un problema porque los más famosos teleféricos del mundo están en el Parque Nacional de Banff (Canadá), del Parque Nacional Chicamocha (Colombia), en el Parque Nacional de Berchtesgarden (Alemania)…. En el Parque Nacional del Teide, en el Parque Natural de Cabárceno…

En fin, que hay muchos tonos de verde y muchos bordes… que limar.

 

 

DEL RUIDO Y DEL RUMOR… ASÍ ES BENIDORM DESDE SIEMPRE

 

Desde que Benidorm se metió en esto del turismo una constante obsesión ha sido la del ruido -o del rumor– que ha degenerado en más de una diatriba de uno u otro bando. Yo mismo, en agosto de 2014, me pronuncié al respecto –Del ruido… y Benidorm– en medio de una nueva ofensiva local en la que incluso se llegó a plantear la tolerancia cero con el ruido y el turismo. Ni que decir tiene que no pasó de un vago intento… que se repite año tras año y cuesta controlar. Pero es vida.

Yo, que he oído el silencio en una zona boscosa inmediata a Praga… y no lo considero agradable, disfruto del rumor de Benidorm; es como el rumor –ruido continuado, agradable son– del mar. No considero ruido lo de Benidorm. Pero ese soy yo. Otros habrá que no podrán dormir en las noches de la canícula.

Hace nada y menos, en la labor prospectiva que acometo (BND WH), me he encontrado con un artículo de los años 60, que firman unas iniciales –L. N.– planteando para aquel Benidorm de 1961 la necesidad del silencio: “El silencio es oro”. Es más, afirma LN que “el ruido es la ruina”. Sin desmentir la primera cuestión habrá que alcanzar una postura intermedia que no nos lleve a la segunda.

¿Cómo va a ser ruina la vida? La vida tiene su banda sonora.

LN se ampara en una encuesta del diario francés Le Figaro para el Salón de Vacaciones de París de 1961 –Viajeros, turistas, veraneantes– en la que se destaca el aprecio de todos los encuestados por el silencio (93’4%) en esa etapa de descanso ocioso que suponían (y tal vez ahora también supongan) las vacaciones. Asegura el tal LN, con un amplio argumentario, que “la mayoría -de aquellos turistas de 1961- no quiere ruido”. Y deja caer posiciones como que “la necesidad de silencio es total hoy en día” (¡y comenzaban los 60!); o que “el silencio -en la encuesta- es más valorado que la comodidad y la higiene”, lo que me da que pensar sobre los franceses y el tal LN.

Viene a terminar con la imprescindibilidad de “los momentos de calma” -que una cosa es el ruido y otro la tranquilidad- y concluye con un “¡Ay de Benidorm si no recobra su silencio que es la esencia de su razón de ser!”

Suena a amenaza. ¿Tan desmadrado andaba ya Benidorm en 1961?; ¿tan delicados eran los tímpanos de LN?

Un Boletín municipal recogía el artículo del tal LN y el siguiente Boletín contenía una respuesta editorialista que venía a justificar el rumor -para mí; ruido para otros- de Benidorm. Me gusta cuando le replican a LN con un “si no hubiera turismo habría menos vida y, seguramente, más silencio”. En la respuesta al artículo de LN se le dice a las claras que “nosotros -Benidorm- preferimos la vida”, y se le explica que “lo que la gente busca es cambiar las circunstancias, solazarse” (desmadrarse), concluyendo que “preferimos la vida en Benidorm”, aunque matizando que lo que se quiere es “un Benidorm con silencio si es posible, pero con vida”.

Compaginar vida y silencio ya era delicado en 1961.

El objetivo de Benidorm estaba claro desde que se aprobó el Plan General; incluso antes, cuando en la terraza de casino Ronda se planteara por Pedro, don Pedro, la disyuntiva: “o Turismo, o nada”. La frase, lapidaria, debería estar cincelada en mármol: “Benidorm se transformará en lo que todos soñamos: un gran espacio vital de intenso sabor mediterráneo para el turismo de todo el mundo”.

Y un espacio vital es sonoro, incluso trepidante. La vida es explosión. Y aquí se buscó la intensidad.

Recuerden: el mundo se sobrecogió cuando se publicó “Silent Sprint” (1962), donde Rachel Carson contaba en qué mundo silente nos meteríamos sin el ruido -vivo ruido- de las aves en primavera. Se actuó contra el DDT y se creó la primera agencia de protección ambiental (vale, en USA; y nos duele). El mundo fue consciente de que necesitaba ruido de vida, al menos en la primavera.

Lo nuestro es el ruido; en fin, rumor de vida; porque la vida es alegría sonora.

Ahora bien, reconozcamos que es necesario evitar el desmadre acústico y en ello Benidorm ha sido pionera desde siempre en este tema en apartado “descanso”. Se ha sido, incluso, beligerante.

BND RUIDO CLAXON 3

Benidorm restringió -ya en 1959- mediante Bandos de Alcaldía la circulación de motos y velocípedos con motor entre las 24 horas y las 6 de la madrugada, el uso de señales acústicas (el pito de los vehículos; el claxon, para los más modernos) en el caso urbano, el uso atenuado de la radio a partir de las 23 horas; los altavoces de espectáculos, que debían amortiguarse a partir de las doce; y los talleres se abstendrían de perturbar el descanso (vespertino)… En los accesos a Benidorm se recordaba esta cuestión, pero, al mismo tiempo, se alentaba la vida conscientes como eran de que sin ella este espacio vital se quedaría sin vida.

 

El ruido se puede gestionar: se identifican las fuentes y los caminos de propagación que evidencian la exposición al ruido por la estructura urbana; se analizan los efectos (incluso sobre la salud); se realiza el análisis de costos y beneficios de la actuación; se valora y pondera y se establecen las medidas oportunas que, ¡ojo!, pueden suponer cambios en las infraestructuras y en los comportamientos de todos. La gestión del ruido es compleja y la actuación sobre las ZAS (zonas acústicas saturadas) aplicando el PAC (plan de acción comercial) que es el que permite las actividades.

Ahora bien: el ruido de la calle, el de las personas… es sólo cuestión de concienciación, de civilización y conciencia; de sentido común, que es el menos común de los sentidos. ¿Quién no se ha arrancado una noche -estando tan a gustito- por un palo del flamenco… sin saber lo que se hacía?

Y siempre tendremos que la vida es tan cruel que los gatos de tu callejón te aullarán a gritos esta, o cualquier otra, canción.

BENIDORM PRIMAVERA CONSTANTE

Es rumor; lo de Benidorm es rumor… Preferimos, como entonces, la vida; Benidorm con vida, vitalista y real. Primavera constante.

 

 

Nota: mi agradecimiento a Paco Bou. Siempre tiene las fotos que necesito. Yo también, pero archivadas de forma que nunca las encuentro.

 

DEL BOLETÍN MUNICIPAL

 

Benidorm contó, desde finales de 1959, con un fiel aliado para llevar a cabo la nueva empresa que el Ayuntamiento y la ciudad acababan de poner en marcha: su apuesta por la planificación de la ciudad y su explotación para la industria del Turismo.

Me refiero al Boletín Municipal que sigue al pie de la letra aquello de formar, informar y entretener. Bueno, esto último no creo que nadie, en su día, pensara siquiera, pero es un entretenimiento formativo e informativo su lectura pesado, bien pasado, medio siglo.

BOLETIN MUPAL BND N1 1959Llena páginas -y no es un reproche- subiendo capítulos de la Historia de Benidorm de Orts y Verdín; incluso tira del Archivo Parroquial y las investigaciones arqueológicas del ilustrado párroco Luís Duart. Obviamente resume los acuerdos municipales de toda índole y nos cuenta detalles fantásticos: desde los multados (contra la Ordenanzas o el tráfico) a los listados de contribuyentes (incluso morosos) a las causas abiertas. Pero siempre abre, en portada, con una firma ilustre y elogiosa para Benidorm, como tarjeta de presentación: Otto de Habsburgo, José de Rojas, Marqués de Valdeiglesias, Francisco Casares, Francisco Orts Llorca, Juan Carlos Villacorta, Vicente Ramos o Castillo Puche, que ilustró nuestro último Post.

Estaba repleto de detalles. Publicaba mensualmente la cantidad del cambio de divisas en la ciudad, comprobándose que mes a mes, especialmente en verano, la cifra iba en crescendo. Lo mismo ocurría con la venta de sellos de correos (llegando mensualmente al millón de pesetas), el capítulo de giros postales o la cuestión del telegrama. Y no me refiero a la canción que ganó un año el Festival de Benidorm -epicentro de la publicación en el mes de su celebración y en los previos y posteriores porque daba mucho juego- sino en aquel papel azul que contenía unas pocas, pero definitorias palabras en una tira blanca (negro sobre blanco) condensando ideas y finalizando cada idea plasmada con un ‘stop’.

El jornal medio, los presupuestos municipales, los anteproyectos urbanísticos, cualquier subvención, el cuadro de temperaturas (atmosféricas y del mar) o el movimiento demográfico de la localidad tienen un puesto destacado. Y en esto es maravilloso ver que de 0 nacimientos, 5 matrimonios y 2 defunciones pasamos, en tan sólo un año a 12 nacimientos, 10 matrimonios y 6 defunciones evidenciando un muy positivo saldo demográfico.

Lo cuenta todo. Desde la ubicación exacta de Benidorm (38º 32’ 4’2” N – 0º 17’ 53’8” W) a la también exacta superficie de 3.798 hectáreas, 59 áreas y 37’5 centiáreas. Hasta que la calle Orts Llorca fue el primer proyecto terminado en España dentro del marco de la Ley del Suelo. La traída de aguas y su intrahistoria, el alcantarillado o el problema de la vivienda; de dotar de una vivienda digna para todos aquellos que hacían funcionar Benidorm.

BND ALOJAMIENTOS 1960En sus páginas estaba el listado de alojamientos hoteleros al despuntar 1960, con categoría y número de camas. Así, las 1661 camas se distribuyen en 4 hoteles de 1ª A (445 camas), 7 hoteles de 1ª B (390 camas), 11 hoteles de 2ª (490 camas), 2 pensiones de 1ª (56 camas), 6 pensiones de 2ª (186 camas) y 5 pensiones de 3ª (94 camas). Incluso se publica el listado de precios y… todos aquellos sancionados por cobrar en exceso en cualquiera de los establecimientos de la ciudad o engañar en el peso. Aquello era transparencia, oiga.

Por cierto, he descubierto fidedignamente que además de esas camas hoteleras reseñadas en el párrafo anterior, en aquella España de 1960 ya estaba regulado el tema de alojamientos en casas particulares. La Oficina Municipal de Turismo y hasta los directores de hotel tenían un listado de “economías colaborativas” (que hoy llamaríamos); particulares que acomodaban en casas y pisos que tenían que estar declarados ante la Delegación Provincial del Ministerio de Información y Turismo por aquello de la capacidad y condiciones higiénicas. La cuestión era no perder un cliente; y medio pueblo estaba implicado en ello alquilando (a través de esa fórmula, o directamente) habitaciones, hasta con derecho a cocina, o la casa entera para momentos del veraneo.

Hay tal cantidad de datos que cuesta procesarlos, pero ya, en el verano de 1960 resulta que los ‘extranjeros’ representaron el 56% de los alojados en hoteles.

BOLETIN MUPAL BND N42 196_

En este documento -hoy es un documento para la investigación- se encontraba todo lo referente a la vida y a la actividad local. Se informaba al obrero sobre haberes, bajas por enfermedad, participación en beneficios, recibos, pagas y jornales, horarios, despidos, horas extraordinarias, clasificaciones profesionales, pasaportes; todo. Se informaba a la ciudadanía de arrendamientos, traspasos, cesiones, seguros sociales, cotizaciones, necesidades de ventilación y aireación, medidas de todo tipo para realizar cualquier proyecto hotelero. El trabajo de la mujer y los menores, las modalidades del crédito hotelero (que excluían a Benidorm y a Palma de Mallorca, ¡lo que hay que leer!, a pesar de saberlo y no entenderlo) y hasta el acceso a las becas. Está todo. Es un manual de supervivencia para el Benidorm de la España de los 60 donde conviven los mensajes del Sindicato de la Construcción, la Junta de Abastecimientos, el Pósito de Pescadores o la Hermandad de Labradores y Ganaderos que recomienda consejos de plantación, regadío, tratamientos y recolección. Era como la Enciclopedia Álvarez, pero por fascículos.

Un libro, “El hospedaje y sus problemas” (Enrique G Estefani y José Visedo), es epicentro de cada entrega mensual desgranando todos los aspectos del Reglamento Nacional de Hostelería y todo lo referente a cuestiones de higiene para que la industria alojativa de Benidorm sea moderna, conforme a ley y eficiente.

Los cuadros mensuales de temperaturas -máximas, mínimas y del mar- nos hace pensar sobre la ubicación del termómetro y, cuando menos, el efecto Isla de Calor de hoy…. Pero, en todo caso, es Historia de Benidorm; Historia del Turismo y merecería el Boletín Municipal más difusión y mayor proyección.

 

Nota: mi agradecimiento a Paco Bou por las portadas del Boletín Municipal.

 

 

DE UN PUEBLO QUE TUVO FE; DE BENIDORM 1960

 

José Luís Castillo Puche fue un buen escritor, con estudios eclesiásticos y título de periodismo en el 44, amigo de Pío Baroja, jefe de Prensa del Ministerio de Educación, Premio Nacional de Periodismo (1952) y Premio Nacional de Novela (1954), director de la Editora Nacional y profesor de Redacción periodística en la Complutense madrileña.

BND CASTILLO PUCHE II 06.11.1969En el ejemplar del Diario ABC del 6 de noviembre de 1960, en color, Castillo Puche publica en las páginas 21 y 22 un artículo titulado “Benidorm no pierde, con nada, su gracia de pueblo levantino y marinero”, con la particularidad de haber invertido el sentido de un fotolito y salirnos con el espigón del puerto al revés.

Pero eso es lo de menos. Lo mollar está en cómo describe en periodista lo que ve; el asombro que le produce y el extasío de como lo describe. “300 construcciones de nueva planta, 98 casas rehabilitadas, 210 locales industriales de nuevo cuño” en apenas dos años, dice que le contó “el joven arquitecto Casanueva” (que imagino sería el arquitecto Casanova). Al mismo tiempo reseña y se maravilla del momento en que llega a Benidorm: “treinta bloques de apartamentos y otros tantos en construcción, doce hoteles de 1ª y otros tantos de 2ª, diez residencias y quince o veinte pensiones”, señalando a continuación que “todo el pueblo es piso alquilado”; la economía colaborativa de hoy en día.

BND CASTILLO PUCHE 06.11.1969

Y lo que más le maravilla es que, pese al boom turístico y a la llegada de extranjeros, “Benidorm sigue manteniendo su gracia de pueblo levantino y marinero -Castillo Puche es lorquino- a pesar de fluorescentes, verbenas y festivales”.

He constatado que a los intelectuales de la época el Festival de la Canción no les atraía ni lo más mínimo; critican las letras, los ritmos, las melodías y a los intérpretes. Pero como no fue un festival para intelectuales, triunfó.

Castillo Puche, como también Fuster, Capó y otros, destacan que junto al Benidorm turístico vivía otro “erre que erre en sus lutos y en sus cales (pueblos blancos mediterráneo a base de cal), impertérrito en sus tomates en agua y sal, e indiferente al bikini y a la cocacola”.

Le gustaba al periodista el poso de tradición que anidaba en la “grata penumbra tras las persianas, las umbrosas escaleras, las africanas terrazas… Benidorm está sabiendo conservar su carácter y encanto”.

Hoy, lo que maravillaba a Castillo Puche quedó desestructurado al poco tiempo de su reportaje y ahora sólo merece el título de Casco Tradicional; tan desvirtuado quedó que no puede llamarse ni Casco Antiguo o Casco Histórico.

Pero volvamos a las amarillentas páginas del ABC, un ejemplar de 128 y colores pastel con textos de Julio Camba y otras grandes plumas, centrado, mira qué cosas, en “la trascendencia histórica de un viaje de El Caudillo a Barcelona con motivo de la Carta de Régimen Especial de la Ciudad Condal”.

Así, en medio del éxito que describe, resulta que aquel Benidorm que visitó estaba patas arriba: en obras. “Ahora mismo Benidorm es un pueblo dificultoso, incómodo; casi desagradable. Medio pueblo está levantado, lleno de zanjas y montones de tierra. Más que una ciudad de verano se diría que es zona de guerra”. Pero eso no amilana ni a los residentes ni a los turistas y termina encendiendo el asombro del periodista: “Y, sin embargo, la gente va al mercado que está todo rodeado y ensordecido de máquinas perforadoras y de obreros de pico y pala que aquí cavan y allá echan tierra, que en una calle arreglan la fuente y en esta otra una boca de cieno”. Y llega a la admiración: “Nunca he visto, con todo, que la gente proteste menos ante tal cúmulo de dificultades”.

Y expone la clave de esa actitud: “Por lo visto, la gente tiene fe en Benidorm y en el turismo… y las obras las toman como propias”.

Ya, rayando el paroxismo, reconoce que “la principal industria del pueblo son los forasteros”. La gente lo sabe y se va implicando en el proceso, “pero todavía no han vendido la mula y el burro. Todavía, Benidorm de noche, por encima del ruido de los night-clubs, es pelea de gatos, ladrido de perros, furor de grillos y estallido de cohetes”.

Parece, explica Castillo Puche, “que Benidorm… hace dichoso al viajero. Es posible que ahora los veraneantes más que buscar oasis de descanso lo que busquen parrillas existencialistas…”. Yo me pierdo en lo de ‘parrillas existencialistas’ mientras imagino a los turistas tostándose al sol de la mañana y entre luces de neón por las noches, porque se maravilla el periodista con lo que ocurre: “la gente se ve que enloquece con este sol tostador y cegante que hace ponerse al rojo vivo a las cigarras”.

Se queja en la crónica de que “aún la carretera nacional atraviese la villa” y de que “no se terminan las obras de desviación porque el dueño de una vulgar alfarería pide que le indemnicen como si su rústica artesanía fuera arsenal atómico”. Pero al mismo tiempo elogia a las gentes de Benidorm: “Benidorm sigue manteniendo con orgullo capitana de la marinería del oficio. Benidorm ha dado durante muchos años más capitanes de barcos mercantes que muchas provincias marineras y aún hoy es puerto de origen de los más distinguidos alargavistas transatlánticos”. Se congratula de que “ya tiene Benidorm asegurada el agua -que parecía increíble y que ha costado tanto- y goza del futuro alcantarillado”.

Concluye con una verdad: “El mar no falla nunca en Benidorm”. Y en base a ello argumenta que: “Benidorm tendrá asegurado su provenir de pueblo universal en sol, luz, hospitalidad y exótico colorido”. Y creo que no se equivocaba porque entonces como ahora “quienquiera que aquí llega, aunque no tenga la comida a punto, aunque falle el butano o el petróleo, sabe siempre que el agua del mar le espera, a la hora que sea, en apetecible temperatura”.

La pincelada final de Castillo Puche es para la tradición: “Al mismo compás que Benidorm progresa y se moderniza, los benidormianos siguen replegándose en el vivero de sus tradiciones. Las casas sacan brillo a las lacas y renuevan el membrillo que conserva intactas las mantillas”. Esencia de pueblo que aún anida en el meollo de Benidorm… y no sé de dónde me saca el gentilicio “benidormianos“.

 

 

 

 

DE CUANDO SE ADVIRTIÓ EN BENIDORM (1960): EL PELIGRO DEL TURISMO ES LA IMPROVISACIÓN

 

No había hecho más que comenzar 1960 y Benidorm se dio de bruces con la realidad. La compañía aérea BEA invita a responsables turísticos de Valencia, Alicante y Benidorm a un encuentro con agentes turísticos en varias ciudades inglesas y Benidorm delega en Carlos Llorca Timoner, a la sazón 1er teniente de alcalde y concejal de Obras y Urbanismo.

Y el Sr. Llorca Timoner vuelve de la Pérdida Albión asustado: el índice de repetición es nulo; “los turistas ‘habituales’ de Benidorm son cero”. No tenía ni idea, confiesa por escrito el edil, de la importancia de este tema; y es que allí todos le explican que eso es malísimo. Vale, no hacía nada que Benidorm había entrado, oficialmente, en esto del turismo moderno, pero en este viaje se encendieron todas las alarmas. Fundamental la repetitividad: que el turista vuelva. Ahora mismo estamos por el 72% de índice de repetición, que es -reconozcámoslo- un índice altísimo; una cifra magnífica.

Y no sólo por eso de la repetitividad volvió Carlos Llorca asustado.

Resulta que allí todos los que entendían un poco del tema le decían que “la industria hotelera de Benidorm no está a la altura necesaria para retenerlos” y le aconsejaban “mejorar radicalmente los servicios” en los hoteles.

Las críticas se las trajo por escrito: “mejorar en el trato directo, en la limpieza, en la falta de interés al servir” y en el idioma. La queja más habitual era “respecto del inglés”; casi nadie lo hablaba y mucho menos lo hablaba bien. Las quejas llegaban al servicio de habitaciones por la tardanza “a la hora de hacer las camas”, a las comunicaciones con “teléfonos sin línea”, cuartos de baño con “averías que no se reparan y pasan los días” y con el vestuario del personal (chaquetas llenas de manchas).

ESCUELA NAC HOSTELERÍA 1959Carlos Llorca redactó un memorándum y aquí, en la terreta, el alcalde conminó a todos a solucionarlo. Tomó cartas en el asunto Pedro, don Pedro, Zaragoza y se volcó en la figura del director de hotel para organizar el tema. “Aquí hacían falta directores de hotel”, me contaba en aquellos ratos en la bodega de La Cambreta del Chano.

A los pocos meses del ‘Informe Timoner’ Pedro, don Pedro, consciente de lo que se jugaba Benidorm y España en esto del turismo llevó más allá de Benidorm la necesidad de la profesionalización del sector y la figura del director. El diario Arriba (16.09.1960) le publicaba un artículo -firmado por el propio alcalde- sobre la cuestión que afectaba negativamente la imagen de España bajo el título “La improvisación hotelera, grave problema para el Turismo” donde Pedro, don Pedro, reclamaba la necesidad de un director de hotel en cada hotel: “En un hotel es imprescindible un director técnico y especializado”.

Trascendente me resulta leer que “el peligro del Turismo es la improvisación” y ahí entra a saco el ponente con que hay que evitar “la improvisación en el urbanismo, la improvisación en la arquitectura y la improvisación en la operativa”. Denuncia ya el “anárquico crecimiento de la industria hotelera” por el resto del país, aunque benevolentemente señala que lo hace “con la mejor intención”. Apuesta por trabajar firme y seguro, huyendo -insiste- de cualquier tipo de improvisación.

Pedro, don Pedro, reconoce que “el hotelero es el alma del hotel”, pero quien debe dirigir es el director de hotel y plantea la necesidad de una profesionalización. “Ocurre con los hoteles lo que con los barcos. Un barco no puede hacerse a la mar si no cuenta con una dotación de personal técnico”. E incide en la cuestión de la necesidad del director tirando de símil: “Para mandar (un barco) se necesitan unos estudios y unas prácticas; hay que saber navegar y estar en posesión de un título que garantice pericia”. Machacón. insiste: “una cosa es el armador, o el naviero, y otra el capitán del barco”.

Reiterativo explica: “dirigir un hotel requiera conocimientos, tacto y mucha imaginación”.

Y se pone pesado con la cuestión porque “la falta de director en muchos hoteles está dando lugar a una propaganda negativa fuera de España que de no ser corregida puede malograr el resurgir turístico”.

Es consciente don Pedro de que “no se pueden inventar directores de hotel” y que “en España hay más hoteles que directores”, por lo que exige que esa figura, el director de hotel, sea requisito imprescindible en hoteles de Lujo, 1ª A y 1ª B bien “de la Escuela Nacional de Hostelería”, bien “de las muchas y acreditadas escuelas que hay en el extranjero”.

La Escuela Nacional Superior de Hostelería se inauguró el 4 de marzo de 1959. En ella se impartían todas las enseñanzas de hostelería y turismo con carácter oficial de España y entre las que se encontraban gerencia, cocina, servicios y gobernanta de hotel. En 1960 pasó a ser Escuela Sindical Superior de Hostelería y en 1964 los estudios de Gerencia se convirtieron en una Diplomatura de Turismo. La verdad es la “Escuela” arrancó en 1945 en la calle Cervantes, en un primer piso, cerca de la Gran Vía, para “aprendices, ayudantes y botones”, bajo la dirección de don Eleazar Bermejo, director del Hotel Ritz. Pero viendo la necesidad de darle entidad y contenido se programó y construyó un nuevo edificio en la Casa de Campo y se prepararon planes de estudio para el curso 1958-1959. En 1962 se instaló en su patio central una cabina de avión para la formación de azafatas.

Y poco a poco, pero eso ya es otra historia, nos fuimos adentrando en cuestiones de preparar profesionales para las funciones del turismo y la intrahistoria del título de director de hotel tiene su aquél.

Aquí, hoy, lo que nos interesaba es que Benidorm estuvo presto y al quite en la persona de su alcalde: Pedro, don Pedro, Zaragoza. , que sentenció en el texto… y para no improvisar reclamó formación profesional, especialmente de cuadros superiores en los años 60. Tardaría tiempo en verla, pero fue pionero también en esto.