DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (X)

 

PASAJERA 1 MILLON-OCT 1963El equipo de la Secretaria General de Turismo, porque le iba la vida en ello, no paraba de inventar cosas que tuvieran repercusión en los medios y le ayudaran a colocar el Turismo en la mente de todos los españoles; de los que mandaban y de los no . Uno de aquellos ‘inventos’ fue ‘el turista ¿? millones que sería recibido a bombo y platillo en el aeropuerto turístico de turno, según conviniera. En octubre de 1963 se daba la bienvenida a la pasajera 1 millón, en Madrid. Y ni te cuento lo de las mises… pero el ser el turista X millones era la repera.

Se seleccionaba el país de procedencia y el destino del momento; se buscaba una pasajera agraciada y se esperaba que los Medios de Comunicación hicieran el resto; y lo hacían. Como lo hacían con otro invento: el del “Día del Turista”, que en 1964 estaba ya generalizado. La prensa, la radio, las revistas y el cine apoyaron siempre al Turismo.

DIA DEL TURISTA 1964

El equipo de Fraga trazó planes para que “los españoles fueran adquiriendo conciencia de su papel como diplomáticos de paisano” con los turistas. Y como se quería estar a bien con todos, se llegaron a cuestionar los toros y el piropo. Con los toros no hubo nada que hacer: los turistas acudían a las plazas. Pero con el piropo… con el piropo se reclamaba “cortesía”, evitando “la chulería y el chicoteo[1]”. A todos nos pueden venir a la cabeza ‘piropos 3R’ (para mayores, con reparos) y barbaridades patológicas de tipo caníbal.

ABC 16 06 1953.jpg

Normas de 1953

Pero con la moral pública, principalmente con el traje de baño, la cosa se las trajo.

Más que nada, la cosa fue por la difusión en los tabloides británicos y en la prensa sensacionalista alemana que se hacían un eco impúdico de lo que aquí podía llegar a considerarse impúdico comportamiento del turista en cuestión (de la turista, principalmente): desde besarse en público (que sería por un calentón y no por el beso en sí) al traje de baño con menos centímetros cuadrados de los estrictamente aceptable para la trasnochada moralidad patria de la época.

Le leo a Pack que el marqués de Santa Cruz, José Fernández-Villaverde y Roca de Togores, embajador de España en Londres una pila de años, recibió una carta -21 de agosto de 1959; custodiada en el Archivo General de la Administración con referencia 77.02/6871- de la británica madre de una chica, modelo de ropa de baño (se especifica), en la que le comunicaba en tono de queja al señor embajador que ‘tras pasar 2 semanas en Benidorm’, “nadie se ha quejado sobre [mi hija] ni ninguna otra persona que llevara bikini en la playa” pero que ‘luego un guardia civil arrestó a la chica por vestir ese traje de baño’. ¿Un guardia civil en el casco urbano de Benidorm? La carta es consultable en Paseo de los Aguadores, 2, de Alcalá de Henares, sede del AGA… lo dejamos para otro día, por, también le leo a Pack, ‘un diario de Stuttgart, en 1963’ decía que por aquí, en España “todas las mujeres llevan bikini” y que “ni la Guardia Civil los reprime”. (“a bayoneta calada”; que la Benemérita impone incluso a orillas del río Neckar).

BIKINI BND 1963

Bikinis; Playa de Levante. Benidorm, 1963

La cosa se las traía. La Ley de Ordenamiento Jurídico de la zona Marítimo-Terrestre, en su Anteproyecto de 1965, llegó a reconocer una “policía de moralidad, salubridad, urbanismo, ornato y buen gobierno de las playas y lugares de baño y esparcimiento”, pero en la práctica era la Policía Municipal del lugar la que actuaba a instancias de la directriz del Gobierno Civil de la provincia que atendía la norma del Ministerio del Interior… y sobre esto ya hemos tratado mucho en este blog. No se toleraban los bikinis en las calles y sí en las playas; hubo más de una circular sobre el “uso de prendas ligeras -¡qué estilo, para no mentar el dos piezas!- en la zona propiamente urbana de la zona balnearia y ciudadana normal”. En la página 223, Pack coloca una foto de chicas en bikini cuyo pie de foto dice: “A principios de la década de 1960, el bikini había conquistado ya a cinco de cada seis bañistas de la playa de Benidorm”.

Era lógico que el diario Ya, (ultra) católico, y el beaterio nacional protestara por la relajación de las costumbres. El sacerdote y teólogo Antonio Pildain, obispo de Canarias hasta 1966 (que había sido diputado entre 1931 y 1936) y que se declaraba un ‘intolerante doctrinal’, atacara el bikini: “se ha convertido en el símbolo del delito y la degeneración de la mujer de hoy”. Pero el bikini triunfó y la constelación de detractores no pasa de ser, hoy, un episodio más de Celtiberia Show (con permiso del maestro Carandell… que debiera ser de obligada lectura en 2º de Bachillerato).

celtiberia show

Pack pone como ejemplo del impacto del bikini, el turismo y las suecas -y del concepto de la trasnochada estructura patria una película (señalando que la irrupción del bikini generó un auténtico subgénero cinematográfico) de Manolo Escobar: ‘Un beso en el puerto (de Alicante, y el resto en Benidorm) -¡Bienvenida, Dorothy!- donde “un joven del campo, llamado Manolo (icono de la masculinidad ibérica del momento), se va a Benidorm buscando trabajo y enseguida aprende a sacar partido a su papel de donjuán para seducir a las veraneantes nórdicas. Al final, Manolo encuentra la virtud en la vida familiar y no en ese ‘juego peligroso’ que practicaba en Benidorm”… que era exactamente lo mismo que ellas -las veraneantes nórdicas- practicaban aquí -“juego peligroso”- para volver a su país y encontrar la virtud en la vida familiar con un rubio compatriota que hasta habían podido conocer durante sus vacaciones en España. ¡País!

UN BESO EN EL PUERTO + BND

Portada del disco; Manolo e Ingrid Pitt por Poniente, Al fondo, Benidorm

Ah, a Manolo ni mentarlo para “cosas malas”; Manolo era miembro de la Tertulia ‘Los cafés del Meliá’, tertuliano de pro y amante de Benidorm, donde sigue su carro y seguimos sus amigos.

Por cierto, el hispanista Justin Crumbraugh, en Destination Dictatorship: The Spectacle of Spain’s Tourist Boom and the Reinvention of Difference (SUNY Press 2009), cuenta exactamente lo mismo e ilustra con el mismo ejemplo que el libro de Pack. ¡Olé, Manolo!

Es que las costas, “caracterizadas por su cosmopolita anonimato, fueron la vanguardia de la liberalización que luego florecería en la España democrática”. Hasta los gays tenían puntos de encuentro en los destinos turísticos del litoral mientras ni en Madrid ni en la “obsesivamente modernista” Barcelona podía manifestarse más que en reducidísimos círculos.

El cúmulo de prejuicios no fue más que un ‘falso problema’ que se atajó con sentido común (que es el menos común de los sentidos y del que más adolecemos los españoles). Hasta la Iglesia Católica ‘Nacional’, tras el Concilio Vaticano II (1962-65) ofrecía “la oración del turista” y las misas “bilingües”. Pluralismo pragmático, el mismo que siempre empleo Fraga en esta etapa de la Historia de España.

Turismo y Cristianismo”, como lidiar este toro -aunque no se lo puedan creer hoy en día-, fue uno de los temas que con más enjundia analizó el IET. Arrillaga y sus expertos le deban una y otra vez la vuelta al calcetín intentando encontrar resquicio a favor de transigencia de todos como evidencia la serie de estudios y memorándums internos cursados… hasta que todo se diluyó. El turismo fue lo más europeizante que ha tenido España… y si se aburren, pues… la 1ª parte de este NO&DO de agosto de 1964 que incluye El Misteri d’Elx

 

 

 

 

[1] Lanzar puyas malsonantes

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (IX)

 

Nada; un retrasillo por una “excursión” al Cap i Casal, donde todo sigue igual… y vuelta a empezar. Y en cuanto empezamos a crecer en esto del Turismo… se dispararon los problemas. ¿Morir de éxito?; ¡nunca! Lo del éxito en turismo significaba más gente, lo que se traducía en necesidad de más agua, mejor gestión de los residuos (que aumentaban) y más de todo… más servicios en general. Hasta en Sanidad.

Sanidad y Transportes eran las deficiencias tradicionales de la Historia de España. En los años 60, como en los 40 o en los años 20 (por no salir del siglo XX). Y si ya estaba justita (o mal) durante el invierno la Sanidad, cuando en las zonas turísticas se duplicaba (triplicaba o quintuplicaba) la población durante el verano… ni te cuento.

lamanga1963

La Manga (del Mar Menor); 1963

En 1963, el equipo de Fraga planteó y consiguió que las situaciones surgidas de la aceleración demográfica veraniega fuera atendidas (estudiadas y en la mayor parte de los casos no resueltas) por una comisión de expertos. Los excesos demográficos por inmigración e industria, menos cuantiosos, solían encontrar mayor apaño que los turísticos, ocasionales y explosivos… de muchas pesetas de inversión. Turismo apoyaba los trabajos de la comisión de expertos porque “mejoras en sanidad atraían la afluencia de capitales extranjeros”.

El alcantarillado, cuenta Pack e imaginamos cómo de complicada sería la cosa, era muy deficitario en líneas generales en casi toda España; imagínense en los sitios turísticos. “En Benidorm -reseña Pack en el libro- la delegación local de la CCS[1] informaba en 1964 de que el alcantarillado sólo daba servicio al dieciocho por ciento de la población”. El urbanismo público iba más lento que el desarrollo turístico.

No obstante, el 10 de mayo de 1965 se puso en marcha un ambicioso Plan Urgente de Trabajos de Saneamiento en Localidades Turísticas  que actuó en 73 ayuntamientos turísticos de España[2] y a los pocos días operaba otro plan para carreteras[3] que se lo comió el Plan Redia (de mejora de grandes itinerarios) y los accesos a las grandes ciudades. Hasta 1968 no llegaría el primer Plan de Carreteras para el Turismo… cuyo importe íntegro se destinó para las carreteras de las zonas montañosas del Interior… en un alarde de inteligencia.

TUR SANLUCAR

Atardecer en Sanlúcar

Hasta que Gonzalo Fernández de la Mora no llega al Ministerio de Obras Públicas -en 1970- no se atendieron las necesidades de la comunicación de los municipios turísticos y se pusieron en marcha las potencialidades de aeropuertos como el de Alicante (04.06.1967) que, como el de Gerona o el de Almería (abiertos también a finales de los años 60) seguían peleando por conseguir autonomía en vuelos chárter y explotar todas sus posibilidades. El de Alicante, en 1970, consiguió operar “160 rutas chárter planificadas” y en 1971 ya había superado su capacidad operativa inicial (establecida en 1’2 millones de pasajeros/año); para 1972 ya disponía de nueva terminal, con sucesivas ampliaciones en 1975, 1978, 1988 y 1996[4].

Ya entonces se hacían tonterías, porque el aeropuerto de Almería se construyó sólo porque ENTURSA había programado una operación urbanística en Almería y… el caso es que se hizo. Cuando se abrió, ni una sola compañía mostró interés en operar en él. En cambio, el aeropuerto de Ibiza se las vio y se las deseó para salir adelante; sólo se le contemplaba como complemento al mallorquín. La demanda de vuelos a Ibiza hizo reconsiderar posturas a las autoridades y, al final, se consiguieron las instalaciones necesarias. No pasó lo mismo con la isla de Menorca: la próspera industria de artículos de piel y la labor ecuménica antiturística tanto del obispo Bartolomé Pascual Marroig, como del administrador apostólico Álvarez de Lara casi la sacan del mapa del turismo.

Como hemos visto en las dos últimas entregas, en todos estos años Fraga y su equipo hicieron mucho, pero se comieron muchos sapos. No sabría yo decir si salieron victoriosos con el 51% o con el 50’1%. Fraga, que iba de político liberal en el seno del Régimen, estaba ya hasta las narices de las continuas cortapisas: su equipo estaba harto de embestir molinos y de ver que no todos entendían las bondades del turismo. Total, que cuando estalló el escándalo Matesa (1969) se lanzó al abordaje de quienes le iban torpedeando… pero eran muy poderosos… Y Fraga salió del Gobierno.

La “conciencia turística” que había querido inculcar Fraga, el considerar al turismo como una “empresa nacional” estaba aún fijada con alfileres en el ideario gubernamental. Es que ni siquiera el No&Do se ocupaba del turismo como se debiera haber ocupado. La referencia al número de noticias por año es desalentadora: hasta 1962, “uno de cada cincuenta documentales del NO&DO se basaba en el turismo”; desde la llegada de Fraga al Ministerio “uno de cada once”.

ARRILLAGA - FDEZ FUSTER

Es que ni siquiera en los estudios de turismo prestamos interés. El primer especialista español fue José Ignacio de Arrillaga. “El turismo en la economía nacional” (1955) fue un aldabonazo en la puerta del Estado que muchos tuvieron en su manos, varios hojearon y alguno hasta leyó. Ahora es un “incunable” de la prehistoria turística española; casi tanto como el de su compañero Luís Fernández Fuster, “Teoría y Técnica del Turismo” (1967). El primero oficiaba en la Universidad de Madrid y el segundo en la Escuela de Periodismo. En la Universidad de Barcelona también se estudió el turismo, en seminarios, al iniciarse la década de los 60. A pesar de quedar reducido a seminarios, en la Universidad se tenía muy claro: el sol propiciaba buena parte del proceso y el resto lo ofrecía la coyuntura que podíamos disfrutar. Vamos, que -a pesar de los políticos- el turismo iba a más.

En 1965 se contaba ya por todas partes que “España se halla este año en camino de batir todas las marcas conocidas de afluencia turística a través de sus fronteras…” como así fue. La conclusión: “España es un país abierto donde todos los forasteros se sienten en su ambiente”.

El NO&DO 1126B, de 3 de agosto de 1964 lo contaba perfectamente entre los minutos 2’17 y y 4’52

 

 

 

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[1] Comisión Central de Saneamiento, dependiente del Ministerio de la Gobernación y dirigida por Enrique de la Mata Gorostizaga, quien en el 2º Gobierno de Adolfo Suárez, como ministro de Relaciones Sindicales, orquestó la libertad sindical en España.

[2] Dotado con 2.400 millones de pesetas

[3] Dotado con 79.000 millones de pesetas

[4] Nuevo edificio terminal en 2011, con capacidad para 20 millones de pasajeros/año. [10 millones de pasajeros en 2014 y 10’5 en 2015]

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (VIII)

 

Como nunca llueve a gusto de todos, al inicio de los 60, estalló la primea gran batalla del Turismo patrio. En aquél tiempo, en pleno desarrollismo, se había producido una loca carrera a más entre industrias “tradicionales” y “turísticas”, por lo general, en los mismos enclaves. Entonces, como ahora, a las empresas “turísticas” les molestaban las “tradicionales”… tipo cementeras, abonos, metalúrgicas, petroquímicas y altos hornos, conserveras y granjas (de vacuno y porcino; incluso aviar) que con sus efluvios -y humos- sumaban quejas en los enclaves turísticos. Pero es que las “tradicionales” eran necesarias para comer, para construir, para seguir adelante; ¿Qué hacemos?

Pónganse en situación con este ejemplo. Motril, en la costa granadina e inmemorial epicentro del cultivo de la caña de azúcar en la península; año de gracia de 1963. El incipiente y prometedor desarrollo turístico en la localidad va lento y una mente privilegiada del INI, porque hay que llevar trabajo al pueblo para cuando pase el verano, porque la caña de azúcar está vencida por la remolacha azucarera y decide montar ¡¡una fábrica de celulosa!! (papel)… que hiede[1] que es un primor. Lo peor para el turismo y para respirar como Dios manda. Con dualidades como esta, que se repetían por toda la geografía nacional, Fraga y su equipo urgieron una Planificación Regional buscando más que nada el ansiado control “sobre la calidad de las infraestructuras y sobre los promotores”. Fraga buscaba una Ley de Urbanismo Turístico Nacional que le alentaban los promotores del Plan General de Ordenación Urbana de Benidorm: Pedro Bidagor Lasarte y Luis Rodríguez Hernández, entre otros.

FRAGA Y SANCHEZ ARJONA 1962

Fraga y Sánchez Arjona visita exposición Planes Urbanísticos (1962)

Rodríguez-Acosta y el propio Fraga se desgañitaban explicando que la actuación no era “contra la iniciativa privada sino en apoyo de la misma”. Pero más que defender a los “turísticos” de los “antiturísticos” lo que querían los de SGT de Fraga & Co. era controlar las acciones de los primeros: “un capitalismo liberal… busca de una rentabilidad privada a corto plazo… y sin consideración a los perjuicios que el conjunto de las acciones individuales pueden ocasionar a la colectividad”. La Administración turística, Fraga y su gente, era consciente de actuaciones de paupérrima calidad que cabía evitar en lo sucesivo. Además, ya se conocían para entonces (a mitad de la década) casos de despersonalización absoluta de la población original -principalmente en la Costa Brava, que albergó el desarrollo turístico inicial- y, recordemos, Spain is different y había que preservar aquella “diferencia” y originalidad que nos hacía, aún, tan atractivos. El equipo de Fraga estudiaba con profusión los problemas evidenciados en las costas francesas e italianas que había que evitar cometer en las nuestras.

Pero los demás Ministerios (los demás ministros) no estaban por supeditar sus acciones y actuaciones al joven Fraga que no era más que el Ministro de Información… y Turismo. Muchos reclamaron autonomía municipal poniendo como ejemplo a Francia o Italia, justo lo que Fraga quería evitar. Sólo los Ministerios de la Vivienda y Obras Públicas aceptaron “colaborar” con el de Turismo. Y ya con el general de artillería Jorge Vigón (ministro de Obras Públicas) a favor, Fraga lo tuvo algo más fácil y salió adelante una sátira -un esbozo, dijo alguien- de la que hubiera sido una gran Ley de Zonas y Centros de Interés Turístico Nacional (1963). No era una mala ley, pero con tanta mutilación del proyecto original quedó en lo que quedó.

ALONSO VEGA-HERRERA

Alonso Vega vs Herrera Esteban

Controlaban el Ministerio de Información y Turismo. Obras Públicas y Vivienda colaboraban… y cinco ministerios más se dedicaban a ejercer de forma inquisitorial el control del control inicial: Gobernación (Camilo Alonso Vega), Hacienda (Navarro Rubio), Industria (López-Bravo), Comercio (Ullastres) y el Ministro Sin Cartera, el economista catalán Gual Villabí, que era economista y lo del turismo lo tenía justitamente claro. El de Trabajo (Romero Gorría) se quedaba como observador, pero también estaba “in vigilando” a Fraga. Al final, la burocracia coartaba la originalidad inicial. Lo más gracioso de todo es que el Ministerio de Gobernación estaba, al mismo tiempo, preparando una revisión de la Ley de Régimen Local con la que iba a dar mayor control a los Ayuntamientos… y el ministro de la Gobernación, que era el ministro que más trabas ponía a la ley de Fraga, siguió al frente del Ministerio cuando el siguiente Gobierno de Franco. Esto no cambiaba: Agustín Muñoz Grandes como vicepresidente y Alonso Vega en Gobernación. Se mantuvo a Fraga en Información y Turismo, pero bien vigilado.

Otro general -del Aire y Togado, pero general (siempre se ha dicho que eran más liberales… hasta la irrupción de José Julio “el rojo” Rodríguez) que fue Ministro de Turismo en 1975- que estaba muy por el turismo (y era del equipo de Fraga), León Herrera, diría años después de aquella iniciativa de Fraga, en la que él participaba, que fue “una oportunidad frustrada que hubiera contribuido a impedir muchos atentados contra el paisaje y el medio ambiente que continuaron y, en parte, continúan produciéndose[2].

Y el turismo, pese a los políticos, siguió funcionando.

En 1965 los ingresos por turismo habían conseguido compensar el 95% del déficit comercial y aún quedaban reticentes sobre la continuidad del “fenómeno”. Los ingresos netos no dejaban de subir, y aún quedaban personajes que dudaban.

Me cuentan, y leo a Pack, que Fraga tenía obsesión con Yugoslavia. Allí habían eliminado la fiscalidad a los hoteles, y los propuso para la vieja piel de toro… pero aquí no se quería porque con ellos se financiaba “la infraestructura municipal”. Fraga temía el despertar turístico del Adriático yugoslavo.

Sea como fuere, pero no cabe duda que ante las evidencias, el 2º Plan de Desarrollo (1968-71) ya tuvo en cuenta el Turismo; “se mejorarán, en lo posible, los estímulos y beneficios que precisen aquellas industrias turísticas que, por su especial importancia en la balanza de pagos, así lo aconsejen”. Intenciones manifestadas por palabras, pero menos da una piedra.

LEY STRAUSSY contribuyó a mejorar mucho la balanza de pagos iniciativas como la alemana Ley Strauss (1968) que ofrecía ventajas fiscales a los alemanes que invirtieran en países en vías de desarrollo. Y España era uno de ellos. En los años 70 el 40% de las inversiones realizadas en Canarias (incluyendo las estatales) procedían de ciudadanos de la Alemania Occidental. Willi Brandt pasó unas vacaciones en Fuerteventura a comienzos de los 70 y los alemanes se volcaron con Canarias. Alguien dijo que también había estado por el Mascarat… y en una año la abrupta y empinada ladera se pobló de casitas. ¡Bendita ley Strauss!… aunque algún colectivo ecologista estará pidiendo mi cabeza. No hay problema; es de quita y pon.

Benidorm 1964

Benidorm 1964, when it was a small town that began to receive tourism, 1964, Benidorm, Alicante, Spain. (Photo by Gianni Ferrari/Cover/Getty Images).

Inversiones alemanas llegaron a Benidorm pocas; mucho más llegaban los alemanes. Y eso que aquí los TT.OO. británicos copaban la situación. Los gestores locales apostaron por la iniciativa aborigen y al amparo de la nueva Ley de Fraga se recurrió al Crédito Hotelero… que se destinaba a las zonas “no saturadas”. Pack cuenta que “el alcalde de Benidorm se quejaba ante Fraga de que no se había concedido ni una sola solicitud de las que se presentaron en su zona”. Una evidencia más de que a don Pedro le importaba una higa quien mandara, que él iba pidiendo para Benidorm y que… Benidorm siempre se ha hecho a sí misma; no tiene que agradecer nada a nadie[3].

 

 

[1] El verbo heder se conjuga con pinzas en la nariz y aviso al Regimiento de Dafensa NBQ Valencia nº1

[2] En Pack; página 194

[3] Y entiendan “por nadie” a ‘ninguna administración’ y sí a muchas y grandes personas, casi todos del pueblo de Benidorm.

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (VII)

 

Uno de los logros de Fraga al frente del Ministerio de Información y Turismo fue crear la muy necesitada estructura del turismo, desde una Secretaria General de Turismo muy operativa, con Antonio José García Rodríguez-Acosta (uno de los grandes del tema), que fue quien buscó al general togado León Herrera para la Dirección General de Empresas y Actividades Turísticas y a Juan de Arespacochaga para la Dirección General de Promoción Turística. Pero aún siendo buenos estos tres pilares, con la creación del Instituto de Estudios Turísticos (IET) Fraga completa los cimientos del macroedificio del turismo en España.

CARTELERÍA

Demostrar que el Turismo había llegado para quedarse fue una ardua labor que tuvo que solventar Fraga y el IET con los gerifaltes del Régimen. La creencia general era que a los europeos les había dado por viajar al Sur, a España, pero… ¿hasta cuándo? Todos sabían que este país no tenía el monopolio del Sol y de las playas, y a los mismos que les había dado por venir… les podía dar ahora por buscarse otros destinos.

El Banco Mundial alertaba (en 1962) de que varios países, en el Mediterráneo, hacían esfuerzos mayores que el nuestro hacia la competitividad (Yugoslavia, Israel y Grecia, sin ir más lejos) y muchos burócratas del Régimen confiaban lo justito, a pesar del bombardeo de informes y estudios del IET, en el empuje del Turismo a pesar de las evidencias.

Hubo un momento de flaqueza en 1963: Horizon Hollidays empezó a vender viajes a Bulgaria con las mismas premisas que lo había hecho una década antes en España; Bulgaria era diferente, era un país comunista y se podía ir de vacaciones a él. Luego, nosotros mismos -el Régimen- nos pisamos la manguera con la ejecución de Julián Grimau (abril de 1963). Aquello creó una fuerte corriente antiespañola en la opinión pública internacional (especialmente en Suecia)… que no reflejó la afluencia de turistas suecos aquél verano. Pack señala en su libro que “los empleados y obreros que se trasladaban a España para disfrutar de sus vacaciones ocultaban su punto de destino para evitar una represalia de sus compañeros de la L.O.[1]”. Mayor impacto, con mucha menor movilización ciudadana, tuvo el suceso en Noruega y Dinamarca; pero a pesar de las campañas noruega y danesa contra España, los nacionales de esos países siguieron optando por vacacionar en España.

En Italia, por ejemplo, de cara al verano de 1963 hubo mucha movida contra España (manifestaciones y campañas en prensa) pero el movimiento turístico, aunque era escaso, ni se resintió. Il Tempo (14.05.1963) explicaba que “el Turismo es libertad”… la libertad de “aquél que desea ir a ver con sus propios ojos la verdadera situación de un país… Y al llegar aquí, en los destinos turísticos solo contemplaban paz social, seguridad ciudadana y hospitalidad española… que en verano es lo que había; y más en los destinos turísticos. Otra cosa, en más de un sitio, era el resto del año.

El turismo siguió funcionando y el equipo de Fraga pudo demostrar a más de uno que la industria de los forasteros había venido para quedarse… siempre que hiciéramos las cosas medianamente bien.

GLOBAL 1962

 

Una de las obsesiones del nuevo equipo de Turismo fue mantener el concepto de que España resultaba “barata” para las vacaciones. El coste de la vida en una España en boom desarrollista en los años sesenta se disparaba (25%) y alcanzaba al precio de los hoteles (cuya construcción había subido un 34%). La SGT permitía a los hoteles las subidas de tarifas con el mismo tacto (y moderación) con el que intentaba que la prensa extranjera ni señalara las alzas en esos precios y pudiera afectar a la temporada de veraneo/vacaciones; hasta se diseñó (1963) una campaña “España, barata”.

Y la verdad es que el Turismo se estaba convirtiendo en el producto español más competitivo. En 1964 la prensa francesa titulaba por doquier que la batalla del Turismo estaba perdida frente a España por “culpa de los precios”; Italia decía lo mismo respecto al turismo alemán… que prefería España. Tanto Francia como Italia lanzaron campañas (en Italia se llamó “Plan de Emergencia”) para optar por la calidad ya que la batalla del precio estaba perdida. Ambos países aplicaron beneficios fiscales para esa apuesta por la calidad -que los estudios e informes españoles ya advertían de que brillaba por su ausencia, aunque a los turistas parecía no importarles- y también jugaron sucio, especialmente Italia, encargando falsos informes sobre las vacaciones en España que luego publicaban en medio internacionales. Muy pronto se desmontaban estas cuestiones, pero ya habían dado su pellizco.

En 1964 España comenzó a apostar por la consolidación y a olvidar la improvisación. Jorge Vila Fradera, el editor turístico –EDITUR-, gran conocedor de los entresijos del turismo en aquellos años (comenzó como jefe de la Oficina de Turismo de Barcelona en 1953) fue un firme aliado de estas campañas. Si España hacía las cosas bien, coincidió con Fraga, “el snobismo de visitar los países comunistas se pasaría pronto”. Estábamos en 1965 y hubo que esperar al aplastamiento de la Primavera de Praga[2] (1968) para que pasara la moda.

Otro éxito de Fraga y su equipo (García, Herrera y Arespacochga, especialmente el primero) fue crear la Empresa Nacional de Turismo (ENTURSA; 1963) dedicada a la financiación de sistema (gestión y construcción de hoteles). Fraga le vendió la idea a Carrero Blanco, mano derecha de Franco: “desarrollar el peregrinaje del Camino de Santiago” y “actuar en zonas de interés como el Campo de Gibraltar y Ceuta”. Carrero dijo sí, y pan comido: mil millones de presupuesto en su primer año.

ENTURSA pastilla jabón y caja cerillas

Logo de ENTURSA en pastilla de jabón y cerillas

 

El 28 de diciembre de 1963 se aprobó el 1er Plan de Desarrollo (1964-1967) para que entrara en vigor el 1º de enero de 1964. Representó un crecimiento del 6’4% en el PIB español: un éxito. Pero para el turismo solo tuvo palabras y un comité: hubo promesas como la de “aprobar con la máxima prioridad los proyectos que implicaran desarrollo turístico”, pero López Rodó, el supercomisario del Plan, no confiaba nada en el turismo; lo consideraba “una actividad de carácter coyuntural” que “no es la solución adecuada al problema estructural de nuestro comercio exterior”. Y de ahí no pasó.

Menos mal que con el paso de los años López Rodó y otra caterva de mentes económicas sucumbieron ante la realidad del turismo. En 1964, lo comprendo, muchos veían el turismo “como una fuente de ingresos aparentemente fortuita” aunque en el texto del Plan se otorgó un papel al turismo: “impulsará el desarrollo de zonas atrasadas. Particularmente en el Sudeste -(¿?)- y, en regiones escogidas del interior, el turismo permitirá no sólo aumentar el nivel de vida, sino apuntalar la rentabilidad de las economías externas necesarias para el desarrollo”.

Menos mal, digo, que aquello fue en 1963…

 

 

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[1] LandsOrganisationen; Confederación de los Sindicatos Suecos

[2] 5 de enero al 20 de agosto de 1968; las tropas de la URSS -y las del Pacto de Varsovia- invadieron el país el 20 de agosto y acabaron con el proceso de apertura política de Alexander Dubcek, que de presidente, tras la invasión y depuración, terminó de guarda forestal.

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (VI)

 

british passportDivisas: francos, dólares, libras… Necesitábamos divisas para equilibrar nuestra balanza comercial y pagar lo que debíamos, que era mucho. La obsesión por las divisas, por ejemplo, mantenía vigente el requisito de visado. Es que, para el caso británico, 1’7 libras por visado venía a representar en 1957 medio millón de libras seguras para las arcas de un Estado tan necesitado como el nuestro, proveniente de otro estado que también las necesitaba. El patrón internacional era el dólar y la economía británica, aunque salía adelante, lo pasaba lo suficientemente mal.

El Gobierno británico empezó una campaña para evitar el cobro del visado más que para la erradicación del mismo. Gibraltar y el nuevo aeropuerto de Málaga-Costa del Sol se metieron en el tema negociador. Como el de Málaga era un aeropuerto ridículo, los viajeros británicos volaban a la incipiente Costa del Sol vía Gibraltar. En 1958 se decidió la construcción del nuevo aeropuerto de Málaga y las autoridades del Peñón protestaron y exigieron a Londres medidas: se les acababa el chollo (uno de tantos). Londres optó por una política de buenas relaciones y planteó a Madrid bajar los humos a los de la Roca a cambio de la retirada de la obligatoriedad del visado (y de la sangría del medio millón de libras)… y España aceptó con la retirada del visado siempre y cuando no se intentara entrar desde Gibraltar. Londres y Madrid firmaron el acuerdo y como Gibraltar aún no gozaba de autogobierno (1964), se tuvo que callar.

AEROPUERTO MÁLAGA JULIO 1958

Aeropuerto “García Morato”, Málaga; julio de 1958

Los británicos ya no necesitaban visado para entrar en España (1961), pero el contencioso con Gibraltar siguió escalando cimas. En 1964 España dejó de reconocer el pasaporte gibraltareño (pasaportes británicos obtenidos en Gibraltar) y comenzó las restricciones de vehículos. Poco a poco fuimos ganando la batalla del Gibraltar turístico… y Londres optó por seguir con las buenas relaciones con Madrid. Pero lo de Gibraltar es para una saga de libros, y hoy no toca… porque llegó la Reina… y ese es otro cantar.

Para la llegada de turistas británicos a España fue decisivo el cambio de postura de IATA (Asociación de Transporte Aéreo Internacional) en 1956. Hasta entonces, se volcaba a favor de las ‘compañías de bandera’, pero a partir de ese año, por la presión -dicen- de los consumidores, IATA suavizó las restricciones y posibilitó los vuelos ‘chárter’ que en 1958 ya suponían el 30% de los realizados en Europa. Un vuelo IATA operado por BEA para el trayecto Londres-Valencia costaba -en 1957- unos 115 dólares, y un paquete de vacaciones ‘todo incluido’ -en vuelo chárter- estaba en los 125 dólares, lo que, además, equivalía al salario de un obrero británico de un mes.

Málaga, Valencia y Mallorca se convirtieron en los destinos principales de las agencias británicas y escandinavas en sus vuelos chárter. La geografía del desarrollo turístico se orquestó en torno a los centros operadores de vuelos chárter hasta alcanzar la saturación. Llama la atención que Valencia se convirtiera sólo en el punto de entrada de los turistas chárter, pues estos terminaban en la provincia de Alicante -en especial en Benidorm que entonces iniciaba su despunte- mientras que en los otros dos aeropuertos el desarrollo era adyacente al núcleo aeroportuario.

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La otra gran fórmula, el turismo residencial, también se forja en estos años de la década de los cincuenta. Fueron los alemanes los primeros que buscaron “pasar largas temporadas en una atmósfera cómoda pero no lujosa y a un precio moderado” para lo que no buscaban hotel sino un alojamiento unifamiliar, dando impulso a la compra de grandes extensiones de terreno en las inmediaciones de la costa, o con vistas a la costa, para promociones inmobiliarias de chalets (y microchalets) unifamiliares. Las vacaciones con la familia y el no depender de los restaurantes a la hora de las comidas fue el motor de la iniciativa. Mallorca, Tossa de Mar, Tarragona y Alicante fueron los primeros destinos elegidos por los alemanes en la década de los años 50. El 1961 se estima que los alemanes eran titulares de unos tres millones de chalets en España, con lo que España se convirtió en el destino favorito de los alemanes que “colonizaron” la costa con establecimientos muy de su gusto.

Y cuando hablamos de “colonización de la costa”, ahora no vale rasgarse las vestiduras: la iniciaron los alemanes y la siguieron los naturales del lugar. Entonces lo del desarrollo sostenible era absolutamente desconocido. La palabra ‘sostenible’ ni se sostenía en el vocabulario mundial, y el concepto ‘sostenible’ no era ni concepto. No existía ‘conciencia ecológica’ al respecto. Es más, no existía ni ‘conciencia cívica’ sobre la cuestión de la naturaleza. Todo lo más un paisaje bonito que si muchos compartían terminaba por no ser tan bonito.

Además, pesaba que aún en aquellos años finales de la década de los 50 que ni tan siquiera la propia Administración española confiaba a pie juntillas en el Turismo y no estaba aún por su regulación. Algunos gerifaltes del Régimen creían que no iría a más (cortos de vista); a muchos les importaba un bledo (cortos de entendederas). ¿Quieren un ejemplo?: que para sacar adelante el proyecto Paradores el ministro de Información y Turismo tuvo que buscarse los dólares a través de la International Cooperation Administration (ICA), una agencia del Gobierno de los Estados Unidos para asistencia externa no militar que terminó como Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional. Ningún banco de la España imperial se aprestaba a ello y nadie en el Gobierno apostó por ello.

Total, que comenzamos la década de los 60 porfiando en la ayuda internacional porque desde dentro del país muchos aún no veían en el turismo una solución económica y mucho menos una industria como unos pocos intentaban hacer ver.

FRAGA MTRO

Fraga; sobre la mesa, un ejemplar de “El nuevo Maquiavelo” de HG Wells.

Hasta que llegó Fraga (1962). Manuel Fraga Iribarne fue el primero que creyó en la fuerza del turismo y en que los turistas airearían que “la España de Franco no era un estado policial enfrentado a la modernidad”. Fraga y su núcleo, al que sumaron al grupo de convencidos que llevaban años luchando a favor del turismo y aportando datos sobre su viabilidad.

Además de fuente de contra propaganda exterior Fraga explicó al Régimen que el Turismo contribuiría al desarrollo regional y a la movilidad. Nadie mejor que el propio Manuel Fraga para contarlo: “El Turismo en España: balance y perspectiva[1]… o la comunicación de Rafael Vallejo Pousa (“¿Bendición del cielo o plaga? El turismo en la España franquista, 1939-1975, de tan obligada lectura como el libro de Pack.

Menos de un mes después de asumir el cargo, lo primero que hizo Fraga fue realizar “una visita a Benidorm que, de pacífico pueblecito de pescadores mediterráneo había pasado a coinvertirse, durante la década de 1950, en un monumento de asfalto a la cultura turística europea de postguerra”. Era entonces ya el mejor ejemplo de lo que el turismo podía deparar. Y tenía un alcalde apostando por la gestión: Pedro Zaragoza Orts.

 

 

 

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[1] Fraga, Manuel “El Turismo en España: balance y perspectiva”; Mº de Información y Turismo, 1963. Si no es capaz de trasegarse todo el libro, el mismo Fraga hizo una adaptación, con el mismo título –“El Turismo en España: balance y perspectiva”- para la publicación en el nº 1 de Estudios Turísticos; eso sí, 45 páginitas. (pp. 5-50).

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (V)

 

En materia de precios hoteleros (y otras cuestiones del Turismo), 1957 marca la inflexión administrativa. Tal vez la iniciativa más notoria cabría adjudicársela, en importancia, a la Ley del Suelo (1956) pero el corpus legislativo más impactante -y centrado en la materia- se inicia en 1957 con una Orden Ministerial (14.06.1957) que reglamenta la industria hotelera de arriba abajo, en especial los precios de la hotelería.

Holidays-by-air-1954El profesor Carmelo Pellejero es tajante en su análisis (que Pack recoge): “Las normas se habían diseñado -1939- con el objetivo de atraer turistas a toda costa, pero no para hacer que el propio sector turístico prosperase”. De ahí la importancia de las medidas administrativas de 1957. Corregida la cuestión precios, no se estuvo ni diligente ni previsor en la cuestión del litoral, pero esa es harina de otro costal.

En un principio se prensó que todo el monte era orégano[1] y la costa, que por entonces estaba como virgen, se convirtió en el objetivo de todos. La Costa Brava se entendió como una prolongación de la Costa Azul francesa y, además, se buscó una alternativa bien al sur que resultó ser el entorno malacitano que tanto esfuerzo promotor -sin éxito- había recibido desde los años 20 para captar el turismo de Tánger y de Gibraltar. Ahora se proponía a Europa descubrir “el asombroso contraste del paisaje con la montaña abrupta por un lado, y el llano casi tropical por otro, y el pintoresco humano”. Todo esto estaba muy bien pero hasta que la moda del bronceado no irrumpió en España, la Costa del Sol (y las demás soleadas del Mediterráneo) solo rascaban la bola justa para no desaparecer.

La moda del bronceado[2] fue determinante: el norte perdió su atractivo. Ahora se buscaba “el seguro de Sol[3]. Y con sol ‘asegurado’ y el bronceado por medio, los centímetros cuadrados de ropa iban recortándose hasta el extremo de ‘afectar’ a la moral pública, con lo que proliferaron en los años 50 las directrices de la Dirección General de Seguridad (para que los gobernadores civiles las aplicaran) sobre la materia. Evitar “extralimitaciones que con motivo de los baños… pueden menoscabar el decoro público”. Entro en nuestras vidas, y en las de los turistas, el albornoz playero. El Reglamento de los Trajes de Baño en España espantaba a muchos turistas, especialmente británicos. Pero resultó mucho más el ruido que las nueces y hay más literatura fantástica sobre el tema que expedientes incoados.

1er CITNEsto del Turismo en España ya era imparable a mediados de los años cincuenta. De tal modo, se preparó en 1957 el borrador de la Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional (CyZINT) que, aunque extrañamente muy bien defendida por el ministro Arias Salgado, no pasó de ser un borrador hasta la definitiva de 1963, habiendo perdido una oportunidad de oro de regular el sector seis años antes. A pesar de las abrumadoras evidencias a favor del Turismo, muchos jerarcas del Régimen no veían aún en él la industria de los forasteros que mentes más despiertas habían visto medio siglo antes y muchos seguían viendo entonces. El que Santiago de Compostela funcionase como centro de peregrinación y la Alhambra de Granada tuviese reconocimiento junto a Toledo y algunas joyas arquitectónicas del centro peninsular tapaba el éxito de las playas y posibilitaba que no se pusieran cortapisas al turismo. Es más, en 1957 España firmó su incorporación al Tratado Internacional de Circulación de Vehículos a Motor a pesar de que hasta entonces habían estado circulando, de siempre, vehículos “extranjeros” por las carreteras españolas, pero aquello nos situó en el mapa internacional de los desplazamientos. ‘Oficialmente’, no podían circular; pero nadie reparaba en ello. Sí, en el Reino Unido se utilizaba la British Visitor Card (que se conseguía gratis en las agencias de viajes) pero en España no había indicativo de tipo alguno, por dejadez, como en el resto de la Europa Occidental continental (por regulación).

Y, a todo esto, lo que más pesó en el auge del turismo es que ya en 1953 su cuenta de resultados se acercaba a pasos agigantados a nuestras principales fuentes de ingreso de divisas: la minería y la agricultura de exportación. Estaban ya casi a la par y, querámoslo o no, “la pela, es la pela”. Interesaba a todos que el turismo funcionase bien: los países emisores permitían salidas de divisas que España luego invertía en comprarles productos. El negocio funcionaba en las dos direcciones.

ULLASTRES-NAVARRO RUBIO

Los artífices del Plan de 1959: Ullastres y Navarro Rubio

Pero el momento clave del turismo español llegará con la entrada en vigor del Plan Nacional de Estabilización Económica (1959) que (al devaluar la peseta) dio aún más valor a la moneda que traían los turistas. El mismo 1959, la medida reflejó un aumento de un 15% en turistas, llegando a un 57% en 1960… lo que se traducía en un mayor ingreso de divisas.

Pero la cuestión de las divisas se ponía cada vez peor por la existencia de un mercado negro y la falta de competitividad de nuestra agricultura y minería una vez en marcha el Mercado Común Europeo donde Argelia (entonces Francia) nos hacía la puñeta en cítricos y hortalizas, nuestra minería entraba en choque con la de los seis países ahora consorciados y en Turismo competíamos con Italia y Francia. Necesitábamos un estímulo superior y más divisas. Un Despacho de la Embajada en Bonn a la Dirección General de Política Económica alertaba -el 20 de marzo de 1957- que en Alemania era posible cambiar marcos a pesetas a un cambio de 11’50 pesetas, mientras que en España lo haría a 9’26 pesetas. La mayoría de los alemanes llegaban ya con las pesetas cambiadas. Cuando las autoridades alemanas fueron conscientes de que esa práctica perjudicaba la posición de España para pagar sus compras en Alemania, actuaron para evitar estas prácticas, pero ya en 1960.

Lo mismo ocurrió en los demás países emisores, aunque con distintos mecanismos. Con los EEUU se trabajó en los acuerdos bilaterales; con Gran Bretaña, en acuerdos comerciales supervisados por el Banco de Inglaterra (pero ineficaces porque trabajaban en dólares, preferentemente, con lo que salían aún más beneficiados); y con Francia, nuestro principal cliente, hubo un largo tira y afloja que coincidió con devaluaciones de moneda de ambos países y un acuerdo de reciprocidad. La Grandeur impulsó a Francia a exigir las mismas medidas que a los norteamericanos… y aceptamos.

Con la perspectiva del tiempo se observa con nitidez, como dice Pack, que el turismo  para España “fue una de las causas de la reorientación económica, más que uno de sus efectos secundarios”. Desde 1954, Forns y otros economistas ya cuantificaban los efectos del turismo: captación de divisas y fórmula de propaganda de las bondades del Régimen.

Se cuenta que Mariano Navarro Rubio, ministro de Hacienda, le envió una súplica a Franco: “estamos a dos pasos de la quiebra”. Y Franco aceptó la devaluación y todo el Plan Nacional que se orquestó dentro de una gran ola general de liberalización económica de la Europa Occidental… y todos los países aumentaron el límite de dinero que sus nacionales podían sacar del país para irse de vacaciones.

 

 

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[1] Orégano (Origanum vulgare), etimológicamente “planta que alegra el monte”; es que la plató Afrodita.

[2] El bronceado la pone lo pone de modo Cocó Chanel a medidos de los años 20. Regreso de un crucerito por el Mediterráneo un poco tostada por el sol y todas la quisieron imitar, pero en realidad buscan imitar a la “diosa criolla” Josephine Baker, “la mujer de la piel caramelo”, la “Venus negra”. Pero hasta que el perfumista francés Jean Patou no lanza el aceite bronceador (1927) no se pone en marcha la moda del bronceado que a España llega a finales de la década.

[3] Luego se popularizó en una canción de Los Mismos (1968). “El hombre del tiempo” y se centró en Tenerife.

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (IV)

 

Lo dejamos ayer sobre la mesa: “el nuevo turismo socialista” británico.

SKY TOURS 66Así le definía el consejero económico y comercial de la Embajada española en Londres porque se trataba de “viajeros de gastos limitados a cifras tan modestas” (hasta 50 libras, recordemos) según una norma del gobierno laborista (socialista) británico. Para los expertos, era (y es), sencilla y llanamente, “turismo fordista”. Se llamara como se llamara, Jaime Alba y Delibes alertó de la emergente tendencia en 1949 y del papel que podía jugar España en ello.

Para atender la demanda, Alba y otros economistas señalaron que, España necesitaba urgentemente “hoteles modestos repletos de comodidades”. De inmediato, desde ese mismo 1949, aquí nos pusimos manos a la obra: infraestructuras de transportes y de alojamiento y restauración en condiciones. El Sindicato Hotelero, mano derecha de la DGT, se ocupó de la formación del personal y de recordar a los camareros “su importante misión para el país”. Pero no daba abasto. Varias firmas británicas comenzaron a operar libremente y se abrían más instalaciones que personal cualificado salía de los dos centros existentes.

El turismo de playa salió reforzado; las agencias españolas preferían los itinerarios por la monumentalidad de las ciudades, y las británicas apostaron, siguiendo la tendencia Fielding, por el ocio y la diversión; por la playa a fin de cuentas.

En la década de los años 50 Mallorca y la Costa Brava capitanearon la iniciativa hotelera: “las empresas turísticas británicas establecieron relaciones directas con hoteles catalanes y mallorquines”. Necesitaban una celeridad que la burocracia española ralentizaba.

W RAITS

Wladimir Raitz

Uno de los pioneros fue, en 1950, Wladimir Raitz (de familia de rusos blancos emigrados en 1928 al Reino Unido). Fundó Horizon Hollidays y empezó a vender vacaciones a Córcega y, al poco, a la soleada España por menos de 40 libras. Algunos precios aún se ponían en guineas. Sky Tours, Thomas Cook o Henry Dunn se movilizaron, espoleados por Raitz, contratando vacaciones con hoteles modestos y, sobre todos, “facilitando préstamos a emprendedores españoles que querían construir, a cambio de que se les garantizaran las reservas de habitaciones durante toda la temporada a precios fijos”. Este fue el modelo operativo estándar.

Así, entre 1945 y 1951 se construyeron en España 168 hoteles; el 75% (124 hoteles) se materializó con la fórmula de financiación reseñada: dinero inglés que era muy bien acogido porque eran divisas. A nadie le importaba que fuera para “el nuevo turismo socialista”. El Crédito Hotelero se aplicó a un total de 44 instalaciones en ese periodo.

Una vez disponible el alojamiento, se requería el desplazamiento. Ante la demanda de vuelos a España, BEA (British European Airways) se metió en el negocio con nuevas líneas y pronto sumó conexiones a Valencia (para la Costa Blanca) y Málaga (para la Costa del Sol).

En plena vorágines del turismo, en julio de 1951, contra pronóstico (dicen los politólogos), se creó el Ministerio de Información y Turismo. El turismo alcanzaba rango ministerial. Pack (y otros muchos) dicen que al primer titular del nuevo departamento, Gabriel Arias-Salgado, “le avergonzaba la segunda parte del nombre de su cargo”: lo del turismo. Es más, dicen los estudiosos que con tal nombre -Ministerio de Información y Turismo- sólo pretendía el Régimen suavizar el nombre de un ministerio censor; un contrapeso a la censura en prensa, radio, teatro, etc.

Sea como fuere, el caso es que ya en 1951 el turismo era protagonista en España; era un fenómeno social y económico. Luis Bolín, dejó entonces la DGT (Dirección General de Turismo; que ejercía desde 1938) y le tomó el relevo Mariano de Urzáiz, Conde del Puerto, quien se propuso internacionalizar España y para ello apostó por el Año Santo Jacobeo de 1954. Complacía el ideal católico del Régimen y se abría internacionalmente España. Jugada maestra pues resultó ser el primer evento de dimensión internacional que protagonizaba España en aquellos días de ostracismo y, además, inauguró la etapa de máximo interés por la ruta compostelana -por el Camino- que desde entonces nos ha situado en plano mundial.

Ya para entonces, primeros años 50, España realizaba estudios sobre viabilidad económica del turismo. Los economistas Forns (1952) y Prieto (1954) comenzaban a ser tenidos en cuenta porque no sólo advertían de las posibilidades de mitigar el crónico déficit comercial de España, sino porque el tiempo les daba la razón. Ya con esta base, especialmente con el dictamen de Forns, el Ministerio encargó el primer estudio sobre la realidad socioeconómica del turismo en España que desembocó en el Plan Nacional de Turismo (ley 17.07.1952); un plan que encontró inmediato eco en varias publicaciones internacionales del momento por su idoneidad manifestada en las ideas de “sol, playas y fiestas populares”, lo que más llamaban la atención porque estas cuestiones eran tildadas de “exóticas”.

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Vacaciones, 1965

Pero esas características de exotismo ya habían comenzado a utilizarse en materia de promoción, como hemos visto en Post anteriores, desde mediados de los años 20. El concepto “diferente” se plasmó en papel en 1948 y se popularizó en 1957. Y mientras el slogan se proponía, se acometían planes de adecuación de la red viaria para atender a las demandas del país y concretar los flujos de turistas. El Plan de 1950 atendía a las conexiones con los incipientes núcleos turísticos “radicados en la Costa Brava, en Mallorca y en el litoral granadino” (¿?). El nuevo sector pedía mejorar las infraestructuras de las Rutas de Interés Turístico pero el Ministerio, demostrando mayor visión, optó por atender el cordón litoral a pesar de que en 1953 ya no disponía de presupuesto.

El caso es que España se vendía sola pero no teníamos aún, en 1952, la capacidad de distribuir los flujos por unas carreteras medianamente decentes y muchos menos la capacidad alojativa, que se montaba con excesiva celeridad y dejando mucho a la improvisación. Además estaba la cuestión de los precios. Las tarifas se habían fijado en 1948 y para 1952 el IPC se había disparado un 83% con lo que los hoteleros añadían extras por doquier u omitían servicios para poder compensar su cuenta de resultados.

Así no íbamos bien.

 

 

 

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (III)

 

Bueno, tropezábamos con la libra, el franco, el escudo y todas las monedas posibles… y con la moralidad.

La preocupación por el decoro iba aumentando a la par que el número de turistas. Y les hablo de 1950. Le leo a Pack que un editorial de ABC -de 1950- pedía a los turistas que “no se dejaran seducir por el clima” y “vistieran al estilo de la ciudad”. Una recomendación a las féminas: “evita lo atrevido”. Y otra a los caballeros: “la belleza de España bien vale el nudo de una corbata”. ¡Olé!

PORTADAS

Las dos portadas del libro: la edición norteamericana y la española

Pero volvamos a las divisas. Se necesitaban a más no poder.

En junio de 1947 se fijó el “cambio preferente para turistas”: 1 dólar = 16’4 ptas. Pero desde 1941 se había establecido que para entrar en el país los turistas debían acreditar en frontera “un mínimo de 200 pesetas por día de estancia” y el cambio se hacía en la misma frontera. Esto retraía a los pocos turistas que se atrevían, con lo que en 1948 se rebajó el requisito a 100 pesetas por día de estancia y las cifras de turistas se multiplicaron. Si en 1948 entraron por Port Bou 37.333 turistas, al año siguiente, con la medida ya conocida, 89.703 turistas.

Con Francia, nuestro principal mercado entonces, las cosas comenzaron a ir bien una vez que ellos mismos levantaron la barrera de la frontera (1948). Con Inglaterra, nuestro principal mercado hoy, la cosa fue distinta.

En octubre de 1947 el Reino Unido lo estaba pasando económicamente muy mal; tanto que “prohibió a sus ciudadanos viajar por placer al extranjero”; pretendían evitar la salida de libras esterlinas, no de personas. Pero el gobierno laborista de Clement Attlee se la tuvo que envainar ante la presión popular y en 1948 permitió salidas, aunque limitó la cantidad de libras disponibles: máximo 50.

Y eso nos vino bien. Con esa cantidad, Francia quedaba lejos de las posibilidades de la mayoría de los británicos: era cara. Pero la barata España, no. Es más, Thomas Cook, aunque había sido nacionalizada, poseía múltiples inversiones en la península realizadas en los años veinte. Pero el Premier Atllee no estaba por la labor de entregar libras a un gobierno como el de Franco. Muchos votantes laboristas habían estado combatiendo en las Brigadas Internacionales y el mismo Attlee era el autor del memorándum (04.11.1944) que “reflejaba la amargura del laborismo por el fracaso de su apoyo a la República durante la Guerra Civil” (El País, 23.10.2005). Consiguió que las agencias de viajes británicas sólo pusiera a España al final de la lista de destinos posibles, pero fue un destino demandado, con lo que al final terminaron -coincidiendo con una negociación comercial- pidiendo a las autoridades españolas “que no se obligue a gastar en pesetas más que lo razonablemente necesiten”.

La respuesta del Régimen fue inmediata. Moderó el tipo de cambio y para diciembre de 1948 fijó un nuevo tipo de cambio: 25 pesetas por dólar y 100 pesetas por libra, beneficiando a los británicos. Y en mayo de 1949 eliminó el requisito de “cantidad mínima diaria” y relajó los controles aduaneros. Y fue a más: en mayo de 1950 permitió la negociación directa en el cambio de divisas, sin pasar por la agencia oficial española IEME (Instituto Español de Moneda Extranjera). Y aún más: se creó ATESA -el INI se metía en el negocio turístico- (Autotransporte Turístico Español, SA) que ofrecía tanto servicios por carretera en autobús como alquiler de vehículos d toda gama. Se puso España en bandeja, especialmente, a la libra inglesa y al dólar. Y eso que los franceses eran nuestros principales clientes.

Pero los más atractivos, los americanos. Los turistas americanos resultaban, además, los más lucrativos; no tenían límites establecidos y venían derrochando dólares. Y a partir de 1950, incluso los alemanes occidentales. Estos, hasta 1958, oficialmente sólo podían ir de vacaciones a los países de la OCDE, de la que España no fue miembro hasta 1958, pero muchos terminaban en España, señalando que su viaje se realizaba a Francia. En 1952 las agencias de viajes teutonas contactaban directamente con los establecimientos en España y realizaban las transacciones. El embajador español en Bonn instó al gobierno alemán a facilitar el turismo alemán (y de paso a ver si entrábamos en la OCDE) y como una serie de acuerdos bilaterales estaban a punto de ser negociados, se propuso el del Turismo que… no se incluyó ni en los acuerdos de1952, ni en los de 1953 -cuando se abolió el requisito del visado en media Europa; aunque en España se exigía “el tríptico”[1], como en Francia, entre 1952 y 1962-, ni en los de 1955… pero finalmente sí en los acuerdos de 1957.

Pese a todo, los alemanes seguían llegando; como ingleses, franceses y suizos. El RACE, el Real Automóvil Club de España, con sus homónimos extranjeros, orquestó iniciativas que posibilitaron las llegadas en vehículos de asociaciones similares de Francia, Suiza y el Reino Unido con múltiples pretextos. Y el Régimen apoyó al RACE.

Hablando de visados: los norteamericanos no necesitaban visados. En 1947 se había reabierto la oficina de Nueva York y en 1950 ya operaban las oficinas de Chicago y San Francisco. Un personaje clave en el idilio turístico USA-Spain fue Temple H. Fielding, el propietario, autor y editor de Guias Fielding. Fielding había pertenecido a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), departamento de Operaciones, del Ejército de los EEUU durante la IIGM, y se encaprichó de Europa. Al terminar la guerra se licenció y comenzó a publicar sobre Europa. Fielding se enamoró de España, país del que se deshizo en elogios turísticos (y anticomunistas). A finales de 1951 se estableció en Formentor, Mallorca, donde radicó la sede de su empresa. Durante tres décadas las guías Fielding marcaron las visitas de los norteamericanos por Europa y por España. Terminó sus días en Pollensa, donde tiene calle con su nombre.

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Guía Fielding LOW COST DE 1977 y portada de Time dedicada al “Superturista”

El jefe de Fielding en la OSS pasó a dirigir TWA (Trans World America) tras la contienda y Fielding lo convenció de realizar más viajes a España. En 1951 TWA y Pann American consideraban a España destino preferente “low cost” -luego el término no es de ahora- y de “atractivos vírgenes” (que no es lo mismo que de atractivas vírgenes).

Pero aquí siempre ha interesado más, por inmediatez, el turismo continental. Mañana, si eso, les hablo del “turismo socialista”; del “nuevo turismo socialista” como empezó a llamarse a partir de 1951 en los círculos del Régimen el potencial turístico de Gran Bretaña.

 

 

 

 

 

 

[1] Documento que había que presentar a la entrada y a la salida donde se hacía constar la carencia de antecedentes policiales, que los propósitos del viaje eran legítimos y que las reservas hoteleras estaban realizadas.

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (II)

 

HERRERO ANGUITA 1926Lo de escribir tratados sobre un tema -Turismo en esta caso- es muy nuestro. En la anterior entrega lo dejamos con el tratado de Bermúdez Cañete, y esta entrega la comenzamos con el tratado de José Herrero Anguita: “Estudio del Turismo y Proyecto para su desarrollo en España mediante la creación de un Consejo Nacional y la constitución de la Compañía Iberoamericana de Turismo”. El ‘escueto’ título encerraba una buena explicación sobre el cómo forjar una industria turística regulada por las instituciones en España. Y eso desembocó en la creación del Patronato Nacional de Turismo que sustituiría, desde 1928, a la Comisión Regia, dependiendo directamente de la Presidencia de Gobierno.

Por entonces era fácil escribir y publicar. Y aunque no lo crean, ya en 1926 el turismo debía significar algo porque el cardenal Gomá y Tomás, don Isidro, publicó un librito[1] donde denunció la perversión “de las diosas carnales” que venían a ser las “touristas” con sus atuendos. Se reeditó varias veces. Y le leo a Pack que “el traje de baño hasta la rodilla identificaba la virtud española”. Vamos, que poco más enseñarías aquellas otras “diosas carnales”, pero el hambre era el hambre, ya que hablamos de carne.

PN GREDOS 1928-2015

Dejo la carne y vuelvo al tema. El Patronato Nacional de Turismo desarrolló la Red de Paradores de Turismo y Albergues de Carretera, que se inició con el Parador de Gredos (1928). El PNT creó el Libro de Reclamaciones, propició la primera Guía de Hoteles de España y se aseguró de que con sus propuestas todas las casonas, palacios y castillos (como el de Sigüenza) de renombre e interés no terminaran en ruinas.

Cuando llegó la II República (1930)… cerró el patronato (por nido de nobles). Hasta entonces había puesto marcha 15 paradores.

Al PNT cabe achacarle incluso la creación de una línea de ayudas para construir hoteles (calcada de la imperante en la Costa Azul francesa) que se centró en Sevilla (Exposición Iberoamericana; 1929) y Barcelona (Exposición Internacional; 1929) y que fue el antecedente del Crédito Hotelero (marzo de 1942). El PNT abrió oficinas en las principales capitales europeas, en Buenos Aires, en Nueva York y en ¡Gibraltar!

Como dije, el Gobierno de la República dio el carpetazo al PNT y creó la Dirección General de Turismo (DGT; 1930), dependiente del Ministerio del Interior, dejando al PNT la gestión de la Red de Paradores. La DGT potenció las iniciativas locales y buscó -y consiguió- una plaza en el Comité de Turismo de la Liga de las Naciones con medidas tales como la eliminación de la necesidad de visado para turistas de 11 países de Europa, Japón y Cuba; otro hecho sin precedentes.

WORKERS TRAVEL ASSSe estima, cuenta Pack -pues no hay cifras oficiales-, que entre 1930 y 1935 nos visitaron unos 200.000 turistas internacionales/año con un impacto de tan solo el 0’1% en el PIB. Menos da una piedra; ¡cierto! La procedencia de aquellos turistas internacionales era principalmente Francia (48%), Portugal (20%) y Reino Unido (10%). El 22% restante respondía a múltiples nacionalidades de entre las que reseñaremos unos 3.500 norteamericanos cada año. Los destinos: San Sebastián, Santander, S’Agaró, Tossa de Mar, Málaga, Cádiz, Mallorca y Alicante. Mallorca llama la atención porque bien pronto se especializó en británicos de la clase trabajadora a través de la Workers Travel Association (WTA). Esta iniciativa de organizaciones populares y turismo la explica muy bien Susan Barton.

Y llegó el verano de 1936 y estalló la guerra: todo al traste.

Pero en la “zona nacional” siguió el turismo. En junio de 1938 se pusieron en marcha viajes turísticos (ya lo he contado en varios posts) para que se pudiera “observar la tranquilidad y el orden de la regiones recién conquistadas”. De esto se encargó el Servicio Nacional de Turismo, dirigido por Luís Antonio Botín que ya había organizado “el viaje” de Franco en el Dragon Rapide. Ideó Botín cuatro Rutas de Guerras de las que desarrolló dos (la del Norte y la de Andalucía) que bien explica un buen trabajo de Elena Concejal.

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RUTAS DE GUERRA 1

El pie de foto de Pack dice. Rutas de Guerra al frente de combate. Quizás sea el único ejemplo en la Historia en que un gobierno ha organizado excursiones comerciales guiadas a una zona en guerra activa.

Y la guerra terminó (1939).

Ahora, la falta de medios de transporte y la escasez de alojamientos iban a poner en problemas la “recuperación turística” de España que alguno vaticinaba. Pero estalló la guerra en Europa: de nuevo, todo al traste.

Los “rebeldes” se habían estado preparando desde 1938: clasificación de hoteles bajo parámetros de calidad y servicios, control oficial de precios y normativas varias. A Pack le llama la atención una recomendación oficial: “los espejeos tendrán que colgarse, en atención a los visitantes extranjeros, a una altura conveniente para que la utilicen personas de diversas estaturas”. La limpieza y la comida fueron una obsesión normativa, especialmente el comer: se pide “evitar los guisos regionales con sus condimentos excesivamente fuertes y desconocidos fuera de España”. Recomendaban “paella, cocido madrileño, tortilla a la española y pescadito frito”. Hubo turistas y turismo durante la IIGM, especialmente “de carácter académico”.

En 1940, durante la IIGM, se aprobó el Plan Decenal de Resurgimiento Nacional, volcado en el turismo y diseñado por el arquitecto Pedro Muguruza, que atendió preferentemente a la recuperación de la infraestructura hotelera. Una España devastada y casi en bancarrota, en una Europa en guerra, se atreve a planificar el futuro turístico. Se inauguró la Escuela Profesional Hotelera (Madrid, 1942), de donde salieron los primeros directores de hotel, y se reguló la actividad de las Agencias de Viajes.

FRONTERA FRACESA - ORTIZ ABC - 10.03.1948jpg

ABC. Irún. 10.02.1948; Francia reabre la frontera.

Acabada la IIGM (1945) y una vez que Francia cerró unilateralmente la frontera (04.03.1946), aislados de Europa, el Servicio Nacional de Turismo, en la España del racionamiento, se puso a orquestar iniciativas pro turismo. Francia reabrió la frontera (10.02.1948) y rápidamente salieron los agentes turísticos a vender España y ante el desconcierto internacional relajábamos las restricciones de viaje.

Pero ni turistas (que no estaban los tiempos para turismo) ni dólares de Plan Marshall. Y una vez comprobado que no vendría ni un dólar del plan norteamericano, los ministros de Comercio y Exteriores (Juan Antonio Suances y Alberto Martín Artajo) apuestan por el turismo: España es “el baluarte defensor de los valores cristianos y occidentales”. La premisa no convenció, pero las cuestiones del “clima, precios y atractivo” -que también se esgrimían- hicieron el resto. Algunos agentes de viajes europeos, especialmente británicos, vieron las posibilidades y comenzaron a proponer España en sus proyectos.

Y tropezamos con la libra, el franco y hasta con el escudo.

 

 

 

[1] Las modas y el lujo ante la ley cristiana, la sociedad y el arte. Ed. Rafael Casuellas; Barcelona, 1926

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (I)

 

Por aquí me ando, disfrutando como un enano con el libro de Sasha D. Pack sobre el turismo en España. La primera foto de Benidorm (de momento) en la página 20; es de 1967.

Hasta el momento, no me descubre nada nuevo; pero me enseña otros aspectos, o me confirma cuestiones como que España fue el primer país en tener un organismo específico para el turismo: en 1905, “cinco años antes de que aparecieran en Francia y Austria, país que probablemente recibían entonces diez veces más turistas que España”, o que “el turismo fue una forma de ligarnos a la Europa democrática”. Y cita a Amando de Miguel (1971): “España, con turistas, empezó a ser menos diferente”. Coincido con él en que es mucho decir que “sin turismo, la transición democrática no hubiera tenido lugar”, porque el fruto lo pedía ya la planta.

Cuenta que lo del “turismo” es antiguo. Lo que no sabía es que en 1571 se había prohibido la entrada en España a los ingleses; y a los demás se les ponía condiciones… y tampoco venían. Es que en cuanto tuviera la piel clara… terminaban catalogados de luteranos, como mínimo. En Italia la restricción a los protestantes se les retiró en 1630… pero continuó en España. Y esto, nos retrasó. Luego, cuando en el XVIII los viajes “se popularizan”, nos quedamos fuera de “los circuitos internacionales”. Y los pocos que se atreven son víctimas de los bandoleros, señalando siempre “la inclinación española al delito” al tiempo que calificaban de “venenosamente mala” nuestra cocina.

Con Carlos III comienza el cambio. El ministro Campomanes se ocupa de que “nacionales y extranjeros puedan viajar de sitio a sitio sin las dificultades [que han venido encontrando] hasta ahora”. Floridablanca y Jovellanos potencian comunicaciones y alojamientos… aunque Richard Ford, el gran viajero e irredento prohispanista califica los alojamientos patrios en 3 categorías: “malos, peores y atroces”. Y aún así, seguían viniendo. Théophile Gautier, otro hispanista de pro, señala que “el viaje a España es tan arriesgado como una expedición al interior de África”.

El periodo entre 1808 -inicio de la Guerra contra el francés- y 1839 -final de la I Guerra Carlista- dinamitó todo el esfuerzo previo, pero a partir de entonces, la nobleza importó la moda del “veraneo” francés a la cornisa cantábrica destacando San Sebastián a partir de la línea férrea Madrid-París. Hay ambiente para el turismo, pero falla todo lo demás. Ramón de Mesonero Romanos, romántico de espíritu ilustrado, que recorrió Europa durante la Regencia de María Cristina de Borbón (minoría de edad de Isabel II), al regresar (1840), nos lee la cartilla; y Pack lo cuenta: necesitamos la “mejora de nuestros caminos y de la seguridad personal… de buenas fondas y paradores, de tolerancia y de buenos modales de los paisanos para hacer accesible España a los ‘touristas’”. Touristas, que los llama.

Pese a estar como estábamos, en 1870 España será el primer país en organizar su promoción como destino turístico internacional y en crear las primeras agrupaciones de empresarios turísticos y sociedades locales de promoción. En 1872, La Concha se convierte en el centro playero más importante del país y comienzan a brillar Sitges, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, Málaga y Alicante. Tras los primeros éxitos, Barcelona se lanza (1882) a la conquista de turistas de la Costa Azul francesa, “abarrotada”, gracias al enlace ferroviario con la frontera, y Málaga (1897) crea el primer gran organismo, la Sociedad Propagandística del Clima y Embellecimiento, en cooperación con el consulado británico que se implica en el proyecto. Y así, comenzamos a aparecer en las primeras guías de nivel, como la Baedeker -o la de Thomas Cook-, aunque nos consideren “un destino para clientes aventureros en busca de lo exótico e inexplorado”.

Y no sé qué pensar, porque veníamos del “desastre del 98” y no creo yo que el país estuviera más que para el pesimismo. Ahora bien, también reconozco, como dice Pack, que “la supervivencia de España como nación se tenía que apoyar en la modernización económica y social”. Y apostaron por el turismo: Comisión Nacional para fomentar las excursiones artísticas y de recreo al público extranjero (1905). Una vez más, por primera vez en Europa, un Estado apuesta por el turismo, sentencia el norteamericano.

AMENGUAL LIBRO 1903La industria de los forasteros” tuvo mucho que ver en ello. El librito (1903) lo publicó, con prólogo de Joan Alcover (el poeta autor de La Balanguera, el himno mallorquín), el periodista, abogado y economista catalán Bartolomé Amengual Andreu. En Palma se construyó el Grand Hotel (1901) y se vio que por sí solo no era capaz de atraer a una clientela adinerada (que es lo que buscaba su promotor, Joan Palmer Miralles). El modelo de rentabilidad lo estaba ofreciendo el periodista Miguel de los Santos Oliver, con sus artículos en La Almudaina, bajo la sección “Desde la terraza”. Y bien que oteaba. Las ideas de Oliver las aplicó Palmer en su hotel y Amengual en su librito donde se explica cómo hacer rentable “la industria de los forasteros” y hasta propuso la constitución de una sociedad de promoción, Pro Maiorca, que desembocó (1905) en la Sociedad de Fomento del Turismo de Mallorca. Amengual creó también la Societat d’Atracció de Forasters de Barcelona (1907) con idénticos objetivos. Estas dos iniciativas, y la posición de San Sebastián y Santander, colocaron ya a España en el Mapa de los Grandes Turistas (británicos, franceses y norteamericanos).

A partir de ahí, dos marqueses impulsaron tanto la recuperación de monumentos (para visitas, marqués De la Vega Inclán) como la creación del “Circuito español para turistas extranjeros”, promovido por Salvador Samá i Torrents, por dos veces alcalde de Barcelona y 2º marqués de Marianao. Benigno de la Vega-Inclán fue, al poco, el primer director de la Comisión Regia de Turismo (1911) y organizó las exposiciones Sunny Spain, en Londres y Nueva York, en 1914… pero estalló la IGM y nuestros turistas en vez de venir al sol de España… se nos fueron a la guerra.

SUNNY SPAIN 1914

Con Primo de Rivera siguió la organización y promoción de nuestra incipiente capacidad turística pero las guías, señala Pack, seguían insistiendo en que “falta higiene y sobra suciedad en las ciudades”. Claro, no había descubierto las playas.

el peregrino y el turista 1926Aquí llegados, merece la pena destacar el esfuerzo de una publicación de 1926: “El peregrino y el turista”, una revista quincenal ilustrada que “mezclaba ligeras sátiras sobre el primitivo estado del sector con ardientes propuestas de mejora”. Don Aniceto, “arquetipo del español entusiasta” era el protagonista, al tiempo que los mensajes de Antonio Bermúdez Cañete sentaban cátedra turística. Bermúdez viajó por Europa y tomó buena nota de lo acertado y nefasto del turismo, y lo plasmaba. Fue profesor de la Universidad de Munich (1921-26), de donde fue expulsado por los nazis (y eso que tradujo el Mein Kampf al español), y terminó muy malamente sus días en la checa del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1936). Pero desde 1926 había abogado por “hacer sistemáticamente -del turismo- una fuente de ingresos considerable que traiga a nuestra patria la riqueza que nuestro -trágicamente desfavorable- comercio exterior cotidianamente se nos lleva”. Criticaba, desde “El peregrino y el turista” que la Comisión Regia de Turismo fuera “esencialmente un organismo artístico… en lugar de una empresa predominantemente comercial”.

Esto ha cambiado poco. Ya les contaré más.

 

 

 

 

 

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